Con los ojos abiertos a todo lo que daban y sin poder emitir palabra, Danna solo pudo susurrar su nombre. Sin embargo, una montaña de hielo de su interlocutor le hizo perder la idea primaria de que la buscaba a ella para declararle todo lo que le había susurrado mientras se amaban. El solo recuerdo la hizo estremecer mientras prestó atención a lo que el oficial Connor le decía: —Señora Connor, haga el favor de seguirme —dijo con un tono tan autoritario, que Danna tembló. Ahora nadie la llamaba así, había vuelto a usar su apellido de soltera ya que en teoría nadie conocía la verdadera relación entre ambos. Connor simplemente volteó ofreciendo una vista de su esplendorosa espalda. Él debía odiarla mucho. Estaba consciente del daño que le hizo a su vida, a su carrera, a sus relaciones. Él n

