Hago una trenza hacia un lado y salgo del baño para volver a mi habitación.
—Ya puedes ducharte —le informo a Blake, quién estaba esperando a que yo saliera del baño—. ¿Tienes ropa?
—Siempre tengo un bolso con un cambio de ropa en el coche —señala hacia mi escritorio—. Lo fui a buscar mientras te duchabas —se levanta de la cama y toma el bolso.
—Pues muy precavido —él me guiña—. Ve a ducharte mejor, te hará bien —asiente.
—Cuando acabe salimos hacia el residencial para desayunar con nuestros abuelos —lo observo con atención—. ¿Sucede algo?
—No —musito—. Voy a llamar a Claire y organizar la habitación —busco mi teléfono en la habitación, pero recuerdo que lo había dejado en el recibidor.
—Perfecto, Amelie —murmura—. Ahora salimos —se encierra en el baño.
Extiendo la cama a la perfección, acomodo las almohadas y el oso de peluche que tenía allí, peluche que me había obsequiado mi abuelo cuando era niña y aún conservo.
Saco mis botas altas negras del armario y calzo mis pies, salgo de la habitación y me dirijo hacia el recibidor. Tomo mi teléfono y marco el número de mi amiga, quién dos tonos después me responde.
—¡Hola, mi estrella preferida! —exclama con mucha alegría.
—Hola, rubia —respondo riendo—. ¿Cómo fue tu noche en el bar ayer?
—Pesada, como siempre —se escucha como suspira—. La banda que tocó ayer fue buena, pero prefiero escuchar a mi mejor amiga cantar —su comentario me hace sonreír—. ¿Y tu noche libre como estuvo?
Recuerdo lo que Blake me dijo de su madre, como ambos lloramos, nos dormimos abrazados y ahora se está duchando en mi casa.
—Normal —acaricio las flores que Blake me había enviado—, algo aburrida —hago una mueca.
—¿Y sigues sin recibir noticias sobre tu mayor admirador? —me la imagino moviendo sus cejas.
—Ayer me envió un ramo de flores y durmió aquí —chilla tan alto que debo alejar un poco el teléfono de mi oreja—. ¿Acabaste? —suelto entre risas.
—Dime que tuvieron sexo, por favor —sé que está como una loca.
—Para tu desgracia, no, no me acosté con él —suspira frustrada—. No es todo sexo en la vida, rubia —muerdo mi labio negando.
—¿Le preguntaste acerca de lo que su abuelo te dijo?
—No puedo hacer eso porque es muy pronto y porque no sabría cómo explicar que sé acerca de eso —hablo en tono bajo.
—¿Acaso esperaras a que él te hable de eso? —se escucha como si estuviese comiendo algo.
—Si es necesario sí —escucho que se abre la puerta de baño—. Nos vemos hoy en el bar, Claire —acomodo las flores.
—¿Estás con él?
—Sí, adiós.
—Bien, diviértete —ríe y finaliza la llamada.
Huelo las flores con detenimiento, parezco idiota con este maldito ramo, pero es la primera vez que alguien me envía flores.
—Voy a enviarte flores más seguido sabiendo que te gustan tanto —lo observo con una sonrisa.
—Es que son hermosas, de verdad —él observa el ramo de flores.
—¿Cuál es tu flor favorita?
—Las orquídeas y los tulipanes —voltea hacia mí inmediatamente y sonríe.
—Le acerté a los tulipanes —me guiña—. ¿Estás lista para irnos?
—Voy a buscar mi bolso y nos vamos —corro hacia la habitación y busco mi bolso.
Al encontrarlo guardo mi teléfono allí dentro.
—¡¿Puedes traer mi teléfono, Amy?! —le escucho exclamar.
—¡Sí! —exclamo.
Observo mi habitación y lo localizo encima de mi escritorio, en cuanto lo tomo en mi mano el aparato vibra y se ilumina su pantalla. Logro leer el nombre de "Taylor" en el mensaje que acaba de llegar, me detengo en la puerta y leo "¿estás libre esta noche, osito?"
Siento un nudo formarse en mi estómago, pero lo ignoro y vuelvo hacia el recibidor.
—Aquí tienes —le tiendo su teléfono.
—Gracias, Amy —observa la pantalla y luego a mí—. ¿Lista?
