Blake.
Ver a Amelie llegar no me ha dejado hacer nada con claridad, no he dejado de pensar en ella desde que dejé las invitaciones a su abuela.
Taylor se abraza a mi cuello y yo la sostengo por la cintura forzando una sonrisa con los demás.
—No es necesario que estés colgada, Taylor —balbuceo y ella baja sus brazos.
Llegan los señores Peterson y nos saludan con alegría.
—Los felicito mucho por esta unión —saluda el señor Peterson—. Fue una gran sorpresa saber que estaban juntos —él palmea mi hombro.
—Son una pareja de revista —habla la esposa del señor Peterson—. Imagino lo perfectos que serán sus hijos —en ese momento aprieto mi mandíbula.
—Serán perfectos, sí —sonríe Taylor.
—Les agradecemos por asistir —yo interrumpo—. Pueden pasar y beber lo que gusten —les doy paso y ellos continúan caminando.
Espero a que los Peterson se alejen lo suficiente.
—¿Cómo se te ocurre hablar de hijos frente a ellos? —Taylor se encoge de hombros.
—Es lo más normal del mundo, cariño —acaricia mi pecho sobre la camisa—. Luego de casarnos hay que planear la familia —su mano va a mi mejilla.
—No es el momento —musito cerca de sus labios.
Me alejo en cuanto veo que Amelie camina hacia nosotros.
—Vengo a felicitar a la pareja —nos envuelve en un abrazo e, inconscientemente, mi mano se posa sobre su cintura—. Son una pareja hermosa —añade, siento que todo lo que está diciendo es mentira.
—Te lo agradecemos muchísimo —Taylor toma su mano y le sonríe—. La cena iniciará en unos minutos, puedes sentarte junto a nosotros —Amy me observa.
Obviamente que estaría sentada junto a nosotros, más específicamente junto a mí porque así pedí que fuera.
—Muchas gracias por venir y por sus palabras, señorita Bennett —intento sonreír.
—¿Trabajas en la empresa de Blake? —iba a responder, pero Amelie niega rápidamente.
—Nos conocemos por nuestros abuelos —explica de forma apresurada—. Pero nada más.
—Eres una mujer muy hermosa —halaga Taylor.
—Tú también estás espléndida —veo una sonrisa fingida sobre los labios de Amelie.
—¡Gloria! —exclama Taylor—. Enseguida vuelvo, cariño —deja un beso sobre mis labios y se va corriendo.
Pido mi mirada en los ojos de Amelie y aprieto mis dientes un instante.
—Creí que no vendrías, Amy... —confieso y asiente.
—Estuve a punto de no hacerlo —analizo su vestimenta, su cuerpo, todo lo que es ella.
Veo como toma una copa que el mozo lleva en la bandeja y se la bebe de un tirón.
—Te ves más hermosa que nunca, Amelie —ella baja su mirada—. Sé que no tendría que decir esto, pero es lo que pienso —algo dentro de mí dice que debería acercarme más a ella.
—Solamente estoy aquí porque tú me invitaste —me recuerda—. Vine a celebrar con la feliz pareja que se casa en dos semanas —noto alegría fingida en su rostro.
—Sabes que de feliz no tiene nada —observo detrás de Amelie y veo que Claire está caminando hacia nosotros—. Tu amiga te está buscando —aprovecho que se voltea y me alejo de ella.
—¡Hey, tú! —escucho la voz de Michel y me detiene.
—¿Qué sucede? —suspiro y observo a Amelie.
—Esa mujer te está volviendo loco, hermano —coloca su mano sobre mi hombro—. Debes disimular, al menos hoy... —mis ojos se clavan en el suelo.
—Está demasiado hermosa, Michel —paso mis manos por mi rostro—. No sabes las ganas que tengo de ir a besarla o llevarla lejos de esta mierda —Michel palmea mi mejilla un par de veces.
—Te espabilas porque Taylor y tu tío están a pocos metros de aquí —señala—. Tu tío descubrirá que ella es la mujer que de verdad te importa y la lastimara —habla en tono bajo para que los demás no escuchen—. ¿Acaso quieres que le hagan algo malo?
