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4146 Palabras
Amelie. Beso los labios de Blake con pasión e intensidad y él se aferra a mi espalda desnuda para ir bajando sus manos hasta llegar a mi trasero, el cual aprieta y me obliga llevar mi cuerpo desnudo hacia su pecho. —No te haces una idea de lo que extrañaré estos momentos contigo —musita para luego comenzar a trazar besos por mi cuello. —Por esa razón decidiste dormir aquí ayer —él ríe con mi comentario—, aunque dormir no dormimos demasiado —muerde la piel de mi hombro y yo jadeo. —¿No quieres ser tú la señora de Turner? —analiza mi mirada y yo entreabro mis labios, pero no respondo nada—. Era broma, pequeña —deja un suave beso en mis labios. —¿A qué hora debes irte? —coloco mis manos alrededor de su cuello y, con una de ellas, trazo círculos sobre su espalda con mi dedo índice. —A las 12 —siento su mano posarse en la mitad de mi espalda—. Siento que te veré en la ceremonia y no podré quitarte los ojos de encima —en ese momento pienso en el vestido rojo. —Pues tendrás que poner tus ojos en tu esposa porque las mujeres no somos tontas —Blake arquea su ceja. —¿Tú conoces a Taylor? —niego—. A esa mujer lo único que le importa es tener un par de zapatos de los más caros, el último diseño en bolsos de un famoso diseñador o las uñas hechas —hago una mueca—, pero no quiero hablar de ella —hace un movimiento con su pelvis y siento como su falo vuelve a chocar mi tope. Sí, aún estábamos haciéndolo. Estoy casi segura que no podré caminar de forma adecuada por un tiempo y no es broma. —Me haces sentir tan vivo, pequeña —me deslizo sobre su m*****o y jadeo sobre su hombro. —Cierra la boca y bésame —ataco sus labios con necesidad, me abrazo a su cuello y él me obliga a apoyar mi espalda sobre el colchón. Mueve sus caderas con velocidad, su falo llega a mi tope y no me prohibo el silenciar mis gemidos, cosa que lo hace gruñir sobre mis pechos. Elevo mis caderas hacia él y me permito poder sentirlo mucho más; mis piernas abrazan su cintura y Blake aumenta su ritmo, acción que me obliga a rasguñar su espalda con mis uñas. Me deleito con cada penetración que me arremete, podría jurar que estoy tocando el cielo del placer con él. Blake está bastante entretenido besando mis pechos y cuello, lo cual me eriza por completo. —Me fascina tu cuerpo, me fascinas tú —susurra cerca de mi oído y luego muerde el lóbulo de mi oreja, gesto por el cual gimo. —Blake... —jadeo y él sonríe. Llevo mi mano hacia su nuca, acariciando ésta, para luego volver a unir nuestros labios en un efusivo beso. Muerdo su labio inferior con lentitud y él simplemente gruñe para luego embestirme con más profundidad y rudeza. Luego de un par de estocadas más ambos alcanzamos nuestro punto sin retorno y, seguido de eso, nos dejamos caer en la cama. Blake cubre nuestros cuerpos desnudos con las cobijas y se abraza a mi cintura, mientras que me recuesta sobre su pecho. —¿No podría llevarte en mi maleta a la maldita luna de miel? —acaricia mi pierna. —Te diría que sí, pero tienes a tu hermosa esposa para disfrutar de ella... —coloca su dedo índice sobre mis labios para que deje de hablar. —Deja de traer a Taylor —murmura—. Ya tengo suficiente de ella, quiero estar contigo hasta el último segundo —besa mis labios y yo me pegó a su cuerpo. —Es que... —rompo el beso y él niega. —¿Tienes hambre? —toma asiento en la cama y busca su ropa interior para colocarsela—. Ten, ponte esto —me entrega su camisa y mis bragas. —¿Te enfadaste? —se voltea hacia mí y planta un beso sobre mis labios. —Yo no podría enfadarme contigo —sonríe—. Voy al baño y a preparar algo para desayunar —se levanta y sale de mi habitación. Suspiro profundamente, me coloco las bragas y luego la camisa de Blake sobre mi cuerpo. Mi teléfono comienza a sonar, extiendo mi mano hacia él, leo el nombre de "Claire" y respondo a su llamada. —¡Hola, preciosa! —exclama del otro lado. —Hola, rubia —murmuro y camino hacia la ventana—. Creí que estarías durmiendo, aún es temprano —observo el reloj que se encuentra sobre mi mesa de noche. —Comencé la mañana con ejercicio, lo implementé hace unos días —suelto una risa, no porque no le crea sino que sé que ella es demasiado floja para ir a un gimnasio o para salir a correr por las mañanas. —¿Cuánto corriste? —cuestiono con un tono gracioso. —Hice 2 horas de cardio —también ríe—. Nunca en mi vida había experimentado un cardio tan bueno, juro que me duelen músculos que no sabía que tenía —por un momento comienzo a creerle que fue a ejercitar. —¿Dónde fuiste a entrenar? —oigo una risa masculina. —A la cama de Michel —ambas reímos—. Estaré perfecta para entrar en el vestido para la boda —la imagino sonriendo—. Incluso puedo asegurar que tú también estuviste haciendo cardio nocturno y matutino —siento como mis mejillas se ruborizan. —Agotada dejé a tu querida amiga —me sobresalto al oír la voz de Blake detrás de mí y él comienza a reír. —Blake —me siento avergonzada y él besa mis labios. —¡Eso es! —exclama Claire—. Mi amiga al fin disfruta los orgasmos —lo dice en un tono alto y Blake muerde su labio riendo. —Voy a preparar el desayuno —deja un beso sobre mi frente y abandona la habitación. —¿Te duele caminar, amiga? —escucho la risa de Michel. —No mentiré, un poco sí —grita contenta—. Eso no debería emocionarte, Claire —digo entre risas. —Lo hace porque eso significa que te complace como a ti te gusta —Michel gruñe—. Escucha, amiga de mi corazón, debo colgar porque lo que escucharás arruinara tu infancia; así que, te veo cuando Blake se vaya y Michel me lleve a casa para poder prepararnos juntas. Te quiero —finaliza la llamada antes de permitirme hablar. —Ay, Claire —suspiro riendo. Salgo de la habitación con dirección al baño. Hago pis, lavo mi rostro y cepillo mis dientes. También recojo mi cabello en un rodete. No iba a aplicarme mis cremas faciales porque aún no me duchaba, por lo cual, salgo del baño con dirección a la cocina. Veo que Blake está preparando café y custodiando unos huevos, decido acercarme a él y abrazarme a su espalda. —Debías esperar a que lleve el desayuno a tu habitación o seguir hablando con Claire —se coloca de perfil y abraza mi cintura con su brazo izquierdo. —Claire está ocupada con tu amigo —él ríe y yo lo observo—. ¿Sabes que te ves muy guapo desde aquí abajo? —sonríe. —¿Y usted sabe que es la mujer más hermosa que he visto en la vida? —se acerca y besa mis labios con suavidad—. Pero me desconcentras y acabaré por quemar el desayuno —suelta mi cuerpo y remueve los huevos. —Me gusta tenerte aquí, ya se me ha vuelto costumbre verte en cuanto despierto —me siento sobre la encimera y lo observo—. Extrañaré mucho estos momentos —pasa los huevos revueltos a los platos que tenían dos tostadas cada uno. —No pienses en eso, pequeña —deja el sartén y luego se coloca entre mis piernas, a la vez que coloca sus manos sobre mis caderas—. No debes extrañarme porque no pienso alejarme de ti —acaricio su mejilla—. Me fascinas de una forma increíble, Amelie —sonrío. —A mí me gusta como suena mi nombre dicho por ti —acerca sus labios a mi oído. —Amelie —susurra y se pega más a mí—, mi Amelie —besa mi mejilla con lentitud. || ... || Observo el vestido tendido sobre mi cama; estoy en bata de baño, con el cabello húmedo y replanteando la idea sobre si asistir a la boda de Blake y Taylor. Escucho los pasos apresurados de Claire llegando a la habitación. —¿Aún no te secas el cabello, Amy? —lanza su neceser con cremas a mi cama. —Creo que no es lo correcto que yo esté ahí, Claire —menciono en un tono suave. —¿Qué? —enarca su ceja—. ¿Tú eres tonta? —Te recuerdo que me acosté con él muchas veces, rubia —asiente—. No es bueno que presencie esa unión... —balbuceo. —Tienes que estar ahí porque la Taylor cabeza de mantequilla ya te vio en la fiesta de compromiso —señala—, y será extraño para ella que la nieta de la novia de su abuelo no asista —suspiro. —¿Y si se da cuenta que estuve con él? —ella niega. —Esa mujer parece tener las neuronas quemadas por tanto químico para alisar su cabello —hace una mueca de asco—. Así que, mi mejor amiga tiene que ir a esa boda en ese vestido —señala el vestido que estaba en la cama—, y hacer que se muera de envidia porque te verás mil veces mejor que ella en su "día especial" —utiliza un