#Identidad descubierta #

665 Palabras
Oh, estoy muerto. Es lo primero que pienso. Me duele el culo terriblemente, siento el infierno arder en todo mi cuerpo. Abro mis ojos, y veo a alguien frente a mí, tiene una capucha negra, por más que deseo partirle la madre y picarlo vivo trato de no darle el gusto de verme alterado, entonces, lanzo mi sonrisa cínica y un comentario fuera de lugar. —Que cliché, usar máscaras esta sobrevalorado. No hay respuestas. Seguí riéndome, esta vez con más cinismo, con una imparable locura. Quitate la máscara maldito, hijo de puta. —Quieres torturarme cabron de mierda. Disfrútalo, pero gozate haciéndolo bien, sin esa máscara de porquería que tienes. Volví a reír... —Eres una escoria—habló. Cerré la boca asombrado. Era un hombre que se escondía tras esa máscara. Alcé una ceja divertido. —Muy bien, ya entramos en confianza. ¿Quien eres? —Mi cara es lo último que verás asesino de mierda–escupió con ira. