Estaba en la casa de reposo visitando a mi abuela, ahora estamos almorzando ella, Emil y yo juntos. Agradezco que Blake no se encuentre aquí porque necesito aclarar muchas cosas en mi cabeza ahora mismo.
—Pero ella se levantaba con las rodillas raspadas, tomaba su bicicleta y volvía a pedalear —mi abuela gira sus manos simulando los pedales—. Nunca la ha detenido ni una caída en las piedras —yo escondo mi rostro.
—Pues, sé dos cosas —menciona Emil—. La primera, eres muy terca —mi abuela ríe—, y la segunda —levanta un segundo dedo—, también eres sumamente fuerte, Amelie —sonrío con debilidad.
—Uno siempre tiene que tener cierta fortaleza —doy un sorbo al agua.
—Mi abejita es sumamente extremadamente fuerte —mi abuela acaricia mi mano sobre la mesa—. Vivimos muchas cosas y aún nos mantenemos enteras —yo asiento lentamente recordando cada trago amargo que se ha presentado en nuestras vidas.
—Son un gran equipo —menciona Emil contento—. Se nota que ambas se quieren mucho —con mi abuela intercambiamos miradas.
Mi abuela se levanta de su lugar.
—Voy al baño —informa y sale bastante rápido.
—¿Qué tal todo con su nieto, señor Emil? —levanto nuestros platos vacíos.
—Pues mejor —veo una tímida sonrisa sobre sus labios—, viene a desayunar varias veces a la semana y luego se va trabajar —me siento contenta de escuchar eso.
—Me alegra mucho que él lo esté visitando más —me observa atento—. Nunca hay que dejar a nuestros abuelos solos —asiente.
—Supongo que debo agradecerte a ti, imagino que algo tuviste que ver en ese cambio de Blake —aprieto mis labios—. Muchas gracias, Amy —bajo mi mirada nerviosa.
—¿Puedo preguntarle algo sobre su nieto? —cuestiono en un tono bajo.
—Claro que sí —me ayuda a colocar los platos sucios en la bandeja que teníamos a un lado de la mesa.
—Su despistado nieto nunca me dijo su apellido... —lo escucho reír.
—Es Turner Wright —parpadeo varias veces—. Supongo que esa expresión es por la empresa.
Y no se equivoca, el apellido Turner es muy famoso aquí, las únicas cosas que se hablan en las noticias sobre el mundo de los negocios es del gran terreno que se está expandiendo gracias a la nueva cabeza encargado de AppCraft, quién ha logrado levantarla de la bancarrota y está siendo muy exitoso.
—Creí que era otro Blake el de esa empresa —niega riendo.
—Es nuestro Blake —veo cierto grado de orgullo en su tono de voz.
Me detengo a pensar en lo que escuché del casamiento y la cláusula, pero no sé si deba preguntar acerca de eso.
—Siento que hay algo más que quieres preguntar, pero no logras decirlo —me sonríe de lado.
—No sé si deba —suspiro.
—Si lo que te preocupa es que le diga a mi nieto, no pienso abrir la boca —finge cerrar sus labios con una llave.
—Es que... —relamo mis labios—, lo escuché, sin querer, discutiendo por teléfono sobre una cláusula y casamiento —él me detiene.
—Sé de lo que hablas —señala—. Esa cláusula la estableció su abuelo paterno y aún permanece hasta hoy —lo observo confundida.
—¿Usted es su abuelo materno? —asiento.
—Pero hice negocios con el abuelo de Blake y nuestros hijos acabaron por casarse —suspira—. La cláusula dice que el jefe encargado de la empresa, luego de un año, debe casarse y tener descendencia para que pueda tomar el mando —entrecierro mis ojos.
—¿Y por qué hizo esa cláusula? —cuestiono confundida.
—Porque Frederic no quería que su apellido muriese, por esa razón, se dice que el heredero para tomar el puesto debe ser varón —ruedo mi mirada.
—Pero, por lo que escuché, Blake no quiere casarse —menciono nerviosa.
—No por la cláusula, solamente quiere hacer como ahora —acomoda el florero en la mesa—. Pero su tío lo está presionando, ya que en 100 días se cumple el año de Blake en la empresa.