tono burlón. —No sé que haría sin ti, rubia —la abrazo y ella palmea mi espalda. —Estarías soltera por siempre —ambas reímos—. Bien, seca tu cabello mientras yo aliso el mío, debemos agilizar trabajo, ya que son las tres de la tarde —anuncia viendo el reloj de mi mesa de noche. Creo que dos horas y media más tarde ambas estábamos listas para la boda; Claire optó por un recogido perfecto, con dos mechones de cabello al frente, el cual dejaba a la vista la perfecta espalda descubierta de su vestido n***o, si, n***o porque según ella era un funeral a lo que asistíamos. La maquille con tonos marrones y un labial rojo que resaltaba la palidez de su piel. Yo llevaba un semirecogido con ondulaciones perfectas y un maquillaje en los ojos bastante natural, pero con un rojo chillón en los labios, me pareció demasiado, mas Claire volvió a repetir que nada es demasiado. Faltaban quince minutos para que Michel llegará por nosotras, ya estábamos listas. Me encontraba frente al espejo repitiendo que esto estaba bien, que ir a esa boda era necesario para mí, Blake me necesitaba allí y yo no lo dejaría solo. Llevo mi mano hacia el dije del collar que llevaba y mi uña se engancha en una pequeña línea del dije; hago un poco de fuerza con la uña y el corazón se abre. —No puede ser —balbuceo. —¿Qué cosa no puede ser? —escucho a Claire y le muestro el collar—. ¿Esto te lo obsequió él? —asiento—. Es lo más tierno que he visto nunca, rubia —hace un puchero. —Él dijo que era algo especial —observo nuestras fotografías que se encontraban dentro del dije, no eran tantas porque no gastamos tanto tiempo en tomarnos fotografías, pero las que hay son hermosas. —Tú eres especial para él, amiga —acomoda mi cabello—. Y en cuento te vea con ese vestido Blake JR comenzará a crecer debajo de sus pantalones —comenzamos a reír. Se escucha un claxon fuera y Claire señala la ventana. —Allí está nuestra carroza —me entrega mi bolso—. Hora de irnos, princesa —coloca su brazo en jarra y yo me engancho a él. Caminamos fuera de mi casa, cierro la puerta y Michel nos espera sentado sobre su coche. —Pero que mujeres tan bellas —se acerca a mi amiga—. Aunque a ti te desnudaría aquí mismo, cariño —menciona contra su mejilla y Claire comienza a reír. —Chicos, les recuerdo que estoy aquí —ambos ríen—, ya me siento mal tercio —mi amiga viene hacia mí y me sujeta la mano. —Ambos son personas importantes para mí. —Debemos irnos —anuncia Michel—. Soy el padrino de ese funeral, digo, de esa boda —Claire besa los labios de Michel. La rubia toma el asiento de copiloto, yo me siento detrás de ella y Michel pone en marcha el coche. —Imagino que estarás preparada para atraer muchas miradas en la ceremonia, Amelie —menciona Michel sin quitar su mirada de la carretera. —¿Por que lo dices? —cuestiono confundida. —Por el vestido —responde sin más—, digo, ya sabemos lo que el rojo significa —se detiene en un semáforo rojo. —¿Verdad que es perfecto? —mi amiga expresa contenta—. Yo lo elegí —me guiña. —Sabes que tus gustos me fascinan, princesa —Michel y ella me observan—, pero siento que es demasiado extravagante —mi amiga le da un suave golpe en el pecho. —Cállate, lo importante es que estará más hermosa que la Taylor cabeza de mantequilla —se acomoda en el asiento. —Adoro su amistad —vuelve a poner el coche en marcha. —Somos la una para la otra —coloca su puño hacia mí y yo lo choco. —Y somos inseparables —ella asiente ante mi comentario. —Somos como las mosqueteras, pero solamente somos dos —me acerco y beso su mejilla. —Entonces deberé saber que puede interrumpir mis noches de sexo con mi rubia —Claire ríe y me contagia. —Eso sólo sucede si es urgente lo que suceda —digo yo y mi amiga asiente—. Si sucede algo urgente enviamos tres mensajes simultáneos y se detiene todo —Michel abre sus ojos sorprendido. —¿Aunque estén en la mejor parte? —Sí, cariño —ella posa su mano sobre el hombro de Michel—, nuestra amistad nos parece más importante que un buen orgasmo —él suspira. —Están locas —las dos reímos y chocamos nuestras palmas. Pasamos más de una hora en el coche; Claire puso música en el radio y los tres íbamos cantando las canciones