CAPÍTULO V

1223 Palabras
P.O.V Allyson Parks. Los días de lluvia son bonitos cuando los ves desde casa, con el calor hogareño y una taza de café entre tus manos.  Si el chaparrón te pilla en mitad de la ciudad, con tan solo un chubasquero cubriéndote, tu pequeña mochila impermeable y un ligero vendaval arrastrando las gotas de lluvia hacia tu cara mientras caminas, ya no es tan bonito.  ¡Y mucho menos cuando un taxista despistado logra calar tus pies mientras esperas a que el semáforo se ponga en verde! No había sido buena idea bajar dos paradas de metro antes y caminar hasta la biblioteca pública de Nueva York con un día como ese.  "Así te das un paseo, Ally". ¿En qué momento se me había ocurrido pensar una idea tan nefasta? Llegué casi a las doce del mediodía al Stephen A. Schwarzman Building, pero quise largarme de allí en cuanto vi la inmensa cola de espera que había para entrar.  Por suerte, en la mochila traía un pequeño sándwich mixto y una botella de agua. Si me entraba el hambre, podría almorzar sin necesidad de volver a mi apartamento. Cuando me coloqué la última en la hilera de personas que esperaban ansiosas recé en silencio no tener que esperar demasiado tiempo. Mis pies ya estaban lo suficientemente mojados por los charcos que se formaban en el pavimento.  Cinco, diez, quince minutos... no avanzábamos lo suficiente. ¿Seguro que estaban dejando pasar a gente? ¿O tan solo estaba allí perdiendo el tiempo? — ¡Disculpe, señor! ¡La fila de entrada es esta! —gritó el joven de delante de mí. Como un manifiesto de exhibicionismo o una burla, un hombre paseó tranquilamente hasta la puerta de entrada bajo la mirada de todos los que habíamos sufrido una demora interminable. Completamente cubierto por ropajes oscuros, ocultaba su rostro tras una capucha. Quizás si se dejaba ver, los sentimientos de culpa o vergüenza le invadirían. Pero no tenía pinta de ser alguien empático. El chico saludó a uno de los trabajadores de la biblioteca que aguardaban la entra y, tan solo intercambiando un par de palabras, le dejaron pasar al interior como si nada. — Unos esperando bajo la lluvia durante media hora para poder entrar y otros... — se quejó el chico cuando le tocó el turno de entrada. Los hombres de seguridad se miraron entre sí, pero no dijeron nada. Revisaron su mochila y le dejaron pasar como si sus palabras les hubieran entrado por un oído y salido por el otro.  A fin de cuentas tenía razón. Sin embargo, preferencias y favoritismos había en todos lados, supongo. En cuando tuve la belleza del interior del establecimiento en mi retina me olvidé de la rabia y el malestar. Embaucada por la vibra que desprendía el lugar me paseé por cada uno de los salones hasta encontrar un sitio tranquilo en el que poder concentrarme y disfrutar. Un sitio mágico, uno de mis favoritos de la ciudad. La inmensa colección considerada como la más grande del mundo, las preciosas lámparas y los muebles antiguos, las columnas corintias y las pinturas del techo abovedado... La lectura o el estudio no podía ser desagradable en un lugar así. Me deshice de mi chubasquero y comencé a sacar las pertenencias de mi mochila para ordenarlas sobre mi espacio de mesa. Por suerte, la lluvia no había traspasado la tela y no había mojado el libro que tomé prestado o la libreta de apuntes.  Pensé en seguir con el libro de Hidden Cafe, pero sería una tontería no buscar algo nuevo cuando podía leer aquello en cualquier otro momento. Por eso, dejé mis cosas en el lugar a excepción de mi móvil, mi cartera y mi libreta y comencé a moverme por los salones en busca de las estanterías de libros que tuviesen que ver con mi interés primordial. — Y además... cuenta con una de las principales colecciones cartográficas más grandes del mundo. Estaba paseándome entre un sinfín de estanterías cuando una chica que pasó por mi lado junto a un grupo de personas captó toda mi atención.  Mapas.  ¿Y si buscaba alguno de Italia? ¿Y si había algo relacionado con Florencia o la pequeña ciudad e Volterra? No pasaba nada por probar suerte.  Me dirigí de forma casi inmediata a la Hemeroteca DeWitt Wallace del primer piso. Entre los estantes, mesas y sillas de madera vieja encontré periódicos antiguos pertenecientes a todas partes del mundo, colecciones de historia y una gran magnitud  de documentos cartográficos.  Pasé bastante tiempo perdida, pues había tanto material que no conseguía priorizar y concentrarme en la búsqueda. Todo me resultaba demasiado interesante. Cuando me fui acercando inconscientemente hacia una de las esquinas del salón vislumbré al hombre que se había colado de todos mientras esperábamos en la fila de entrada.  Su ancha espalda y la ropa oscura aún mojada por la lluvia me resultaron inconfundibles. Sin embargo, había algo raro en él. Algo que me resultaba familiar y que, a cada paso que daba, se hacía más notable.  Nada más ver ligeramente parte de su perfil, mis pies frenaron en el suelo. Tuve que luchar con todas mis fuerzas para darme la vuelta porque parecía que su cuerpo atraía al mío. Como si en vez de carne y hueso estuviésemos hechos de algún material magnético. Quise ser sigilosa pero los nervios me jugaron una mala pasada. Mis pies se enredaron entre sí y tropecé ligeramente, lo cuál fue suficiente para que Drake desviara la mirada del libro de mapas que tenía entre sus manos.  — ¿Allyson? Llevaba tanto tiempo sin verle y escucharle que su voz me causó un escalofrío. Cerré mis ojos con fuerza deseando que la tierra me tragara y continué mi camino sin decir una sola palabra.  Estando de espaldas a él no podía verme por lo que quizás podría pensar haberse equivocado de persona. — Allyson, espera — murmuró por detrás de mí. Las miradas de algunos estudiantes se clavaron en mi cuerpo cuando opté por agilizar mi paso. Poco más y comenzaría a correr pero, ¿por qué estaba huyendo? Una parte de mí gritaba que lo mejor era alejarme, salir de allí. La otra quería girarse, esperarle y besarle en cuanto se acercara lo suficiente. Me adentré a un nuevo salón en cuanto vi la posibilidad de desaparecer entre el laberinto que formaban las estanterías.  Escuchaba mi respiración agitada mientras caminaba pero la misma se paralizó nada más llegar a un túnel sin salida, un pasillo rodeado de libros del que tan solo podría escabullirme si daba media vuelta.  Con la intención de hacerlo, me giré con una mínima esperanza de que le hubiera perdido por el camino. Mala suerte. — Vaya... — murmuró con sorna — El gato atrapó al ratón. Su oscura mirada acompañada de unos labios que se torcían en una sonrisa malévola dieron imagen al hombre que había ocupado tanto mis mejores sueños como mis peores pesadillas. Tenía el cabello más largo y algunos mechones mojados se colaban por su frente. Acostumbrada a verle en traje, el aspecto informal que llevaba me resultó un poco extraño pero seguía siendo igual de amenazante y atractivo.  Después de meses sin verle, el destino nos había colocado en una encrucijada de la que sabía que no podría salir ilesa.
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