Danna Comimos en silencio unas pastas exquisitas. No me había dado cuenta del hambre que tenía. Todo lo que nos había pasado en estos días era tan estresante, nunca me sentí así, mi vida antes de todo esto era tranquila, era dura, de mucho trabajo pero la rutina era implacable, no había cambios, todo era esperable. En mi vida de casada todo cambió, en todo aspecto, incluso en las reacciones de mi cuerpo ante la presencia de una masa de músculos que se movía con agilidad mientras hablaba casi gritando con alguien detrás del aparato apoyado en su oreja. —¡Maldición, Fox!! ¿Cómo es posible que lo haya dejado escapar? —se tomaba de su corto cabello que era recorrido de adelante hacia atrás y al revés por su gran mano, sus mandíbulas palpitaban y podía ver el fuego de furia salir de sus azul

