Blake.
Firmo unos papeles que me acaba de dejar mi secretaria, son sobre un nuevo proyecto de aplicación, la cual es especial para niños y su aprendizaje, aunque no estoy muy de acuerdo con que los niños estén tanto tiempo frente a las pantallas.
—Ya puedes llevártelo, Lizbeth —le entrego la carpeta—. ¿Sabes si aún me queda algo que hacer? —ella asiente.
—Tiene la reunión con los programadores del área de realidad virtual —mis ojos se clavan en el suelo.
—Necesito que la pases para mañana —apago mi computadora—. No me encuentro del todo bien —acomodo mis papeles.
—¿Quiere agua o algún analgésico? —niego.
—Solamente necesito descansar —me levanto de mi silla—. Luego de que acabes con el informe que necesitamos, puedes volver a casa, no es necesario que te quedes aquí —muevo mi corbata.
—Perfecto, señor Turner —estaba a punto de salir de mi oficina, pero se detiene—. Se me olvidaba decirle algo, señor —guardo mi teléfono en mi bolsillo.
—Usted dirá, Lizbeth —la observo atento.
—La señorita Brown llamó —inmediatamente suspiro—, quería cenar con usted. ¿Le envío algún mensaje o algo? —niego.
—Yo la llamaré, Lizbeth —murmuro—. Gracias, puedes seguir con tus actividades —se despide con un asentimiento.
Estaba a punto de salir de la oficina, hasta que mi tío se cuela allí y yo lo observo de malas.
—¿Otra vez tú? —suelto cansado.
—Te quedan 54 días, querido sobrino —palmea mi hombro—. Deberías de comenzar a convivir un poco más con tu futura esposa —coloco mis ojos en blanco.
—¡¿Cuántas veces tendré que decirte que no voy a casarme con Taylor?! —exclamo—. Te he dicho hasta el cansancio que no pienso casarme por esa dichosa cláusula —doy un golpe sobre el escritorio.
—¿Y tú sabes lo poco que le importará al abogado que violes esa cláusula? —habla entre dientes—. Haré que te quiten todo, absolutamente todo, Blake —le resto importancia con un movimiento de ojos.
—¿Sabes? —chasqueo mi lengua—. No comprendo tu ensimismamiento con que cumpla la puta cláusula si tú no serías mi sustituto, lo sería tu hermano —le recuerdo.
—Yo también saldré beneficiado, querido —me guiña—. Y no te debes preocupar por las cosas en las que centro mi atención —coloca su mano sobre mi hombro y yo la aparto de un golpe.
—Tú sabes mejor que yo lo que sucederá cuando mi padre vuelva a tomar el mando de esta empresa —señalo con mi índice—, y cuando la empresa vuelva a ser la misma mierda de la cual tuve que levantarla, no existiré para nadie —escupo con enojo.
—Solamente preocúpate por tu prometida, la modelo se cansará de todos tus rodeos —me encojo de hombros.
—¿Te piensas que Taylor me importa? —arqueo mi ceja—. Ella no es mi tipo de mujer y mucho menos sabiendo que sólo le interesa el dinero —mi tío comienza a reír.
—¡Por favor! —choca sus manos con fuerza—. Mira, querido sobrino, todas las mujeres, absolutamente todas, son unas interesadas —niego pensando en Amelie.
—Que las únicas mujeres con quienes tú te metes sean así, no significa que todas vayan a ser iguales —aprieto mis dientes—. Lárgate de mi oficina —señalo la puerta.
—No será tu oficina dentro de un tiempo —sale dando un portazo.
Cierro mi puños y lanzo mi taza contra la pared junto con una silla. Golpeo la pared con fuerza.
|| ... ||
Doy un sorbo a mi copa de agua y luego corto un trozo de mi filete para llevarlo a mi boca.
—¿Qué tal te fue en el trabajo, osito? —lleva un tomate a su boca.
—Como siempre —me encojo de hombros—. ¿Qué tal tu día, Taylor? —la observo.
—La próxima semana hay un espectacular desfile y quiero que me acompañes —acaricia mi mano sobre la mesa—. Sería muy importante para mí que tú estés allí —fuerzo una sonrisa.
—Me dices el día y lugar y estaré allí —veo un brillo en sus ojos.
—Será en Ethos Society Ktown —asiento—, el sábado —traza círculos sobre mi mano.
—¿A qué hora?