—Claramente no —respondo de forma apresurada—. Pero la extraño —esboza una sonrisa ladeada.
—Estoy deseando que Taylor se distraiga y tú corras tras Amelie para besarla —niego y suspiro.
Poco después estábamos todos cenando, de a momentos Taylor se acercaba para besar mis mejillas o hacerme alguna que otra caricia.
Veo como mi tío se levanta de su lugar y yo bajo mi mirada.
Esto tiene que ser una pesadilla.
—Ahora que tengo la atención de todos —observa a a todos los que estamos en la mesa—. Quiero felicitar a la nueva pareja, desearles lo mejor para ustedes y mucha felicidad en esta nueva etapa que están a punto de emprender juntos —posa sus ojos sobre mí—. Sobrino, te auguran muchas cosas buenas junto a esta maravillosa mujer —tomo mi copa de champagne y doy un sorbo—. ¡Salud! —exclama y alza su copa.
Taylor se levanta de su lugar con su copa en mano.
—Yo quiero agradecerles a todos los que están aquí por haber venido —sonríe con amplitud—. Es uno de los mejores días, no digo que el mejor porque será en dos semanas —guiña y acaricia mi espalda—, pero estoy muy feliz de poder comprometerme con el hombre del cual estoy enamorada y compartir este momento con gente tan genial —alza su copa—. ¡Salud! —exclama y vuelve a sentarse, no sin antes volver a besarme.
De reojo puedo ver como Amelie se baja su copa de un sólo sorbo.
Con total disimulo coloco mi mano debajo de la mesa y comienzo a acariciar la pierna de Amy, la cual, gracias a la apertura de su vestido, está desnuda. Noto que su piel se eriza en cuanto mi mano comienza a subir.
Alza su mano en el aire, el mozo llena su copa, pero ella vuelve a vaciarla en un instante.
Mi mano comienza a subir más por su muslo, pero decido apartarla en cuando siento que se mueve para levantarse.
—Voy a la barra y saldré a tomar aire —avisa a su amiga.
—¿Quieres que te acompañe? —ella niega y se aleja de la mesa.
Veo como espera en la barra su bebida para luego subir por las escaleras; podría estar yendo al baño o a la terraza.
Paso unos segundos más allí hasta que decido levantarme de mi lugar.
—¿Te vas, cariño? —cuestiona Taylor.
—Tengo que ir al baño —beso su frente y subo las escaleras.
La luz del baño está apagada; así que, continúo hacia la terraza y en cuanto llego me la encuentro de espaldas a mí.
—Amelie... —oigo como suspira.
—Vuelva con su prometida, señor Turner —continúa de espaldas—. No creo que le guste que su futuro esposo la deje sola —comienzo a caminar hacia ella y me detengo a pocos metros de distancia.
—¿Por qué me tratas de usted? —cuestiono cerca de su oído y da un respingo—. No deberías beber tanto —menciono observando su margarita.
—Y usted no debería estar aquí —en ese momento voltea hacia mí—. Vaya, su prometida lo espera —señala la puerta.
—No me hables así... —murmuro y coloco mi mano sobre su mejilla—. Estoy conteniendo las inmensas ganas que tengo por besarte o por salir corriendo junto a ti de este lugar —mi pulgar acaricia su rostro.
—Blake, no hagas esto —coloca su mano sobre la mía y la baja—. Con esto solamente nos hacemos daño —me acerco más a ella y sostengo su mentón en mi mano.
—Nos hacemos daño no estando juntos —deja su copa encima del barandal y abraza mi cuello con sus brazos—. Eres importante para mí, Amelie —mascullo y uno sus labios a los míos en un necesitado beso.
Mis manos sujetan con fuerza su cintura, esta vez no necesita colocarse en puntillas, ya que con los tacones que lleva es suficiente. Una de sus manos va a mi nuca y se encarga de profundizar ese maldito beso.
Nos separamos por falta de aire.
Acaricio su labio inferior con mi pulgar, nuestras respiraciones se mezclan al tratar de regularlas.
