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3380 Palabras
Abro mis ojos de forma lenta y un dolor muy fuerte en mi cabeza; analizo el lugar y es todo blanco impoluto, observo la cama y es una camilla de hospital. —¿Cómo llegué aquí? —suspiro y volteo mi cabeza hacia mi lateral. Me sorprendo totalmente al encontrarme con Blake dormido en la silla que está junto a la camilla. —Ay, no —paso mis manos sobre mi rostro. De la nada Blake abre sus ojos y se acomoda con rapidez en la silla. —Despertaste, Amelie —me sonríe. —¿Qué haces tú aquí? —vierte agua dentro de un vaso y me lo entrega—. Gracias —doy un sorbo al agua. —Te seguí en la madrugada, pero fui caminando y cuando llegué a ti ya era tarde —tuerce sus labios—. Te encontré desmayada y decidí traerte a un hospital —dejo el vaso sobre la mesa que había al lado de la camilla. —Yo tengo que irme de aquí —me levanto de la cama—. Wow... —un gran mareo me invade y Blake se levanta con rapidez. —Es mejor que vuelvas a recostarte —me ayuda a sentarme. —Tengo que salir del hospital porque no podré pagarlo ni vendiendo mi casa —él niega. —Yo ya me hice cargo de eso —lo observo seria. —¿Qué tú hiciste que? —rodea sus ojos. —Hice que mi seguro médico cubriera tu estadía aquí... —balbucea. —Ni siquiera debías ayudarme —cubro mi cuerpo con las sábanas. —No pensaba dejarte sola ahí tirada, cualquiera podría haberse propasado al ver la situación —lo observo con atención—. Sé que no querías que te siga, pero no pude no hacerlo —suspira. —Pues, gracias, Blake —musito—. ¿Sabes dónde está mi bolso? —se levanta de la silla, se acerca al sofá y vuelve hacia mí con mi bolso. —Aquí tiene, bella dama —hace una reverencia y yo río. —Muchas gracias —le sonrío. Observo el bolso y veo que el sobre con dinero que Frank me había entregado ya no está. —Que hijo de puta, que hijo de puta —suelto enojada y dejo el bolso sobre la mesa a mi lado—. Voy a matarlo —Blake me observa sin entender. —¿Qué sucedió? —El imbécil de Connor me robó el dinero que Frank me había dado —masajeo el puente de mi nariz. Un doctor ingresa en la habitación y me observa con una sonrisa. —Que bueno que haya despertado, señorita Bennett —escribe en su planilla—. ¿Cómo se siente? —Bien, me duele un poco la cabeza, pero bien —él asiente. —Perfecto —deja la planilla sobre la camilla y se acerca a mí con una pequeña linterna—. Tú solamente debes seguir la luz —asiento y el comienza a mover la luz frente a mis ojos. Me hace algunos análisis de rutina más y luego vuelve a tomar la planilla entre sus manos. —Si todo continúa bien podrá volver a su casa antes de que anochezca —veo a Blake extraño. —¿No le parece muy pronto, doctor? —cuestiona él. —No lo creo, señor —guarda el bolígrafo en su bata—. Cómo le contaba antes, las tomografías y los estudios que le hicimos a su prometida cuando llegó están limpios, no tiene ningún problema, si todo continúa así, puede irse —dejé de escuchar cuando dijo "prometida". —Bien, doctor —él da un asentimiento—. Muchas gracias por todo —estrechan sus manos. —Luego vengo con el alta médica de su mujer —Blake asiente y el doctor sale de la habitación. Vuelve su mirada hacia mí y parece nervioso. —¿Prometida? —arqueo mi ceja y él rasca su nuca agobiado. —Si no decía algo de eso no me dejaban pasar, Amy —explica con prisa—. ¿Tienes hambre o algo? —se acomoda nuevamente en la silla. —Estoy bien —hago una pausa—, señor prometido —reímos. || ... || Blake abre la puerta de mi casa y me deja el paso. —Gracias... —balbuceo e ingreso a la sala, él me imita y cierra la puerta. —Ahora, tú te duchas y acuestas mientras yo te preparo algo para cenar —deja su chaqueta en el perchero. —Blake... —musito—. No debes hacer esto, estoy bien, puedo sola —él me sonríe y niega. —Pues de aquí me sacarás a patadas, preciosa —me guiña—. Ve a darte una ducha y relajarte un poco —levanta las mangas de su camisa. —¿Serás mi enfermero? —Soy tu enfermero personal —asiente lentamente—. ¿Esa es la cocina? —señala tras mi espalda. —Sí, allí es —balbuceo. —Ahora te llevo la comida —camina hacia