que conocíamos, también bailamos como podíamos. Con ese tiempo todos nos pudimos conocer un poco más que antes. Michel apaga el motor del coche y le entrega las llaves a Claire. —Guarda eso tú, así sabré que no la perderé por ahí —se quita el cinturón de seguridad—. Bien, debo bajar antes de que a Blake le dé una crisis de nervios —dice observando su teléfono—. Las veo dentro —antes de bajar besa la mejilla de Claire. Observo la entrada del lugar perfectamente decorado, se puede oír algo de música y hay gente charlando fuera del lugar. —Sé que te he dicho que debes párate aquí firme para demostrar que eres más fuerte que esto —voltea hacía mí—, pero yo te conozco y sé lo sensible que eres; así que, lo preguntaré una sola vez —clava su mirada en la mía—. ¿Estás segura de que quieres entrar allí y ver todo lo que sucederá, Amelie? —suspiro y paso saliva. —Sí, lo estoy —tras decir eso bajo del coche, en ese momento siento como varios pares de ojos me observan—. Bien, Michel tenía razón —murmuro. —Te ves hermosa, ignora las miradas —bloquea el coche y guarda las llaves en su bolso—. Vamos y haremos que nadie existe aquí —se engancha de mi brazo y comenzamos a caminar hacia el interior del lugar. Aún más gente se voltea a verme, o eso es lo que creo yo, pero en la única persona que me centro es en Blake quién se encuentra haciéndome un perfecto análisis completo, en cuanto su mirada conecta con la mía le dedico una leve sonrisa. —En el momento que te vio entrar sus ojitos comenzaron a brillar —susurra cerca de mi oído. —Seguro es por la emoción del día —ella comienza a reír. —Y yo estoy casada con Chris Hemsworth —muerde su labio y niega—. Ven, vamos a saludar al novio y a su padrino —literalmente me jala hacia donde está Blake con Michel—. Que gusto verlo, señor Turner —dice mi amiga con tono burlón. —El placer es mío, señorita Wright —el rostro de mi amiga se transforma. —¿Cómo sabes mi apellido? —lo observa confundida. —Tengo mis contactos —Blake me observa a mí—. Señorita Bennett... —yo le sonrío. —Le agradezco por la invitación, señor Turner —veo como traga de forma dura. —Es un placer tenerla aquí —su mirada baja a mi escote y me percato que relame sus labios de forma lenta. Creo que nos observamos por demasiados segundos, ya que Michel le da un golpe en el hombro a Blake y Claire se cuelga a mi brazo como un koala. —¿Y de qué lado van sus invitados, señor Turner? —cuestiona Claire fingiendo que nada sucede aquí. —A la izquierda —ambas asentimos. —Que guapo que está el padrino —Claire deja un beso sobre los labios de Michel. Blake me hace un gesto con su cabeza y comienza a caminar hacia alguna parte, observo sus movimientos para saber dónde va y, unos minutos después, sigo sus pasos tomando la precaución de no ser vista por nadie. Ingreso la lugar y no hay nadie, lo cual me parece extraño. —¿Blake? —suelto con duda. Cierran la puerta con seguro, jalan de mi muñeca pegándome a la pared y el cuerpo de Blake se pega al mío, haciéndome consciente de la erección que crece bajo sus pantalones. —Blake... —jadeo en cuanto comienza a besar mi cuello y poso mi mano sobre su pecho. —Te ves preciosa, pequeña —apoya su frente sobre la mía—. Me encantaría escaparme contigo de aquí —sostiene mi mentón con sus dedos. —Descubrí la sorpresa del collar —en ese momento sonríe contento. —¿Y te gustó? —asiento lentamente. —Es un bonito detalle de tu parte —analiza mi mirada y siento una electricidad recorrerme de pies a cabeza—. ¿Por qué me ves así? —simplemente niega. —Estoy feliz de verte aquí —une sus labios con los míos en un intenso beso. Mis manos se cruzan detrás de su nuca y mi bolso cae al suelo. Gracias a los tacones estoy bastante cerca de alcanzar su estatura, pero aún me falta un poco. Blake baja sus manos hacia mis glúteos y, sin previo aviso, me alza en el aire; mis piernas se abrazan a su cintura y él camina conmigo hasta que siento una superficie fría debajo de mi cuerpo. —Te arrancaría el vestido con mis propios dientes, preciosa —gruñe sobre mi cuello. Subo mi vestido hasta dejar mis bragas de encaje roja a su vista; Blake aparta hacia un costado la tela de estas