—Te extrañaba demasiado, Amy —balbuceo y observo sus ojos.
—Esto está mal, Blake —noto como pasa saliva nerviosa—. Vas a casarte con Taylor —yo asiento.
—Por razones que escapan de mí —sostengo su rostro entre mis manos—. Taylor ni siquiera me atrae como mujer. No consigo hacer que abandones mi cabeza un segundo —apoyo mi frente sobre la suya.
—¿Y por qué lo haces? —su voz se quiebra.
No puedo decirle que es porque mi tío está empeñado con encontrarla y hacerle daño.
—No tuve opción... —suspiro—. Ni siquiera puedo acostarme con Taylor y no recordarte a ti desnuda —ella vuelve a besarme con necesidad.
La pego más a mi cuerpo y Amelie jadea en el momento que pego mi erección a su intimidad.
—¡Amy! —exclama su amiga y ambos nos separamos—. ¿Se puede saber que están haciendo ustedes aquí? —se acerca hacia nosotros, en ese momento veo que tiene a Michel detrás.
Jala a Amelie del brazo, alejando a su amiga de mí.
—¿Son idiotas o que? —suelta mi amigo—. Puede verlos cualquiera aquí —lo observo serio.
—Tú sabes cómo son las cosas, Michel —le recuerdo y veo como Amelie acaba de beber su copa.
Su amiga le dice algo en un tono bajo y Michel me obliga a observarlo.
—Tienes que ir al baño y volver allí —señala la puerta—. Taylor te está buscando —devuelvo mi mirada hacia Amelie para finalmente caminar hacia el baño.
Enciendo la luz del lugar, me observo en el espejo y veo que tengo labial rojo sobre mis labios. Me limpio con papel y cuando siento que ya no hay rastros, salgo del baño para encontrarme con Michel.
—¿Y Amelie? —él niega repetidas veces.
—Aún está hablando en la terraza con Claire —iba a ir allí, pero me detiene—. Ni lo pienses —suelta en tono serio.
—Quiero ir con ella, Michel —niega.
—Recuerda lo que podría suceder —señala—. Tienes que volver allí con Taylor —vuelvo al salón a a regañadientes.
|| ... ||
En tres días me casaría con Taylor y lo único que quiero es desaparecer de Los Ángeles por arte de magia para no tener que vivir ese momento.
Siento los besos de Taylor sobre mi pecho desnudo y también como coloca su pierna encima de mi cadera.
—No estoy de humor ahora, Taylor —suspiro y aparto su pierna.
—Lo hicimos hace horas —me recuerda—. Pero tengo ganas de volver a sentirte —hace que voltee mi rostro para besarme, pero yo me levanto de la cama.
Vuelvo a ponerme los bóxers y continúo con el resto de mi ropa.
—¿Piensas dejarme sola? —se sienta en la cama cubriendo sus pechos con las sábanas de su cama.
—Te dije que no estoy de humor —calzo los zapatos en mis pies y tomo las llaves de mi coche.
—Quédate, no quiero dormir sola —me acerco a la cama para dejar un beso en su frente.
—Que descanses —salgo de su habitación y cierro la puerta.
Tomo mi teléfono y marco el número de Michel.
Me subo al coche, me pongo el cinturón de seguridad y comienzo a conducir.
—¿Qué onda, hermano? —se escucha lo agitado.
—Necesito un trago y hablar, Michel —suspiro.
—Ahora estoy un poco ocupado —puedo oír una suave risa femenina—. Pero en una hora, como mucho dos, estaré en tu casa —entrecierro mis ojos.
—De acuerdo... —murmuro y finalizo la llamada.
Decido conducir hacia el bar, es tarde, pero si tengo suerte Amelie aún estaría allí o la encontraría a la salida.
Unos veinte minutos más tarde de haber conducido, estaciono el coche fuera del bar, guardo las llaves en el bolsillo de mi pantalón y bajo del coche. Ingreso al lugar y observo el escenario, pero no hay nadie ni siquiera veo a su amiga atendiendo mesas.
