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1287 Palabras
SEGUNDA PARTE El secuestro Nicole Mis párpados pesaban mientras trataba de abrirlos lentamente, acostumbrándome a la luz que ingresaba del exterior. Cuando finalmente pude observar dónde me encontraba de inmediato supe que aquella no era mi habitación, ni ningúna en la que hubiera estado antes. Me tomó solo un instante para que la confusión mermara y los sucesos de la mañana dirigiéndome hacia el altar golpearan mi mente. La emboscada, los hombres con armas, los gritos de mamá… hasta el momento en que me subieron a otra camioneta y entonces me inyectaron algo que me hizo desvanecer. Recordar aquello hizo que inconscientemente llevara mi mano a mi cuello, sintiendo mi corazón palpitando contra mi pecho al darme cuenta de lo que había pasado. Me habían secuestrado. ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Qué querían? ¿Dónde me habían llevado? Me dí cuenta que aún llevaba puesto el vestido por lo que supuse que no me habían tratado de desnudar mientras estaba inconsciente, aún así mis alarmas estaban encendidas. Debía hallar la forma de escapar de allí lo más rápido posible. Me bajé de la cama que parecía no haber sido usada antes, encontrandome con mis pies descalzos, los zapatos estaban a un lado pero decidí que lo mejor sería no utilizarlos para que el sonido no alertara a nadie. Caminé hacia la puerta encontrandome con que no tenía seguro, eso me extrañó pero no hizo que me detuviera de abrirla y asomarme con cuidado hacia el pasillo. Estaba desierto, ni siquiera escuchaba pasos ni voces, así que decidí salir de forma sigilosa, pero rápidamente los nervios me invadieron y comencé a moverme de forma desesperada en busca de la salida. Encontré unas escaleras que me llevaron hacia la primera planta y con la mirada busqué desesperadamente la salida, hasta que dí con la puerta princial. No lo dudé dos veces para correr hacia ella, dando vistazos a mi alrededor pero parecía que no había nadie más allí. Aquello era demasiado sospechoso pero, ¿si creían que aún estaba inconsciente?, era una oportunidad que no podía desperdiciar. Abrí la puerta dispuesta a salir corriendo como alma que lleva el Diablo, pero me detuve en seco cuando mis pies descalzos se hundieron en algo cálido y… arenoso. Me quedé congelada en mi sitio, creyendo que quizás estaba viendo mal, pero entonces alcé la mirada y un jadeo lleno de sorpresa abandonó mis labios al observar metros de arena seguido por un infinito océano azul. ¿Qué? Dí unos pasos sin poder creer dónde me encontraba, a donde sea que observara sólo había arena, palmeras y océano. Mi corazón comenzó a martillear con más intensidad contra mi pecho y llevé una de mis manos a mi cabello, confundida y alarmada. ¿Qué estaba pasando? Antes de siquiera poder considerar cuál sería mi próximo movimiento, una voz profunda con un ligero acento alemán que conocía a la perfección se escuchó detrás de mí, provocandome un escalofrío. —Que placer volver a verte. Cerré mis ojos un instante, repitiendo en mi mente que eso solo era un sueño y que al abrirlos vería mi habitación en Italia y me daría cuenta que todo había sido sólo producto de mi imaginación. Pero eso era una tontería, todo era demasiado jodidamente real, la cálida arena bajo mis pies y el sonido de las olas del océano a unos metros. Inhalé profundamente, tomando valentía antes de volverme hacia atrás, encontrándome con aquella silueta esbelta, de brazos fuertes y hombros anchos bajo una camiseta de algodón, con su cabello n***o pulcramente arreglado y aquella mirada chocolate que brillaba con cierta malicia. Una sonrisa se extendió por sus labios, dejando ver sus perfectos y alineados dientes, —¿Me extrañaste, italiana? Joder, inclúso sintiendo que estaba alucinando todo, no podía obviar el hecho de que se veía inlcúso más guapo que la primera vez que lo había visto el muy desgraciado. Salí de mis pensamientos concentrándome en lo realmente importante, el hecho de que me habían secuestrado y ahora estaba en vaya a saber Dios dónde con nada más ni nada menos que el alemán... Un momento. —Tú estabas detrás de todo esto... Madden avanzó unos pasos en mi dirección, pero aún manteniendo cierta distancia. Miles de preguntas se generaron en mi mente como cascada, necesita explicaciones y respuestas, pero entonces recordé otro asunto importante. —¿Dónde está mi madre? —Elena se encuentra bien, mis hombres no le han hecho nada, ella no era el objetivo —aseguró. —¿Dónde me has traído? ¿dónde estamos? Como si fuera poco, guardó silencio un instante antes de responder, empujandome de a poco a enloquecer con todo lo que estaba ocurriendo y entonces... —Es mi isla privada. Un jadeo escapó de mi boca y mis labios formaron una O ante la mención de aquello. Joder, debía ser una maldita broma. Me esperaba todo menos eso. —Dime que es mentira —como era de esperarse, no lo negó y lo miré sin poder creerlo. ¡Me había secuestrado en una maldita isla! —. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Vincenzo va a buscarme, cuando sepa que fuíste tu quién... Mis palabras quedaron a medias cuando mi mente ató cabos a una velocidad sorprendente y me dí cuenta de que la situación era demasiado obvia como para no haberme dado cuenta antes. —Lo hiciste a propósito —sus ojos se entrecerraron en mi dirección, me dió una mirada que daba a entender que estaba en lo correcto—. Esto fué un error... Esa vez fuí yo quien acortó la distancia entre nosotros, teniendo que elevar el rostro para verlo a la cara. Dios, me había olvidado lo imponente que era, la forma en que se sentía cuando su aroma y su presencia dominaban mi espacio personal. —Debes dejarme ir, Madden. Buscaré la forma de solucionar esto antes de que no haya vuelta atrás —podía percibir los tintes de desesperación en mi tono. —El caso es —inclinó su rostro unos centímetros más cerca del mío y pasé saliva, intentando no desviar la mirada a su boca, intentando centrarme en lo importante y no en la forma en que su aroma masculino me embriagaba—, que es demasiado tarde para eso. Ahora que estás a mi lado otra vez, no puedo dejarte ir. —¿Acaso quieres comenzar una maldita guerra conmigo en medio? —Si mal no recuerdo fuí yo quien recibió una bala porque alguien mantuvo en secreto que estaba comprometida con un mafioso. Sus palabras me cayeron como un balde de agua fría, era la verdad, esa que no queremos escuchar pero que tampoco podemos ignorar. Y la verdad era que todo eso... había sido culpa mía. No supe qué responder, agaché la mirada hacia su pecho, intentando buscar las palabras correctas mientras acomodaba mis pensamientos, pero entonces él tomó mi mentón con sus dedos, haciendo que lo mire otra vez. —No estás en medio de esta guerra, Nicole, estás a mi lado. —Esto fué mi culpa, Madden, yo puedo solucionarlo —aseguré, aunque en el fondo no tenía idea de cómo haría eso—. Déjame ir. Vincenzo tiene más enemigos, más personas que querrían joderlo secuestrandome, podemos evitar.... Él me soltó, alejandose unos centímetros, —No voy a dejarte huir esta vez, Nicole. Tú y yo tenemos asuntos pendientes. —Madden, no seas terco... No me hizo caso, dió mi intento de discusión por terminado dándome la espalda y alejandose de mí de regreso a la propiedad. —Ni siquiera me conoces —escupí con molestia pero él no se detuvo— ¡Madden! —Tenemos todo el tiempo del mundo, meine liebe.
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