—Sí —intento sonreír—. Vamos —abro la puerta y saco las llaves.
Espero a que Blake salga de casa y cierro la puerta con llaves para luego guardarlas dentro del bolso.
Blake me abre la puerta de copiloto y yo me subo al coche, él lo rodea para luego subir. Nos colocamos el cinturón de seguridad y comienza a conducir con tranquilidad.
¿Y si esa chica es su novia y está jugando conmigo? ¿Qué tal si se está burlando de mí con todo esto? ¿Seré su amante? Quizás es su mujer hace mucho tiempo y no sabe nada acerca de que su novio o esposo está acercándose a mí.
—Amelie —eleva su tono de voz y yo lo observo algo desorientada.
—¿Qué sucede? —se detiene en un semáforo en rojo.
—Desconectaste por un momento —musita—. ¿Estás bien, Amy? —asiento.
—Claro —sonrío—. ¿Por qué no estaría bien? —volteo mi rostro hacia él.
—Estás muy callada y pensativa —me observa—. ¿Te encuentras bien, de verdad?
—Estoy perfecta —sus ojos me analizan con detenimiento—. La luz está en verde —le informo y él comienza a conducir nuevamente—. ¿Me estabas hablando cuando quedé en las nubes?
—Sí —suspira—. ¿Hoy cantas en el bar?
—Hoy vuelvo al bar luego de una noche de descanso —él ríe por lo bajo—. ¿Por qué la pregunta?
—Porque quiero ir a verte, hace días no escucho tu hermosa voz —escondo una sonrisa—. Me tendrás en primera fila como siempre —da vuelta en una curva.
—No es necesario que vayas siempre —murmuro.
—A mí me gusta ir —estaciona el coche frente a la casa de reposo—. Pero si tú no me quieres allí... —niego.
—No me molesta que vayas... —se quita el cinturón de seguridad y voltea hacia mí.
Sus dedos acarician mi mejilla con delicadeza y sus ojos cafés oscuros me observan con profundidad.
Poco a poco se va acercando a mis labios y une sus labios a los míos en un beso lento, pero muy profundo. Su mano va hacia mi nuca y ese beso se vuelve aún más profundo, recuerdo a la chica del mensaje y rompo el beso para luego quitar su mano de mi nuca con lentitud.
—Mejor entramos —me quito el cinturón de seguridad y bajo del coche.
Cierro mis ojos y suspiro, pero los abro en cuanto escucho que Blake cierra su puerta.
—¿Segura que estás bien? —se coloca a mi lado y yo observo sus labios.
—Sí —me percato que tiene mi brillo labial por todo su rostro—. Espera un momento —saco una toallita desmaquillante de mi bolso y la paso sobre sus labios—. Listo —me observo en el espejo de mano que tenía y también limpio el brillo labial que se había esparcido por mi rostro.
—Hora de entrar —me señala la puerta del residencial y ambos ingresamos.
Nos recibe Susan con una sonrisa.
—Buen día, Susan —le sonrío.
—Buen día, Amy —observa a Blake—. Buenos días para usted también, señor Turner —él ríe levemente.
—Dime Blake, Susan —murmura—. ¿Sabes dónde están nuestros abuelos? —ella asiente.
—Sus abuelos están en el comedor, Blake —ahora quién asiente soy yo.
—Gracias, Susan —le sonrío—. Y me saludas al pequeño Archie —me despido con mi mano.
—Vamos al comedor, Amelie —indica Blake y ambos avanzamos hacia allí—. ¿Quién es Archie? —cuestiona con curiosidad.
—Su bebé —llegamos al comedor y vemos a nuestros abuelos sentados—. Que tiernos que se ven —los observamos.
—Y felices —agrega y yo asiento.
Mi abuela nos ve y se levanta corriendo, llega hacia mí y me envuelve entre sus brazos.
—Mi abejita —besa mis mejillas—. Hola, Blake —también besa sus mejillas.
—Buen día, señora Irma —responde con una sonrisa.
—Vamos a desayunar —nos toma por las muñecas a ambos y nos lleva hacia la mesa donde estaba—. Mira, cariño, llegaron nuestros niños —vuelve a sentarse en su lugar.
Emil se levanta de su lugar, besa mis mejillas y luego palmea la espalda de Blake.