Camino hacia la barra y tomo asiento allí.
—¿Qué le ofrezco, señor? —aparece un muchacho frente a mí.
—Un whisky doble sin hielo —él asiente y deja un vaso frente a mí—. ¿Sabes si aún está Amelie? —vierte la bebida en el vaso.
—Se fue hace media hora —me pasa el vaso—. ¿Necesita que le deje algún mensaje?
—No es necesario —doy un sorbo a mi bebida—. Muchas gracias —da un asentimiento y comienza a limpiar unas copas.
Paso más de una hora allí sentado, he perdido la cuenta de cuántos vasos de whisky le pedí al barman. Vuelvo a vaciar el vaso y le hago una seña para que vuelva a llenarlo.
—¿Otro? —asiento y saco mi teléfono con dificultad—. Creo que ya ha bebido demasiado, amigo —va a sacarme el vaso, pero lo detengo.
—Lo vuelves a llenar —arrastro las palabras y él llena el vaso con duda.
Se pone en puntillas y acerca sus labios a los míos. Aparto un mechón de cabello de su rostro para luego trazar el contorno de su labio inferior con mi pulgar.
—¿Puedo bes... —no me permite acabar de formular mi pregunta, dado que sus labios atrapan los míos en un beso repleto de frenesí.
Mis manos van hacia sus glúteos y la eleva en el aire, inmediatamente sus piernas se abrazan a mi cintura y se abraza a mi cuello. Abandona mis labios y comienza a besar mi cuello.
El timbre se escucha por toda la casa y ella da un pequeño respingo en mis brazos.
—Déjame en el suelo, Blake —pide, pero trato de buscar sus labios para volver a besarlos—. Blake... —la pego a mi entrepierna y ella jadea al sentir mi erección.
—No quiero dejarte —el timbre vuelve a sonar—. Ya se irán —vuelve a besar mis labios, pero el timbre suena nuevamente.
Baja de un salto y yo me quejo con un gruñido.
—Amy... —sujeto su muñeca y la acerco hacia mí—. Por favor, ven aquí —veo como muerde su labio inferior con lentitud.
—Es Claire —acomoda su ropa con prisa—. Debes irte —suspiro.
—¿Puedo pasar al baño antes? —ella asiente y se va a abrir la puerta.
Mi teléfono comienza a sonar, no consigo leer quién me está llamando, pero respondo igual.
—Hola —comienzo a beber el nuevo vaso de whisky.
—Estoy fuera de tu casa, Blake —escucho a Michel del otro lado de la línea—. ¿Qué es esa música?
—Estoy en un prostíbulo —comienzo a reír—. Disfrutando mis últimos días de libertad —arrastro las palabras.
—¿Bebiste? —suspira y puedo escuchar como enciende el motor del coche—. Dime dónde estás para ir por ti —suspira.
—¿Dónde más piensas que estoy? —acabo el whisky que quedaba en el vaso.
—En quince minutos estaré en el bar —finaliza la llamada.
—Colgó —quedo observando el teléfono y lo dejo caer encima de la barra—. ¡Amigo! —exclamo y el bartender se acerca a mí.
—¿Quiere la cuenta? —niego.
—Quiero lo que queda de la botella de whisky —señalo con mi índice.
—Yo creo que ya es suficiente —murmura.
—¡Dame la botella! —me levanto del taburete y él da un paso hacia atrás.
—¿Qué sucede aquí? —aparece Frank y me observa—. ¿Blake? —yo le sonrío y muevo mi mano.
—Quiere la botella de whisky, pero me parece que ya es suficiente —responde el chico.
—Hiciste bien, Mike —palmea el hombro del chico—. Necesito que entregues dos cervezas a la mesa 2, por favor —se acerca a la barra y me observa.
—Enseguida, señor —toma dos botellines y se va.
Vuelvo a sentarme en el taburete y suspiro.
—Si estás buscando a Amelie, ella ya no está aquí —asiento lentamente.
—Ya lo sé —apoyo mi mentón sobre mi mano—. ¿La conoces hace mucho?