y siento su lengua pasar por mi sexo, gesto que me hace jadear. —Necesito que seas silenciosa, pequeña —besa mis labios para luego bajar a mi sexo y hundir su boca allí. Su lengua acaricia y presiona mi clítoris, sus dientes deja suaves mordidas sobre mi centro de placer y no tarda mucho en comenzar a penetrarme con sus ágiles y largos dedos. Estoy luchando por no gritar demasiado, ya que eso alertara a cualquiera que se encuentre cerca de esta habitación. Me concentro en la boca de Blake en mi intimidad y me concentro en la gran sensación de placer que este hombre me hace desear; me hace necesitar más, muchísimo más. —Blake... —gimo al alcanzar mi punto de mayor éxtasis. La lengua de Blake limpia mi orgasmo y sube a besar mis labios con pasión, mientras escucho como quita el cinturón de su pantalón y baja el cierre de este. Un fuerte gemido es silenciado dentro de tu boca, gemido que es provocado por la fuerza con la que se hundió en mi interior. Mis manos van hacia su espalda y mis piernas lo atraen más a mi cuerpo. —Te ves hermosa, pequeña —tiene la voz ronca por el deseo que siente. Mueve sus caderas de forma rítmica y yo muero mi labio silenciando mis gemidos. Cuelo mi mano debajo de su traje y acaricio su pecho, pero luego paso mis uñas sobre su piel. —Más fuerte, Blake —jadeo y arqueo mi espalda. —Clava tus uñas, Amelie —en cuanto se hunde con fuerza mis uñas se clavan y bajan hasta su abdomen. Mueve sus caderas con gran velocidad y profundidad, tanto que juraría que es capaz de atravesarme con su gran longitud, pero está haciendo que pierda mi cabeza y desee más de todo esto. —Vas a volverme adicto a ti, pequeña —gruñe sin dejar de moverme. Llevo mi mano hacia su mejilla y él reparte besos sobre mi brazo. Poco después ambos alcanzamos un merecido orgasmo y volvemos a unirnos en un intenso beso, sin separar nuestros sexos. Mis brazos se abrazan a su cuello y Blake hunde sus dedos en mi muslo. —Te quitaría las bragas y me las llevaría durante toda la ceremonia —río a causa de su comentario. —Hoy no, Blake —lo alejo un poco y él acaba por acomodar su ropa con cuidado. Yo bajo de la mesa y arreglo mi vestido. —¿Me veo bien? —cuestiono y él me observa con una sonrisa de picardía. —Luces como si acabarás de tener el mejor sexo de tu vida —susurra cerca de mis labios para volver a besarlos—, y hueles a sexo, pequeña Amelie —ambos reímos. —Debes lucir impecable para salir allí —paso mis manos sobre su camisa para quitar las arribas y ajusto su moño—. Agradece que el labial sea matte y no se transfiera —deja un beso sobre mi mejilla. —Amelie... —lo observo. —¿Sí? —arreglo la flor que estaba en el bolsillo de su saco. —Te quiero, pequeña —lo observo y sonrío—. Te quiero demasiado —acaricia mi mejilla. —Yo a ti —dejo un suave beso en la comisura de sus labios—. Creo que deberías salir de aquí ya —me observa con detenimiento. —No quiero dejarte sola —inmediatamente niego. —Saldré por la puerta que está allí atrás, si alguien pregunta estaba tomando aire —intento sonreír—. Te veo ahora —asiente poco convencido. Escucho como cierra la puerta en cuanto sale y suspiro profundamente. Me acerco a un espejo que se encontraba allí y acomodo mi cabello para que nadie sospeche nada. La puerta se vuelve a abrir y veo a Claire por el espejo. —¿Lo hicieron? —asiento sin voltear a verla. Camina hacia mí y me envuelve entre sus brazos. —En cuanto quieras salir corriendo de aquí yo te acompañaré, Amy —musita y me aferro a su cuerpo—. La cabeza de mantequilla está por llegar —informa. —Pues tenemos que salir de aquí —levanto mi bolso del suelo y con Claire salimos por la puerta que daba al jardín. Damos toda la vuelta como si nada hubiese sucedido y volvemos a ingresar al salón, finalmente nos acomodamos en nuestros lugares para esperar que la ceremonia comience. —Esto será una pesadilla —murmura mi amiga y yo asiento. Blake me observa desde su lugar, ya está posicionado para recibir a quien será su esposa. La música comienza a sonar y las puertas se abren con lentitud. *Se ve hermosa, maldita sea.* Pienso y suspiro profundamente.
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