—Tomen asiento, chicos —indica él y nosotros nos sentamos—. Tiempo que no los veía juntos —sonríe de lado.
—Casualidades de la vida, abuelo —virto café en mi taza y Blake hace lo mismo con su taza.
—¿Cómo han estado, mis niños? —mi abuela unta mantequilla en su tostada.
—Muy bien, abuela —le sonrío y ella observa a Blake.
—Bien, con mucho trabajo —da un sorbo a su café.
—¿Hablaste con tu tío? —cuestiona su abuelo y lo observa atento.
—No se puede hablar con ese hombre —suspira y se lleva una uva a la boca.
Observo a mi abuela y ella baja su mirada algo nerviosa.
—Estuvo aquí ayer —escucho como Blake suspira—. Debes hacer algo, Blake —observo a quien tengo junto a mí.
—Hace dos semanas murió mi madre, tu hija —hace énfasis en la última palabra—, no puedes pedirme que piense en otra cosa en este momento —yo paso saliva nerviosa.
—No me digas eso porque sabes lo importante que era mi hija para mí —Emil habla entre dientes—. Solamente me preocupo por lo que tu tío pueda llegar a causar —mi abuela me hace una seña con su mirada.
—Abejita, tengo que enseñarte algo —se levanta de su silla y me extiende su mano—. Está en mi habitación, ¿me acompañas? —asiento y me levanto de mi lugar.
Ambas caminamos juntas hacia su habitación y ella envuelve mi cintura con uno de sus brazos.
—Cuando estas cosas suceden es mejor dejarlos solos —musita y nos adentramos a su habitación.
—¿Pero hay algún problema, abuela? —tomo asiento en su cama.
—Son temas de la empresa, abejita —suspira y se sienta a mi lado—. La muerte de la madre de Blake ha intensificado todo —la observo con atención.
—Me lo imagino —abro un poco mis ojos—. Perder a una madre es muy fuerte —ella sonríe con debilidad.
—Perder a un hijo también, abejita —acaricia mi espalda—, pero con el tiempo mejorarán a su manera. La única diferencia con nosotras es que tienen su tema de empresa que los hace sentir más ahogados.
—Blake está destrozado, abuela —ella me observa con una sonrisa—. ¿Qué sucede?
—¿Acaso te gusta ese muchacho, abejita? —niego rápidamente.
—Imposible, abuela —río nerviosa—. Acabo de terminar con Connor, no estoy pensando en esas cosas ahora mismo —ella sujeta mi mano.
—Creo en tu palabra, pero te conozco, soy tu abuela —acomoda mi trenza—, y puedo asegurar que tu mirada expresa mucho más de lo que dices —niego.
—Con Blake no sucede ni sucederá nada, abuela —mi abuela sonríe con complicidad.
—Parece ser un buen hombre —yo asiento.
—Pero yo no estoy lista para una relación y dudo que él me vea así —acaricia mi mejilla.
—Mi niña... —me envuelve entre sus brazos—. No sabes cuánto le pido al universo porque tú seas feliz y nada malo te suceda, princesa —yo me aferro a sus brazos.
Alguien golpea la puerta, volteo hacia allí y está Blake de pie, observando la escena.
—Lamento interrumpir... —lo observo y está triste, demasiado—. Pero debo irme y quería saber si quieres que te lleve a tu casa, Amelie —yo asiento.
—Sí, claro —con mi abuela nos levantamos de la cama—. Que tengas un buen día, abuela —beso sus mejilla.
—Gracias a ambos por venir —observa a Blake.
—Me despides a Emil, abuela —ella asiente con una sonrisa.
—Que pasen bien, chicos —con Blake salimos del residencial y subimos a su coche.
Estaba colocándome el cinturón de seguridad y de la nada el claxon comienza a sonar de una forma muy descontrolada, observo a Blake y lo está golpeando.
—¡Blake, no! —exclamo y tomo sus manos entre las mías—. Tranquilo, por favor —lo abrazo y escucho como solloza por lo bajo—. Estoy aquí, tranquilo... —acaricio su espalda y él se abraza con fuerza a mi cuerpo.
—Esto ya no está siendo como creía, Amy... —balbucea cerca de mi oído—. Lo estoy odiando cada vez más —suspira.
—¿Quieres hablar? —se separa de mis brazos y veo que hay lágrimas en sus mejillas—. Te arrugarás más rápido —limpio sus lágrimas con mis pulgares y él ríe con debilidad.