—Trabaja conmigo hace tres años, digamos que algo conozco de Amy —sonrío de lado—. ¿Por qué siempre vienes aquí a verla?
—Porque es escuchar su voz me ayuda a sentirme mejor y... —bajo mi mirada—, estar cerca de ella o verla hace que escape un poco de toda la mierda en la que me estoy a punto de meterme —masajeo el puente de mi nariz.
—Veo que Amelie te marco bastante —sonríe de lado—. Puedo asegurarte que es una maravillosa mujer, sobre todo muy fuerte —acomoda las botellas que estaban detrás de él.
—Es hermosa —sonrío al imaginarla sonriendo.
—Mira, Blake —se acerca a la barra y lo observo—. No te conozco mucho, pero siento que hay algo especial entre Amelie y tú. Hace tiempo que no la veo con el mismo brillo en la mirada, está apagada y volvió con su ex-novio —aprieto mi mandíbula al oír eso.
—Sí, lo supuse —elevo mis cejas—. Pero no quiero hacerle más daño de lo que ya le hice —Frank coloca su mano sobre mi hombro y me regala una pequeña sonrisa.
—Quien la lastimó fue Connor y no me gustaría que él lo vuelva a hacer —yo asiento—. Tú me gustas para ella. Aunque no quiero que ella sufra, ya ha tenido bastante por una vida... —lo observo confundido.
—¿Puedes darme otro whisky? —pido en un tono suave y me observa con duda—. Si lo que les preocupa es que conduzca ebrio, no lo haré; vienen por mí en un momento —asiente poco convencido.
—Es el último —señala y yo asiento—. Aquí tienes —me pasa el vaso.
Mientras bebo el líquido color marrón desbloqueo mi teléfono, ingreso a w******p y veo que tengo mensajes de Taylor los cuales ignoro; busco el chat de Amelie y veo que se conectó hace dos horas.
Comienzo a escribir con algo de dificultad y envío el mensaje.
"Blake: ¿Estás despierta, Amelie?"
Observo la pantalla por unos largos segundos, su estado cambia a "en línea" y los ticks se vuelven azules, comienza a escribir, pero se desconecta.
—No hagas esas tonterías —me sobresalto al oír la voz de Michel a mi lado—. ¿Aún estás bebiendo?
—¿Quieres? —le extiendo el vaso y niega.
—No, tengo que llevarte a tu casa —se acomoda en el taburete que estaba a mi lado—. ¿La viste? —niego acabando lo que quedaba de whisky en el vaso.
—¿Tú dónde estabas? —lo observo y baja su rostro escondiendo una sonrisa—. ¿Es lo que yo estoy pensando?
—Estaba con Claire —juega con las llaves de su coche—. Pero tuve que dejarla porque tenía que venir por mi querido amigo y a ella la llamó... —hace una pausa.
—¿Quién la llamó? —no responde—. ¿Fue Amelie? —asiente con timidez—. Eso significa que no está con su novio —afirmo y me levanto de mi lugar—. ¡Mike, dime cuánto es todo! —exclamo y él se acerca.
—No harás lo que estoy pensando... —murmura Michel.
—Son... —corto a Mike y le entrego mi tarjeta.
—No interesa, carga el monto allí y listo —guardo mi teléfono en mi bolsillo.
—Blake, no hagas locuras —utiliza su tono firme.
—Aquí tiene —el chico me devuelve la tarjeta y yo la guardo para luego salir.
Digamos que un poco se me mueven las cosas, pero no es el fin del mundo, lo más importante para mí es llegar al lugar donde quiero.
—Espera, Blake —Michel me detiene en el momento que estaba cerca de mi coche.
—Tú solamente quieres que vuelva a casa —me quejo—. Necesito saber si cuento con tu ayuda porque soy capaz de subirme y conducir ebrio hasta la casa de Amelie —suspira y se hace la señal de la cruz.