la cocina y allí se pierde. Me dirijo hacia el baño, cierro la puerta con seguro, abro la llave del agua y comienzo a desnudarme en lo que el agua se calienta. Poco después, estoy disfrutando el contacto que el agua caliente en mi piel. Masajeo mi cabello con el shampoo y luego lo enjuago con lentitud. Unos veinte minutos después, ya estoy envuelta en una toalla caminando hacia mi habitación para ponerme un pijama. Me coloco unas bragas, un short blanco y una camiseta gris bastante holgada. Quito la toalla de mi cabello y vuelvo al baño para dejar las toallas. Salgo del baño con el cepillo en mi mano y camino hacia la cocina, hay un aroma exquisito saliendo de la cocina. —Huele muy bien —menciono mientras cepillo mi cabello mojado. —¿Te parece? —asiento con una sonrisa. —¿Qué es lo que estás haciendo? —me acerco a las cacerolas. —Un estofado de pollo y verduras —remueve el contenido de la cacerola—. En veinte minutos estarás cenando —limpia sus manos con el paño de cocina. —Lo último que imaginé es que fueras cocinero —comienza a reír. —Cocinero no, pero me defiendo un poco, Amy —da pasos hacia mí, hasta detenerse a poco centímetros de distancia—. ¿Te hizo bien la ducha? —Sí —paso mi lengua sobre mis labios—. ¿Tú no tendrías que ir a tu casa, al trabajo o algo? —esconde una risa. —¿No te gusta que te ayuden? —aparta mi cabello de mi rostro. —No me gusta que dejes tus actividades por mi culpa —murmuro. —Cancelé las reuniones que tenía hoy en la empresa y respondí correos cuando estuvimos en el hospital —analiza mi rostro—. Además, soy mi propio jefe; así que, no debes preocuparte —sostiene mi mentón. —No deberías preocuparte tanto por mí —su pulgar acaricia mi mejilla. Se acerca mi rostro y une sus labios a los míos con lentitud y delicadeza, pero también con mucha pasión. Siento como su mano me sostiene por la nuca y ese beso se vuelve aún más intenso, pero sus manos bajan y se aferran a mi cintura con fuerza, yo simplemente coloco mis manos sobre sus pectorales y correspondo al beso con el mismo, o aún más, deseo con el que él lo inicio. Me separo con lentitud de sus labios, bajo mi cabeza y aprieto mis labios mientras que cierro mis ojos; lo escucho suspirar y luego besa mi frente. —No debí hacer eso —balbucea y yo niego. —Está bien —lo observo y medio sonrío—. Iré a dejar esto en el baño —le enseño el cepillo. —Yo acabaré con la cena —asiento y salgo de la cocina a toda velocidad. Llego al baño y dejo el cepillo encima del lavabo; me observo en el espejo y suspiro de forma pesada. —No puedes sentir atracción por él... —me hablo frente al espejo—. Todavía es muy pronto, Amelie —paso mis manos sobre mi rostro. Observo la ropa que había dejado en el suelo y la lanzo dentro del cesto de la ropa sucia, mañana la lavaré. Me quedo unos largos segundos observándome en el espejo y pensando todo lo sucedido en los últimos días, todo está siendo una locura, de lo que sí estoy segura es que no pienso llamar al productor que me presentó Blake, no creo que todo sea tan fácil como se me ha presentado. —¡Amelie! —escucho a Blake por el pasillo y se detiene en la puerta del baño—. Aquí estás —lo observo. —¿Qué sucedió, Blake? —La cena ya está lista —asiento—. ¿Estás bien? —entrecierra sus ojos un poco. —Ahora voy —medio sonrío—. Y si, estoy bien, tranquilo —luce poco convencido, pero desaparece. Vuelvo a observarme en el espejo. —Tienes que ser fuerte, Amy... —paso saliva y salgo del baño caminando hacia el comedor. Hay dos tazones en la mesa, los cuales desprendían humo, también había dos vasos con agua y otro tazón con rodajas de pan. —Se ve muy bien —tomo asiento y él me imita. —Espero que también tenga buen sabor —me entrega una cuchara. —Gracias —llevo una cucharada del estofado a mi boca y lo saboreo, está delicioso—. Pues ahora quiero la receta —hablo luego de haber pasado la comida. —Es un halago entonces —me muestra sus brillantes dientes. Cenamos en silencio e intercambiamos miradas de vez en cuando, no me siento incómoda sino que siento algo que no soy capaz de describir, pero me gusta esa