—¿Qué sucede si no cumple con la cláusula?
Estaba a punto de hablar, pero mi abuela llega corriendo al lugar.
—Fui a buscar algo a mi habitación para ti —me extiende una fotografía—. Es tu madre cuando estaba embarazada de ti —musita.
Observo la imagen y mamá estaba con un vestido blanco, un vientre totalmente abultado y una sonrisa perfecta.
—Es para que tengas en recuerdo a mi Anna —siento como mis ojos comienzan a picar.
—Mamá siempre está en mi mente —confieso—. Al igual que papá, Elena y el abuelo —veo como Emil se va lentamente.
Mi abuela se acerca a mí y me envuelve entre sus brazos, yo me aferro a ella con fuerza.
—Los extraño mucho... —suelto en un hilo de voz.
—Yo también, princesa —acaricia mi espalda y besa mi frente—. Pero lo importante es que nosotras aún estamos juntas —yo asiento y dejo un beso sobre su mejilla.
|| ... ||
Han pasado casi dos semanas que no he vuelto a ver a Blake, me parece extraño porque ni siquiera se ha aparecido por el bar y me preocupa en cierta parte.
Tomo mi laptop, ingreso a la red social y escribo el nombre "Blake Turner". Ingreso al tercer perfil, que es el suyo y comienzan a aparecer muchas fotografías; voy bajando observando todo lo que tiene publicado: trabajando, en su habitación con su traje impoluto, haciendo deporte, en un millón de situaciones diferentes.
Decido comenzar a seguirlo y me aparece su última actualización, en realidad la había compartido de otro perfil; es una imagen almorzando, la publicó una tal Taylor Brown.
Ingreso al perfil de la chica, es una castaña de ojos claros, parece alta, con un cuerpo de revista.
—¿Qué se supone que estoy haciendo? —salgo del navegador y cierro la laptop.
Dejo la laptop en mi escritorio y vuelvo a sentarme en la cama.
Observo la fotografía de mi mamá que mi abuela me entregó hace días y con mi dedo trazo el contorno de su rostro.
—No sabes la falta que me haces, mamá —suspiro—. Me encantaría poder tener a mi lado —veo que una lágrima cae encima de su rostro.
Me limpio las lágrimas con las palmas de mis manos y escucho el timbre por toda la casa; me levanto de la cama y me dirijo hacia la puerta para luego abrirla.
Un enorme ramo de jazmines, flores de lavanda y tulipanes rosas aparece frente a mi rostro.
—¿Usted es la señorita Amelie Bennett? —cuestiona el repartidor.
—Sí, soy yo —me entrega el ramo.
—Le envían esto —me pasa un bolígrafo y muestra una planilla—. Debe firmar aquí —señala y eso hago.
—Muchas gracias —se despide con un asentimiento.
Cierro la puerta con mi pie, huelo el ramo y es una exquisita mezcla de aromas. Lo dejo encima del mueble que estaba en el pequeño recibidor y saco la tarjeta que tenía allí.
"A pesar de no haberte visto hace varios días no me he olvidado de ti y me encanta escuchar las anécdotas de tu abuela durante el desayuno.
Espero que las flores sean de tu agrado, no sé cuáles son tus favoritas y por esa razón escogí varias, aunque ninguna de estás hermosas flores iguala tu belleza, querida Amelie.
Te extraña,
tu anticuado admirador."
Sonrío contenta y decido que lo mejor sería poner las flores en agua.
Hoy no tenía que ir al bar, ya que hoy estaría tocando una banda y estarían toda la noche allí.
Acomodo las flores dentro del jarrón con agua, las dejo en el mueble donde las había apoyado cuando estaba leyendo la nota.
—Este hombre tiene muy buen gusto para las flores —dejo la nota junto al jarrón y vuelvo a mi habitación.
Veo como la pantalla de mi teléfono se ilumina, lo tomo y veo que es una notificación de i********:.
Desbloqueo el teléfono, ingreso al apartado de notificaciones de la aplicación y allí se ve que Blake también comenzó a seguirme, además de darle me gusta a la última imagen que había publicado, en la cual estaba cantando en el bar.
Me llega un mensaje de Blake en i********:, rápidamente ingreso a su chat.