—Mi tío quiere echarme de la empresa porque me niego a cumplir con la cláusula —asiento lentamente.
—¿Y él puede hacerlo? —arqueo mi ceja.
—Si no cumplo la cláusula sí —hago una mueca.
—¿Puedo saber la razón por la que tú no quieres cumplirla? —él entrelaza sus dedos con los míos.
—Me obliga a casarme después de que pasen 85 días —arrugo mi entrecejo—. Y si eso no sucede, mi padre volverá a tomar el mando de la empresa —lo observo sorprendida.
—Me gustaría poder ayudarte, Blake... —acaricia el dorso de mi mano con su pulgar.
—Si aceptas ser mi esposa me ayudarías —se torna un silencio incómodo—. Es broma, no te pediría que hagas algo así, Amelie —yo asiento.
—¿Pero que harás? —él suspira.
—Tengo 85 días para pensar en eso —ríe, pero esa risa se escucha hueca—. Te voy a llevar a tu casa —se coloca el cinturón de seguridad y yo lo imito.
|| ... ||
Tiño mis labios de rosa cálido y acomodo mi vestido blanco, hoy cantaría una canción muy linda, era de Ed Sheeran, una de mis favoritas.
Claire ingresa en el camerino muy sonriente.
—Eres la siguiente, sales en quince —asiento y me observo en el espejo.
Me asusta lo que pueda hacer Blake con el tema de la cláusula, sé que él es muy dedicado a su trabajo y vive por él, pero no sé qué sería capaz de hacer.
—¿Estás bien, Amy? —me sostiene por los hombros—. Te veo algo distante —yo bajo mi mirada.
—Estoy nerviosa, nada más —entrecierra sus ojos—. Blake me contó sobre la cláusula y siento que debo ayudarlo.
—No piensas casarte con él, ¿verdad? —niego.
—Yo no pienso casarme y menos por un contrato —suelto una pequeña risa.
—¿Entonces que harás para ayudarlo? —estaba a punto de hablar, pero golpean la puerta—. Yo abro —se acerca a ella y abre—. Te buscan, Amy —volteo hacia la puerta y está Blake allí de pie.
—Pasa, Blake —le indico.
—Yo los dejo —pasa hacia el otro lado de la puerta—. ¡En diez sales! —exclama antes de cerrar la puerta.
Blake camina en mi dirección a paso lento, con las manos dentro de los bolsillos.
—Que bien te sienta el blanco, querida Amelie —le sonrío.
—¿Te sientes mejor? —asiente.
—Me gusta verte en tu rol de cantante —se detiene a escasos centímetros de mi rostro—. Consigues que me olvide de toda la mierda que me está persiguiendo —coloca su mano sobre mi mejilla.
—Si piensas besarme, te recomiendo no hacerlo ahora —musito—. No quiero volver a mancharte con mis labiales —sonríe de forma amplia.
—Pero debes aceptar que tus labiales me quedan mejor a mí —me guiña—. No te haces una idea de lo bien que me hace sentir tenerte cerca... —se acerca más a mis labios.
—¿Ya bebiste algo en la barra? —me observa confundido—. Pareces ebrio... —niega inmediatamente.
—No necesito alcohol para decir lo que pienso y siento —busco algo que desconozco en su mirada oscura—. ¿Sabes? —escucho con atención—, tu abuela me ha dicho muchas cosas sobre ti —yo hago una mueca.
—Pues espero que hayan sido cosas buenas —subo mis cejas fingiendo una expresión exagerada.
—Te pinto como la mejor nieta y mujer del mundo —acaricia mi brazo—. Y yo le doy la razón —tras decir eso atrapa mis labios en un beso lento, pero con mucha efusividad.
Dejo mis manos en el aire un corto lapso de tiempo, hasta que él me abraza por la cintura y yo lo sostengo por la nuca, de forma que nuestro beso se vuelve cada vez más profundo.
Hace que me siente encima del tocador que tenía tras mi espalda, se coloca entre mis piernas y me besa aún con más pasión que hace pocos segundos atrás.
Jadeo en su oído al sentir sus labios calientes y húmedos besando mi cuello con sensualidad. Mis manos estrujan la tela de su camisa y besa mi mentón.