sensación. Blake ya había acabado su cena, estaba bebiendo agua sin quitarme la mirada de encima. —¿Por qué me miras tanto? —cuestiono llevándome la última cucharada de estofado a la boca. —Me preocupe mucho cuando te encontré tirada en ese callejón —suspira. —Estoy perfecta —le sonrío—. Tengo que llamar a Frank para avisarle que hoy no iré —él alza su mano y me detiene. —Cuando estabas inconsciente llamó, yo decidí atender y le conté lo que sucedió —parpadeo varias veces—. Dijo que lo mejor sería que descanses y vuelvas el lunes en la noche. Ahora, lamento haber tomado tu teléfono sin permiso —cruza sus brazos sobre la mesa. —Al final te tomaste en serio el papel de prometido falso —ambos reímos—. Me ahorraste una cosa al menos —me levanto de la silla y levanto las cosas sucias. —¿Qué haces, Amelie? —Voy a lavar las cosas —camino hasta la cocina y comienzo a lavar con tranquilidad. —Tú deberías estás acostado y yo lavando eso —se coloca a mi lado. —Me llevaste al hospital, me acercaste a casa y cocinaste —una sonrisa se forma en sus labios—. Te prometo que lavo esto y me acuesto, papá —enjuago el segundo tazón y lo coloco en el escurreplatos. —Prefería más el papel de prometido falso —ambos reímos. Un teléfono comienza a sonar. —Es el mío —lo saca de su bolsillo y suspira al leer la pantalla. —Responde, tranquilo —asiente y desaparece de la cocina. Acabo de lavar todas las cosas, cierro el fregadero, seco mis manos con el paño de cocina y luego la encimera. Salgo de la cocina y camino hacia mi habitación, pero me detengo al escuchar la voz de Blake. —No, ahora no puedo, tío —coloca su mano sobre la pared—. Ya te dije que no estoy en casa —suspira—. Pero no necesito cumplir esa maldita cláusula, la empresa está funcionando mejor que nunca y ni siquiera cumplo la mitad de lo que el abuelo pedía —está molesto. Me escondo detrás de la pared para que no me vea. —¡No pienso casarme! —exclama—. ¿Y que? —hace una pausa—. Yo dije que no iba a casarme por esa dichosa cláusula, si algún día eso llega suceder será por amor y no por beneficio —yo arrugo mi entrecejo—. Entonces que me saquen de la empresa —masajea el puente de su nariz—. Solamente les voy a advertir que si él se vuelve a hacer cargo de la empresa volverá a caer al lugar del cual tuve que levantarla —finaliza la llamada y restriega su rostro. Salgo de mi escondite y hago como si acabase de llegar al pasillo. —¿Todo bien? —se sobresalta y voltea hacia mí. —Sí, estupendamente —finge una sonrisa. —¿Seguro? —arrugo mi entrecejo—. Es que te escuché gritar... —él niega. —Lo que pasa es que tengo empleados un poco ineptos y me sacan de mis cabales —yo asiento lentamente. —Voy a cepillarme los dientes —informo antes de ir al baño. Cepillo mis dientes con calma y trato de entender las cosas que escuche decir a Blake. ¿Por que necesitará casarse? Enjuago mi boca y salgo del baño, Blake aún estaba allí de pie, parecía tenso. —¿Quieres darte una ducha o algo? —me observa y sonríe de lado. —¿Me dejarás pasar la noche aquí? —da un paso hacia mí y yo acabo de caer en cuenta de lo que le ofrecí—. ¿O prefieres que me vaya? —analiza mi rostro y sus ojos se detienen unos segundos en mis labios. Me pongo en puntillas y acerco a sus labios, él aparta un mechón de cabello de mi rostro para luego trazar el contorno de mi labio inferior con su pulgar. —¿Puedo bes... —no dejo que acabe su pregunta, ya que atrapo sus labios en un beso repleto de frenesí. Sus manos van hacia mis glúteos y me eleva en el aire, inmediatamente mis piernas se abrazan a su cintura y mis brazos a su cuello. Mis labios abandonan los suyos y besan su cuello, puedo escucharlo gruñir sobre mi oído. El timbre se escucha por toda la casa y doy un brinco encima de Blake. —Déjame en el suelo, Blake —le pido, pero intenta volver a besar mis labios—. Blake... —jadeo sintiendo su erección debajo de mi trasero. —No quiero dejarte —el timbre vuelve a sonar—. Ya se irán —yo vuelvo a besar sus labios, pero escucho el típico toquido de Claire. Me bajo de un salto y él se queja. —Amy... —me toma