"Blake Turner: No sé si trabajas para el FBI o que, pero no recuerdo haberte dicho mi apellido, Amelie."
Yo sonrío y comienzo a escribir.
"Amelie Bennett: Tuve que recurrir a tu abuelo, ya que me dijiste que te llamará, pero maga no soy para llamarte sin tener tu número."
"Blake Turner: Cuando conducía a casa recordé ese pequeño detalle."
"Blake Turner: ¿Cómo has estado estos días, Amelie?"
Me recuesto en mi cama y continúo hablando con él.
"Amelie Bennett: Muy bien, las noches en el bar son cada vez mejores. Además de eso, no sé qué más decirte."
"Amelie Bennett: ¿Y tú cómo has estado?"
Tarda unos segundos en responder, pero finalmente lo hace.
"Blake Turner: Me encanta saber que tu faceta de cantante este siendo buena."
"Blake Turner: Yo estoy agotado, aún no he salido de la empresa."
Yo hago una mueca.
"Amelie Bennett: Ni siquiera siendo jefe tienes tiempo libre."
Recuerdo la imagen que había compartido él del perfil de la chica castaña.
"Blake Turner: ¿Hoy cantas en el bar?"
"Amelie Bennett: No, es mi noche libre."
Ninguno de los dos vuelve a escribir nada, pero decido enviarle un último mensaje.
"Amelie Bennett: Gracias por las flores, me encantaron."
"Blake Turner: Que bueno que te hayan gustado
Decido ingresar a su perfil y dedicarme a observar una de sus fotografías, donde él estaba en la oficina con su laptop de fondo.
Vuelve a llegar otro mensaje de Blake, ingreso a su chat y lo leo.
"Blake Turner: En la parte de atrás de la tarjeta te dejé mi número escrito ;)"
Me levanto de la cama y voy de forma apresurada hacia el jarron, tomo la tarjeta y agrego su número a mis contactos.
Allí decía "ahora si podrás llamarme, pequeña".
Aprieto su contacto y luego lo llamo, al segundo tono me responde.
—Al fin conseguí el número de mi cantante favorita —su comentario me hace sonreír.
—Es que dicen por ahí que los números de cantantes son difíciles de conseguir —lo escucho reír—. Pero fuiste afortunado —me siento sobre el respaldo del sofá.
—Créeme, me siento mucho más que afortunado, pero no solamente por tener tu número —hace una pausa—, sino por haberte conocido —observo las flores.
—Tu abuelo me contó que has aumentado más la frecuencia de tus visitas —escucho como cierra puertas.
—Imagino que te agradeció —yo asiento como si me viese.
—Pues sí —camino hacia la cocina para sacar una botella de agua del refrigerador—. Se veía mucho más animado que el día que me dijo que quería verte más con él —abro la botella y bebo un sorbo de agua.
—¿Estás en tu casa? —cambia de tema abruptamente.
—¿Dónde más estaría?
—No sé —musita—. Quizás estabas con tu amiga o acompañándola en el bar —yo niego como si fuera capaz de verme.
—¿Aún sigues en la oficina? —me apoyo sobre la encimera.
—Sí —se escucha un sonido extraño—. Amy, debo dejarte así termino con un informe para mañana —habla de forma rápida.
—De acuerdo —guardo la botella de agua en el refrigerador—. Hablamos luego —suspiro.
—Eso tenlo por seguro —finalizo la llamada.
Hago que mi teléfono comience a dar vueltas en mi mano y mis ojos se quedan fijos en el suelo; desde que salí de la casa de reposo no ha habido un solo día donde no piense acerca de lo que el abuelo de Blake me dijo.
—¿Cómo es posible que existan cosas así aún? —musito en la soledad.
Recuerdo la imagen que había compartido con esa chica: ¿Y si ella era su prometida?, ¿si se iba a casar con ella y aún no me ha dicho nada?
El sonido del timbre me obliga a volver en si, sacudo mi cabeza y camino hacia la puerta. Dejo mi teléfono en el mueble, junto al jarrón con las flores y abro la puerta.
Blake se voltea sobre su cuerpo y sonríe al verme, estaba vistiendo un perfecto traje gris, con una camisa blanca que se ajustaba a sus pectorales y una corbata celeste.