—A las 20hs, osito —da un sorbo a su vino.
—Pues allí estaré —musito.
Continuamos cenando tranquilos; no puedo mentir, no me siento de la misma forma en la que me sentía estando con Amelie y es extraño porque a ella la conozco hace muy poco.
Pago la cuenta y salgo junto a Taylor hacia mi coche, le abro la puerta de copiloto, pero ella la cierra y se acerca hacia mí.
—¿Qué haces, Taylor? —murmuro nervioso.
—Me gustas, osito —acaricia mi pecho sobre la camisa—. Y sé que aunque trates de ocultarlo, también te gusto —tras decir eso pega sus labios a los míos.
Se abraza a mi cuello y me besa con intensidad, tardo varios segundos en reaccionar, pero correspondo con bastante duda a ese beso. Sujeto su cintura y la alejo de mi cuerpo, cosa que parece no haberle gustado mucho.
—Tengo que llevarte a tu casa, Taylor —le recuerdo y suspira.
—De acuerdo —sube al coche y yo le doy la vuelta a este para también subir.
Nos colocamos los cinturones de seguridad y me conduzco hacia su casa. En todo el trayecto lo único que pensaba era en el tiempo que me llevaría ir había el bar para oírla cantar a ella.
Unos veinte minutos más tarde, me detengo fuera de la casa de Taylor.
—Llegamos —la observo y ella se quita el cinturón de seguridad.
—¿No quieres quedarte a dormir junto a mí? —su mano se coloca sobre mi pierna y trata de llegar a mi entrepierna, pero yo la detengo.
—Hoy no, Taylor —coloco su mano sobre su pierna—. Mejor entra a tu casa y descansa, ya es tarde —la escucho bufar.
—Bien, adiós, osito —besa mis labios y baja del coche.
Observo como ingresa a su casa y cuando desparece comienzo a conducir hacia mi lugar favorito, el bar. Sé que dijo que me largará de su vida, que me alejará, pero no puedo hacerlo y escuchar su voz me hace bien. No ha habido un solo día que no fuera allí, solamente que me mantenía lejos, cuidando que ella no me vea.
Dejo el coche en el estacionamiento, bajo e ingreso en el establecimiento; justo estaba subiendo al escenario.
—Ahora cantaré la última canción de mi turno —la observo atentamente—. Espero que la disfruten —camina por el escenario y la música comienza a sonar, al igual que su voz a deleitarme.
No puedo describir en palabras exactas el torbellino de sensaciones que me atraviesan cada vez que escucho a esta mujer cantar; es como si con su voz fuese capaz de transmitir todos sus sentimientos, su amor por la música y es demasiado hipnótica. Mis ojos no pueden dejar de seguirla en cada movimiento que hace, sonrío como idiota al ver que cierra sus ojos en las notas altas o cuando debe bajar su tono.
En cuanto acaba, sonríe al público y todos comenzamos a aplaudir, cosa que hago con todo el entusiasmo del mundo. Veo que cuando baja se dirige hacia la barra, pensaba ir hacia allí, pero una rubia de baja estatura me detiene, rubia que es su amiga.
—¿Qué se supone que haces aquí, Blake? —me observa molesta.
—Vine a verla a ella —mis ojos van hacia Amelie.
—Ella no te quiere cerca y te lo dejo claro ya —remarca cada palabra.
—Me está afectando no verla, Claire —suelta una risa irónica.
—Pues a ella le afectó que la hayas engañado —señala—. Yo como su mejor amiga, no permitiré que un hombre la haga sufrir; así que, te largas o te saco con seguridad de patadas en el trasero —me hace voltear y me empuja hacia la salida.
Salgo a regañadientes del lugar y camino hacia mi coche en ese momento mi teléfono comienza a sonar, lo saco de mi bolsillo y veo que es Taylor, rechazo la llamada y me subo al coche.
Conduzco hacia el lugar donde vive Amelie, pienso esperar a que vuelva a su casa para poder hablar con ella. Creo que me lleva unos veinte minutos, pensaba esperarla en la puerta, pero descarto esa idea al ver cómo su ex novio llega y tiene un ramo de flores blancas; llama al timbre varias veces y no recibe respuesta alguna, es obvio porque aún estaba en el bar.
