Nicole A la mañana siguiente, cuando aún los primeros rayos del Sol no habían salido aún, me encontraba despierta, pero no me había levantado, decidí quedarme recostada al lado del alemán, detallando su pacífico rostro mientras continuaba dormido. Su naríz recta, su cabello desarreglado, sus mejillas con un suave tono sonrosado, entre más lo miraba más difícil se me hacía apartar la mirada, era simplemente demasiado atractivo para ser real. Pero el gruñido de mi estómago hambriento me obligó a tener que hacer lo que no quería y era salir de la cama. A regañadientes lo hice, arrastrando mis pies hasta la cocina en busca de algo para saciar el vacío en mi estómago. En la cocina fuí directo al refrigerador y mi estómago pareció brincar de la emoción mientras escogía algo para desayunar.

