Estábamos rendidos de cansancio así que decidí que pasaríamos la noche en un hotel, no podía enfrentarme al escrutinio estricto de mi familia. No con la fatiga y la tensión que pesaba sobre mis hombros. Necesitaba estar despejado y con todos mis sentidos, además de que íbamos con lo puesto, debíamos aprovisionarnos de lo esencial, ya me encargaría de completar la ropa y calzados suficientes para ambos. Hice la reserva por teléfono y al llegar por la expresión de Danna pude ver que estaba sorprendida. Era entendible, nunca había estado en un lugar así. Una muda de ropa para cada uno nos esperaba, había hecho el pedido por teléfono y me negué a estar en dormitorios separados. Ahora más que nunca debía cerciorarme de no dejarla sola, el infeliz de Weber podría estar pisándonos los talones. te

