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1135 Palabras
Nicole Las horas en la madrugada se volvieron eternas mientras daba vueltas por la habitación en penumbra, sin poder conciliar el sueño hasta que los primeros rayos del amanecer comenzaron a adentrarse por el ventanal de mi habitación. Entonces lo supe, ya había llegado el día, finalmente mi destino se sellaría, condenandome a vivir el resto de mis días un maldito Infierno. Habían pasado unas horas desde que mamá entró a mi habitación para decirme que me duchara porque los estilistas pronto estarían allí para prepararme. Luego envió a una de las mujeres del servicio a preparar y llevarme el desayuno, y aunque se veía delicioso no había podido probar bocado, sentía mi estómago revuelto y mamá dijo que podrían ser los nervios, desde entonces me hizo beber al menos tres tazas de té de manzanilla para relajarme pero dudaba que tuvieran efecto alguno. Los estilistas finalmente llegaron y me tuvieron un largo rato frente a un tocador, maquillándome y arreglandome el cabello, escuchaba como hablaban con mamá sobre la emoción de ese día tan especial, pero para mí era como si estuvieran alistandome para ir a un funeral. En un momento me llamaron para ponerme el vestido con el cual todas las mujeres quedaron maravilladas. Tomé la mano de mamá mientras una de las estilistas me ayudaba a subir el vestido pero me extrañó el sentirlo más apretado que la última vez, incluso se dificultó un poco subir el cierre en la espalda si no hundía el abdomen, no porque me importara lo más mínimo entrar en el vestido, sino que de otra forma no podía respirar bien. —Descuida, solo debes estar hinchada por el té —explicó mamá con una sonrisa tranquilizadora, al parecer vivía en un mundo paralelo donde creía que no entrar en ese vestido era el fin del mundo. Finalmente el vestido cedió y lo sentía muy apretado en el pecho, sobre todo porque la parte delantera era una especie de corsé, con escote recto y pliegues en la seda blanca. Dios, cómo me equivocaba si pensaba que ese día no podía ser peor. No me dejaron sentarme para ponerme los zapatos para que el tonto vestido no se arrugara, así que alguien me ayudó con eso. Luego terminaron de retocar mi cabello mientras los minutos pasaban hasta que mamá anunció que el vehículo que nos llevaría a la iglesia ya se encontraba en camino, aumentando mis ganas de vomitar. __________________________________________ Fuera de la mansión nos esperaban tres camionetas, uno de los hombres de seguridad de los Romano nos indicó subir en la del medio, me tendió su mano y mamá acomodó mi falda una vez dentro. Mientras los demás hombres se posicionaban en sus lugares, escuchaba a mamá hablar por el móvil con la organizadora de la boda para confirmar que todos los invitados estuvieran en la iglesia. Recosté mi espalda en el asiento, observando el exterior mientras los vehículos se ponían en marcha, avanzando por el jardín delantero hasta cruzar los portones y salir a la calle, directo a una carretera desierta ya que la mansión se encontraba en una villa siciliana donde las propiedades estaban a varios minutos de la otra. Directo a la iglesia, que de seguro estaba repleta de desconocidos, ya que los invitados eran personas importantes y peligrosas, aliados, socios y amigos de los Romano, es decir, de la mafia siciliana. ¿Cómo podría sonreír y fingir estar cómoda entre todos ellos? Era un pequeño pez en un estanque repleto de tiburones. En el camino sentí como mi mente se desconectaba de mi cuerpo y me perdí en mis pensamientos. El peso de las decisiones que mi padre había tomado por mí, finalmente habían caído sobre mis hombros, y me hacían sentir enferma. En un momento logré percibir una voz lejana, que luego fué clara cuando una mano dandole un apretón a mi hombro mi sacó de mi mente, —Nicole. Me volví hacia mamá y ella recorría mi rostro con sus ojos verdes. —¿Sí? —Te decía que te ves preciosa, hija —habló con sus labios formando una sonrisa dulce. El gesto, su mirada y aquél Hija, se sintieron como un puñal en mi pecho y solo pude inhalar temblorosamente intentando devolverle la sonrisa pero ni siquiera llegó a mis ojos. En eso pudimos escuchar el sonido de uno de los comunicadores que los hombres llevaban consigo, supuse que quien hablaba era uno de los tipos de las otras camionetas. Entonces el conductor le dió una mirada al tipo a su lado y este sacó un arma, mamá apretó de nuevo mi hombro, provocando que la mirara y cuando lo notó su expresión de pánico se borró de su mirada e intentó sonreírme tranquilizadoramente pero ambas sabíamos que algo andaba mal. —¿Qué está ocurriendo? —indagó mamá. —Hay vehículos sospechosos rodeandonos, agachense y ajusten sus cinturones —habló el copiloto con seriedad y mamá en seguida abrochó su cinturón pero yo no podía moverme, tenía los ojos fijos en la camioneta que iba por delante de nosotros. —Nicole, tu cinturón… Pero entonces la camioneta se detuvo de forma abrupta pero el brazo de mamá me sostuvo lo suficiente como para que no me fuera hacia adelante. —Hija, ¿estás bien? —tomó mi rostro entre sus manos, sus ojos recorriendo mi cuerpo en busca de daños pero no me había lastimado. Cuando los disparos comenzaron a escucharse mi corazón comenzó a tratar de huir de mi pecho, podía sentir los latidos en mis oídos. Mamá observaba en todas direcciones buscando algo, quizás una forma de huir pero no la había, porque cuando miré hacia atrás pude ver que habían dos camionetas rodeando a la que nos cubría por detrás. Era todo un desastre. —Quédense en la camioneta, ¡no salgan! —exclamó uno de los sujetos antes de salir directo a disparar a los atacantes. —Estaremos bien, cielo —aseguró mamá tomando mi mano entre las suyas temblorosas. Alguien había planeado aquello con antelación, ¿para qué? ¿acaso iban a matarnos? Sentía que me ahogaba allí dentro y peor aún con el estúpido corsé del vestido. Entonces la puerta de la camioneta es abierta abruptamente y mamá suelta un grito mientras yo me giré, encontrándome a un hombre repleto de tatuajes quién no dudó en tomarme del brazo y jalarme fuera de la camioneta. —Nicole, ¡Nicole! —escuchaba a mamá gritar mi nombre pero el hombre me llevaba lejos, ni siquiera podía resistirme, no podía huir, estaba en shock. Me metieron en una de las camionetas y me volví hacia atrás, intentando ver a mamá, pero entonces sentí un ardor en el cuello y poco a poco mi visión se volvió borrosa, hasta que finalmente todo se volvió n***o.
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