Pasa una hora y el chico se había quedado dormido sentado en la puerta, yo me estaba quedando dormido en mi asiento también, pero me acomodo al verla llegar. Se coloca junto al chico y lo mueve hasta despertarlo, él le extiende el ramo de flores el cual ella lo toma y huele con detenimiento.
Mi teléfono vuelve a sonar, bufo cansado al ver que es Taylor, decido responder la llamada sin quitar mi mirada de Amelie y su ex, quienes están intercambiando palabras.
—¿Qué haces aún despierta, Taylor? —mis dedos aprietan el volante en cuanto ambos se levantan, están muy cerca para mi gusto.
—No quería molestarte, osito —la escucho extraña.
—¿Te encuentras bien? —ambos ingresan a la casa de Amy y noto como él la observa con detalle, en ese momento golpeo el claxon—. Lo siento, es que se cruzó un perro frente al coche —me excuso antes de que pregunte algo.
—Creo que alguien está en mi casa, escuché ruidos que no me gustaron —su voz titubea—. Tengo miedo, osito... —frunzo mi ceño.
—Llama a tu padre, Taylor —suspiro.
—Es que papi se fue de viaje a Londres por temas de la empresa —solloza—. ¿Podrías venir tú?, de verdad, estoy muy asustada, osito —observo el techo el coche.
—En unos minutos estaré allí —finalizo la llamada.
Enciendo el motor y conduzco con dirección a casa de Taylor, pero con ganas inexistentes en mi cuerpo.
Juro que en los 45 minutos de trayecto que me llevo llegar a casa de Taylor no he dejado de pensar que podría hacer el ex novio de Amy allí, por qué razón lo dejo ingresar a su casa o porque le llevaba flores, las cuales eran orquídeas si no me equivoco, esas eran sus favoritas.
Bajo del coche, le pongo la alarma y camino hacia la puerta principal para finalmente escuchar el timbre, ella me abre y se encontraba en bata de cama.
—¿Dónde escuchaste cosas extrañas? —cuestiono.
—En el jardín —asiento—. Pasa, osito —se hace a un lado y yo ingreso en la casa.
Cierra la puerta y camino hacia el jardín, abro la puerta de cristal para luego salir y explorar cada rincón del lugar, pero no hay absolutamente nada.
—Que extraño —murmuro y vuelvo a ingresar en la casa—. Taylor, no hay nadie fuera —cierro la puerta y me volteo—. ¿Qué haces, Taylor? —chasqueo mi lengua.
Estaba con la bata abierta dejando a la vista un diminuto conjunto de lencería de encaje rojo, color que hace resaltar su piel bronceada.
—Quiero pasar una buena noche con mi osito, nuestra primer noche juntos —camina hacia mí con sensualidad y se detiene frente a mi cuerpo.
—¿Me llamaste solamente para esto, Taylor? —se acerca peligrosamente a mis labios.
—Es que te deseo mucho, osito —toma mis manos y las coloca sobre sus pechos—. Este cuerpo te pertenece todo a ti... —murmura coqueta y baja mis manos con detenimiento hacia su trasero.
Se cuelga de mi cuello y pega sus labios a los míos en un beso totalmente intenso, pero yo me alejo de su cuerpo y hago que cubra su cuerpo con la bata.
—No quiero esto, Taylor —suelto con firmeza—. Sabes que solamente estamos haciendo esta tontería por culpa de mi tío —ella se anuda la bata otra vez.
—Pero tú a mí me gustas y mucho —coloca sus manos sobre mi pecho y la alejo—. ¿Por qué me haces esto, osito? —forma un puchero con sus labios.
—Pues a mí me interesa otra mujer —niega con una sonrisa.
—Aquí me tienes a mí para complacerte de todas las formas posibles —yo muevo mi cabeza indicando una negativa.
—No, Taylor —la observo fijamente—. Eres una buena mujer, pero no voy a jugar contigo de esta forma. Te agradezco haberme ayudado con el circo, pero hasta aquí —hago una cruz moviendo mis brazos—. Ahora tengo que irme —salgo de su casa antes de que ella pueda seguirme.
|| ... ||
—Entonces —me levanto de mi silla y observo a todos los que están sentados a lo largo de la mesa de la sala de juntas—, les agradezco por su maravillosa propuesta y será un honor que CreativeGames se asocie con AppCraft —comenzamos a aplaudir.
—Muchas gracias a usted, señor Turner —el cabeza de CreativeGames estrecha mi mano entre la suya—. Le prometo que haremos muy buenas cosas asociados —yo doy un asentimiento.