por la muñeca—. Por favor, ven aquí —muerdo mi labio inferior observándolo. —Es Claire —menciono y acomodo mi ropa—. Debes irte —paso saliva y él suspira. —¿Puedo pasar al baño antes? —asiento y camino hacia la puerta mientras que el timbre continuaba sonando. —¡Ya voy! —exclamo y abro. —Que bueno que estás bien, Amy —me envuelve entre sus brazos—. Me asusté mucho cuando Frank me dijo lo que te había sucedido —acaricia mi espalda. —Estoy bien, Claire —musito riendo—. ¿Quieres pasar? —asiente y se introduce en mi casa. Deja su bolso colgado en el perchero y observa la chaqueta de Blake. —¿Estás con alguien? —cierro la puerta y no respondo—. ¿Acaso es el chico del bar? —mueve sus cejas de forma frenética. —No digas nada, Claire —hago una señal de silencio con mi índice y ella comienza a dar saltitos. Blake aparece detrás de Claire. —Yo ya me marcho, Amelie —le paso su chaqueta—. Gracias —se la coloca y observa a mi amiga—. Hola, Claire —mi amiga mueve su mano en el aire. —Hola, tú —besa la mejilla de Blake. Él se acerca a mí y deja un beso cerca de la comisura de mis labios. —Si necesitas algo me llamas —musita y asiento—. Adiós, chicas —sale de mi casa. Observo a Claire y parece una niña pequeña con un nuevo juguete en su posesión. —¿Por qué estás así? —cuestiono y ella sonríe. —¿Qué hacia él aquí? —Me encontró en el callejón inconsciente, me llevo al hospital y luego me trajo a casa —explico de forma rápida. —¿Connor te lastimó? —muevo mi mano en señal de "más o menos"—. A ese idiota lo mataré, te juro —habla entre dientes. —¿Quieres quedarte a dormir hoy? —sus ojos se iluminan—. Estoy algo asustada y no quiero quedarme sola... —Claire me abraza nuevamente. —Estaré siempre para ti, tonta —murmura en un tono suave—. Aunque puede que prefieras a Blake en tu cama —ambas reímos. Pocos minutos después, Claire se había dado una ducha y puesto uno de mis pijamas; ya estábamos ambas acostadas en mi cama viendo una película romántica que ella había escogido. Recuesto mi cabeza sobre su hombro y de la nada recuerdo la conversación que escuché de Blake con su supuesto tío. —¿Te sientes bien, Amy? —asiento con lentitud—. Estás muy callada... —me obliga a sentarme bien. —Hoy escuché algo extraño —sus ojos se posan sobre mi de forma atenta. —¿Es un mafioso acaso? —le doy un golpe suave en su hombro—. Ya paro —alza sus manos en el aire—. ¿Qué fue lo que escuchaste? —Que no se iba a casar por una cláusula de la empresa donde trabaja, que si lo hacía sería por amor y no por beneficio —la cara de mi amiga comienza a transformarse—. Si no aceptaban su decisión, dijo que prefería que lo echarán hasta de la empresa —ella parpadea varias veces. —No entiendo nada —sacude su cabeza. —Yo menos —recojo mi cabello en un rodete. —¿Por qué debería casarse? —Por lo que entendí, su abuelo puso una cláusula en la empresa y, uno de los puntos, es estar casado —ella analiza todo lo que acabo de decir—, pero no entiendo nada —suspira. —¿Y si está en negocios oscuros? —yo niego inmediatamente. —No parece ser de esas personas —recuesto mi espalda sobre la cabecera de la cama—. Pero me resulta extraño todo eso —asiente mordiendo sus uñas. —Yo creo que deberías hablarle —niego inmediatamente—. Pero es la mejor forma para saber de qué se trata —hago una mueca. —Se va a enojar —Claire acaricia mi cabello—. Me dijo que lo llamará y ni siquiera tengo su número —ella comienza a reír—. No es gracioso —la observo. —Le hiciste algo que ni siquiera recuerda que no te ha dado su número —yo muerdo mi labio—. ¿Al menos sabes su apellido? —no respondo—. ¡Amelie! —exclama. —¿Y si dejo de verlo por unos días? —ella suspira. —Mejor duerme, Amy —se acomoda en la cama y me da en la espalda—. Y será muy difícil no verlo, si no lo ves en el bar estará en el residencial —al decir "residencial" se me ocurre algo. —¡Ya sé! —exclamo, pero ella me lanza una almohada—. Le preguntaré a su abuelo, mañana iré al residencial —Claire hace un pulgar hacia arriba. —Pero primero tienes que dormir —musita.
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