—¿Qué haces tú aquí? —musito, mientras que me recuesto sobre el umbral de la puerta.
—Pues, necesitaba verte —da un paso hacia mí—. Quería verte hace días —acaricia mi mejilla y yo disfruto su tacto.
Coloco mi mano sobre la suya, pero después me hago a un lado.
—Pasa... —da un asentimiento y se adentra a mi casa.
Cierro la puerta y veo que está observando las flores.
—Se ven mejor de lo que pensaba —yo bajo mi mirada.
—¿No estás cansado? —me siento sobre el respaldo del sofá con los brazos cruzados sobre mi pecho.
—Algo sí —se quita el saco y lo deja colgado en el perchero—, pero ya te dije que te extrañaba y necesitaba verte —se coloca entre mis piernas y sostiene mi rostro entre sus manos.
—¿Tienes hambre? —niega—. ¿Quieres algo de beber? —vuelve a negar—. ¿Puedo ofrecerte algo?
—¿Podrías abrazarme? —lo observo con detenimiento; no me había percatado, pero tiene las bolsas de debajo de sus ojos bastante marcadas, los ojos rojos y parece... ¿triste?
—Claro... —balbuceo y envuelvo su cuerpo entre mis brazos.
Blake me sujeta con fuerza y escucho como suspira con profundidad; acaricio su espalda con delicadeza y siento mis cosas atravesando mi cuerpo.
—No sabes cuánto necesitaba este abrazo... —escucho su voz algo quebrada.
Yo beso su mejilla y me alejo un poco, observo sus ojos y están cristalizados.
—¿Qué sucede, Blake? —él intenta sonreír y baja su mirada.
—Fueron unos días complicados, Amy —sus ojos se dirigen al techo y pasa la lengua sobre sus labios—. Si no vine antes o tuve que estar lejos no fue por mi decisión —lo observo confundida.
—No estaría comprendiendo que es lo que quieres decir —acaricio su hombro dándole mi apoyo—. Pero puedes contar conmigo para lo que sea —medio sonrío.
—Mi madre murió —en ese momento veo como una lágrima resbala su mejilla.
—Créeme que lo lamento mucho —limpio esa lágrima que decoraba su mejilla—. Sé lo que sientes en este momento —Blake cierra sus ojos y sostiene mi mano con delicadeza.
Unos minutos más tarde estamos abrazados sobre mi cama, no nos acostamos, solamente le ofrecí quedarse a pasar la noche porque no lo veía bien y sé que necesita todo el apoyo que se pueda.
Se abraza a mi cintura y recuesta su cabeza sobre mis pechos. Acaricio su cabello con delicadeza y con mi otra mano su espalda.
—Me gusta estar entre tus brazos —murmura con los ojos cerrados.
—¿Estás una milésima mejor? —asiente.
—Te necesitaba a ti —en ese momento siento como mi corazón comienza a latir más rápido—. Me calma oír los latidos de tu corazón —ríe por lo bajo.
—¿Puedo decirte algo?
—Claro que sí —se acomoda más en mis pechos.
—Tu mamá siempre te acompañará en el lugar que se encuentre —continúo acariciando su cabello—. Sé que es un momento muy difícil para ti, te diría que el tiempo calmara el dolor, pero te mentiría porque perdí a mi mamá hace diez años y aún duele —contengo mis ganas de llorar.
—No sé si eso me ayuda o me lanza más al abismo —ambos reímos levemente—. Lamento mucho que hayas perdido a tu madre también.
—Ahora nuestros padres se conocerán y hablarán de sus pequeños tesoros —abre sus ojos y me observa.
—Tienes la mirada vidriosa —susurra—. Ambos somos un desastre —sostiene mi mentón y dejo un beso sobre su frente.
—Ninguno puede ayudar al otro —hago una mueca.
—Ven aquí —se coloca un poco más arriba y me envuelve entre sus brazos—. Me gustaría permanecer así y congelar el tiempo —me acomodo sobre su pecho.
Él comienza a acariciar mi cabello y yo hago lo mismo con su brazo. No sé cuánto tiempo pasa, pero acabo por quedarme dormida.