—Estoy más que seguro, señor Peterson —palmeamos nuestras espaldas—. Nos vemos pronto —alza su mano en el aire.
—Adios, Turner —cierra la puerta al salir de la sala de juntas.
Tomo asiento nuevamente en la silla, ingreso a w******p y abro la foto de perfil de Amelie para analizarla.
—¿Por qué tu recuerdo no me permite estar en paz? —suspiro con pesadez—. Me estás volviendo loco, Amelie —dejo el teléfono encima de la mesa y paso mis manos por mi rostro agobiado.
—No dejo de contemplar lo hermosa que eres —acaricio su mejilla con mi pulgar.
—¿Tu agua tenía estupefacientes? —niego con una sonrisa divertida y hago rozar nuestros labios.
—Sólo digo lo que es cierto, Amy —trazo el contorno de su labio inferior con mi pulgar.
—¿Piensas besarme o seguirás con juegos de seducción? —sonrío coqueto.
La sostengo por la mejilla y uno sus labios a los míos en un beso sensual, ardiente, pero, también, delicado.
Sus manos suben hacia mi nuca y las mías bajas hacia su cintura para sostenerme con firmeza y pegarme a su cuerpo.
El beso no se deshace sino que se torna cada vez más intenso; sus uñas se clavan en mi espalda sobre mi camisa y gruño sobre sus labios para luego llevar mi pelvis hacia adelante, consiguiendo que ella jadeé sorprendida al sentir la creciente erección que está debajo de mis pantalones.
Me separo de sus labios de forma repentina, coloco mi frente sobre la suya y controlamos nuestras respiraciones agitadas.
Acaricio su mejilla lentamente y analizo su profunda mirada.
—En este momento te invitaría a mi casa... —me interrumpe besando mis labios.
—Entonces, vamos —la observo sorprendido.
—No quiero que pienses que es algo que hago siempre con las mujeres —voltea su mirada de forma chistosa.
—Que conste que eres tú el que está diciendo cosas tontas —señala ella—. ¿Vamos? —simplemente dejo un pequeño beso sobre sus labios.
Comienzo a golpear la mesa con la punta de mis dedos. Los pocos recuerdos no han dejado de atormentarme, pero tengo que salir adelante y asimilar que ella ya no quiere verme, que ahora está nuevamente con su ex novio.
La puerta siendo abierta de golpe y cerrada con un fuerte portazo me saca de mi nebulosa de pensamientos.
—¡¿Se puede saber que es eso de que dejaste a Taylor?! —exclama mi tío furioso.
—No la dejé porque ni siquiera teníamos algo —menciono desanimado.
—¡Vas a joder tu puesto! —golpea la mesa.
—¿Y eso desde cuándo te importa a ti? —lo observo con una ceja arqueada.
—Porque se irá a la mierda esta empresa, si tú te vas todos acabaremos en la ruina —comienzo a dar vueltas en mi silla—. ¡Quédate quieto, Blake!
—Tú apoyas a mi padre —le recuerdo—, ve y que él saque la empresa adelante —finjo una sonrisa—. Yo solamente estaré aquí por 53 días más y no me preocuparé por esto —extiendo los brazos a mis laterales.
—¿Eres imbécil o te drogaste con el café? —yo coloco mis ojos en blanco—. Debes casarte con Taylor —niego rápidamente.
—Yo no pienso casarme con una mujer a la cual no puedo amar, ni siquiera me atrae —suspiro.
—¡Es que no necesitas poder amarla! —apoya sus manos en el borde de la mesa y me observa seriamente.
—Pues para mí unirse en matrimonio significa amar a la otra persona —bloqueo mi teléfono—. Yo no puedo estar con Taylor sabiendo que tengo a otra mujer en mi cabeza —mi tío suspira.
—Te casas con Taylor, hacen un acuerdo y puedes estar con esa mujer que tienes en la cabeza —pongo mala cara.
—¿Eres idiota o no entiendes?
—Tu futuro es más importante que una mujer misteriosa —me levanto de mi asiento—. Si no te casas con Taylor, te juro por esta empresa que haré lo que sea por rastrear a esa mujer que está haciendo que no quieras cumplir la cláusula y no la pasará nada bien —la furia se instala en mí.