—Para mí es una locura y voy a arrepentirme —asiente para sí—, pero dime cuál es el plan —sonrío de forma ladeada y palmeo su hombro.
|| ... ||
Estamos sentados en el coche de Michel, ya que él me trajo hasta aquí para que no ocurriera ningún accidente, fuera de la casa de Amelie esperando a que Claire salga.
Lo primero que hicimos fue que Michel llamó a Claire para saber si Amelie estaba con su novio, cosa que no fue así. El plan es, esperar a que Claire salga y se quede aquí con Michel o se vayan a casa de la rubia, mientras que yo ingreso a la casa de Amy.
—No entiendo porque accedí a esto —apoya su codo sobre la puerta del coche.
—Porque eres mi mejor amigo y sabes que esto es por una causa —palmeo su espalda.
Aún tengo los efectos del whisky encima, pero siento que me están dando el valor para estar aquí a punto de hacer lo que quiero hacer.
La puerta principal se abre y yo bajo del coche para caminar hacia allí.
—Va a odiarme por esto —dice ella en un tono bajo.
—Si en cinco minutos no me saca a patadas de aquí, no creo que te odie —ella observa sobre mi hombro.
—Está en su habitación viendo una película, le dije que iba a buscar chocolate a la cocina —yo asiento lentamente.
—¿Y dónde se supone que está el chocolate? —estaba a punto de hablar, pero la voz de Amelie la interrumpe.
—¡¿Lo encontraste, rubia?! —Claire cierra sus ojos.
—Ten —me entrega una barra de chocolate—. Mucha suerte y que la peste a cantina que tienes no arruine nada —me empuja al recibidor y ella sale cerrando la puerta.
Me quito el saco para colgarlo en el perchero, dejo mis llaves y teléfono junto al jarrón donde están las flores que le envié, están algo marchitas ya.
Estaba por ir a la habitación de Amy, pero me detengo al ver como sale de allí.
—¿Por qué tardas tanto, Cl... —sus palabras se cortan al verme—. ¿Qué haces tú aquí? —da un paso hacia atrás.
—Aquí está tu chocolate —lo tiendo hacia ella, pero lo deja en el mueble del recibidor.
—¿Qué haces aquí? —repite, pero seria.
—Estoy a punto de cometer el peor error de mi vida —hago una pausa—, los peores errores... —me corrijo.
—Casarse no es una desgracia, Blake —yo niego.
—Lo es si la mujer con quién voy a casarme no consigue hacer que me desvele por las noches pensando en ella —me acerco hacia ella—. No puedo casarme teniéndote a ti en mi cabeza —acaricio su mejilla y acerco mis labios a los suyos—, deseando despertar y que la mujer que se encuentre entre mis sábanas abrazada a mí seas tú, volver a besarte... —Amelie baja su mirada.
—Estás ebrio, Blake —musita con lentitud.
—Mi corazón está más sobrio que nunca y siente demasiadas cosas por ti —sostengo su rostro entre mis manos—. No me obligues a irme de aquí porque necesito estar contigo ahora mismo —ella coloca sus manos sobre mi pecho.
—Vas a casarte en tres días... —me recuerda y yo asiento—. Estoy con Connor y no quiero sentirme una mujerzuela, estarías engañando a Taylor, ella no se lo merece —sacudo mi cabeza.
—Quiero estar contigo, Amelie —analizo sus ojos—. Me interesas tú, me importas tú... Taylor no significa nada para mí —coloco mi frente encima de la suya.
—Esto no está bien... —no la escucho, solamente uno mis labios a los suyos.
Es un beso lento, pero comienza a volverse cada vez más profundo. Bajo mis manos a su cintura y ella las sube hacia mi cuello, también se pone en puntillas de pie para alcanzar mejor mis labios.
Muerdo su labio inferior con suavidad para no lastimarla y Amy se aleja un poco.
—Voy a prepararte un café y hablamos —murmura y me deja allí de pie.
Camino hacia la sala, pero detengo mi paso al llegar al sofá al sentirme abrazado por un enorme mareo. Con lentitud me siento en el sofá y cierro mis ojos.
—No tenía que beber de esa forma —coloco mi mano sobre mi frente.
Poco a poco me voy quedando dormido.