Un secreto mal guardado

1062 Palabras
—¿Me vas a explicar de alguna vez por qué decidiste abandonar de forma tan repentina la pizzería? — le preguntó Emma a su madre, completamente extrañada con su reacción. —No me gustó que te confundieran con uno de ellos. — respondió luego de unos segundos. —Definitivamente algo debe andar mal con el agua de este pueblo. — refunfuñó Emma con la intención de que su madre notara su molestia. —¿Que quieres decir con eso? — preguntó la madre de la chica, tras captar la indirecta de su hija. —El hecho de que no entiendas lo que está mal en esta conversación solo me demuestra el poco sentido común que tienes madre. — dijo la chica, y continuó: — Irse de un lugar porque me hayan confundido confundido con una trabajadora, no es solo algo del siglo pasado, sino absurdo y clasista. Esperaba más de ti mamá, sinceramente, mucho más. —Siento si te molestó. Pero me sentí incómoda, incluso perdí el apetito. —contestó la madre para justificarse. — Emma decidió detener allí la conversación, para no continuar decepcionándose de su madre. Una vez llegaron, ella subió a su habitación, mientras que la madre se apresuraba en buscar a su esposo. —¡Tenemos que hablar! — exclamó ella al encontrarlo dentro de su despacho. —¿Qué ocurre? — preguntó él a la par que se ponía de pie. —Hoy fui con Emma a una pizzería, y la confundieron con una trabajadora de allí. — le contó ella, toda sobresaltada. —Pudo haber sido solo una casualidad. — dijo él, tratando de calmarla. —Las casualidades no existen Erick, sabes muy bien que nunca he creído en ellas. — afirmó completamente convencida de que sus suposiciones eran ciertas. —Ayer pasó algo similar, pero hasta ahora no fui capaz de ver la relación. — dijo él, llevándose las manos a la cabeza. —¿Qué me has estado ocultando? — le preguntó ella, en alta voz, pero tratando de contenerse para que Emma no los escuchara. —Ayer uno de los guardias de la calle me dijo que la había visto salir de aquí en un taxi, pero luego Emma regresó en su auto, y negó la historia del chico. —¿Me estás diciendo que esa chica ya sabe donde vivimos? — preguntó ella, a pesar de creer saber la respuesta. —Eso me temo. — le dijo él, muy afligido. Mientras ella se recostaba a su asiento, Erick aprovechó para decirle: —Quizás, quizás ha llegado el momento de decirle la verdad. Quizás esta es nuestra oportunidad de contarle toda la verdad desde nuestro punto de vista. —¿Acaso has perdido la cabeza? — preguntó ella poniéndose inmediatamente de pie. — ¿Quieres perder a tu hija para siempre? No te bastó con ofrecerla como ganado para pagar tus deudas, ¿ahora decidiste luchar para que nos odie para siempre? —¡Claro que no! — exclamó él. — Sabes que la amo más que a nada en este mundo. —Entonces está claro lo que tienes que hacer. — le dijo ella. —¿El qué? — respondió él. —Buscala, buscala aunque sea debajo de las piedras, y cuando la encuentres, deshazte de ella. No quiero que vuelva a ser una preocupación para nosotros. —¿Que me deshaga de ella dices? — preguntó él, desconcertado. — ¿Quieres que la mate? Justo en ese momento, Emma había bajado de su habitación en busca de algo de comer, y escuchó a su padre decir lo anterior. La gravedad del asunto llamó su anteción, y se pegó a la puerta para escuchar mejor. —No quiero que la mates. — le respondió ella. — ¡No seas absurdo! Quiero que le pagues para que se vaya bien lejos, y nunca volvamos a saber de ella. —Pero, puede que me lleve tiempo. No se dónde empezar a buscar. — dijo Erick. —Empieza por donde sabemos que ha estado, la pizzería. — le indicó su mujer, y luego tomó su bolso para salir de allí. Al sentir los paso de su madre acercándose, Emma corrió de vuelta a su habitación, y se recostó, mientras intentaba descifrar quien era esa chica misteriosa, y por qué su madre intentaba deshacer de ella con tanta prisa. Esa noche a penas logró conciliar el sueño. Por más motivos y razones que intentara buscar, no era capaz de entender qué tipo de problema podrían tener sus padres con esa persona. Finalmente llegó a una conclusión, no la más adecuada, pero definitivamente la más acorde para satisfacer su curiosidad; iba a seguir a su padre. Conociéndolo bien, sabía que cumpliría con la encomienda de su madre lo mas pronto posible. Así que, a la mañana siguiente se despertó más temprano que nadie en la casa, y después de desayunar, caminó cautelosamente hasta el garage, y se sentó en su auto a oscuras, en espera de su padre. Alrededor de las nueve am, y después de haber estado esperando por dos horas, finalmente reconoció la silueta de su padre que caminaba hacia su auto. Se acostó en los asientos delanteros para nl ser vista, y una vez que el señor Collins puso su aunto en marcha, comenzó a seguirlo. Para su sorpresa, su padre se dirigía directamente al mismo centro comercial, en el que el día anterior, su madre había protagonizado el episodio más vergonzoso de su vida. "—¿Tendrá algo que ver con la chica que supuestamente se parece a mi?" — se preguntó a sí misma en alta voz. — Sea lo que sea, voy a descubrirlo. Y, con esta idea en mente, aparcó su auto a unos metros del de su padre, y continuó siguendolo a pie. En efecto, como ya lo sospechaba, la discusión de sus padres estaba relacionada con lo que había ocurrido en la pizzería, pues, al verlo entrar al lugar, y preguntar por alguien, confirmó todas sus sospechas. Desde lejos pudo leer los labios de la encargada, diciéndole que volviera después de las 8 de la noche, hora en que finalizaba el turno de su empleada. Luego de esto, el padre salió de la pizzería, y mientras buscaba su teléfono celular para llamar a su esposa, Emma tuvo que esconderse para no ser atrapada mientras lo seguía.
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