—¡TÚ TE LE ACERCAS UN SOLO MILÍMETRO A AM... —cierro mi boca, suspiro y vuelvo a gritar—, ELLA Y JURO QUE TE DEJARÉ DE PATITAS EN LA CALLE! —doy un puñetazo sobre la mesa.
—¡HARÉ TODO LO QUE SEA POR DAR CON ELLA! —las venas de su frente se marcan de gran forma.
—¡LA TOCAS Y TE MATO! —aprieto mis dientes y él sale de la sala de juntas.
|| ... ||
Observo como Michel ajustando varias cosas en la consola de sonidos mientras que escucha a un par de chicos cantando.
—¿Te queda mucho con eso? —cuestiono sentado en la silla que se encontraba a su lado.
—¿Tan desesperado estás por hablar? —respondo con una mueca—. Acabaré en un minuto.
Yo solamente comienzo a dar vueltas en la silla con la mirada fija en una de las paredes del estudio.
Veo como Michel escucha a través de los auriculares la pista que estaba modificando según iba pasando el tiempo.
No dejo de dar vueltas en la silla, hasta que Michel me detiene colocando su mano sobre el respaldo de la silla.
—Me estás mareando, Blake —deja los auriculares encima de la consola de sonido—. Chicos, está genial —hace el pulgar hacia arriba—. Por hoy acabamos —habla por el micrófono que pasa el sonido hacia dentro de la cabina de sonido para que ellos sean capaces de escucharlo.
Los chicos se despiden de Michel y él se voltea hacia mí con seriedad.
—¿A ti qué te sucede, querido amigo? —se recuesta sobre el respaldo de su silla.
—Amelie y mi tío —suspira.
Sí, ya lo tengo agobiado de tanto nombrarle a Amelie, aún no entiendo como no me lanza un amplificador por la cabeza.
—¿Ahora que sucedió? —posa su mirada con atención sobre mí.
—Fui a ver a Amy cantar el otro día, quise acercarme a ella cuando acabó, pero su amiga me lo impidió y amenazó —él ríe.
—Pues tiene una gran guardaespaldas Amelie —yo asiento lentamente—. Mejor no hagas nada malo contra Amelie porque acabarás mal —señala riendo.
—No es gracioso —bufo.
—¿Qué es lo de tu tío? —cambia de tema abruptamente.
—Quiere que me case con Taylor a toda costa —él hace una mueca—, que haga un acuerdo cuando me case y también este con Amelie —lo escucho suspirar.
—Y tú te niegas rotundamente —lo afirma—. ¿Pero que harás con la cláusula entonces?
—Mi tío me amenazó con encontrar a Amy y destruirla —paso saliva nervioso.
—Y estás asustado porque esa mujer está revolucionando tu vida y no quieres que nada malo le pase —lo observo con atención y él sonríe—. Te conozco y estás igual de estúpido, o peor, que con Camille... —alzo mi mano en el aire para que no siga.
—¿Qué hablamos, Michel? —lo amenazo con la mirada—. No quiero que me vuelvas a mencionar nunca más a Camille —me trago el nudo que se había formado en mi garganta—. Además, no puedo estar enamorado de Amelie si ni siquiera la conozco —le recuerdo.
—No es el tiempo lo que importa a la hora de enamorarse, Blake —señala colocando sus labios en una línea recta—. Amelie decidió que ambos se alejarán, pero tú puedes volver a ella —niego—. ¿Por qué no?
—Porque voy a casarme con Taylor —suspiro con pesadez.
—¡¿Qué?! —fijo mi mirada en el techo—. Acabas de decirme que no quieres casarte por esa cláusula de mierda y ahora dices que te casarás, ¿a qué estás jugando, Blake?
—Juego a que no permitiré que ni mi tío ni mi padre dañen a esa maravillosa mujer por mi culpa —vuelvo a girar en la silla.
—¿Y que harás con Amelie? —no respondo y continúo girando—. ¡Deja de dar vueltas, idiota! —coloca su pie y detiene la silla.
—Amelie está con su ex, o su novio nuevamente, no sé —paso mis manos sobre mi rostro—. Pero haré lo posible para que Amy no esté en peligro.
—¿Aunque eso signifique no estar con ella y casarte con una mujer que no te interesa? —lo observo y asiento con debilidad—. Solamente tú sabrás lo que vas a hacer.
—Ni siquiera yo lo sé, Michel —cierro mis ojos con fuerza—. Ni siquiera yo lo sé —balbuceo.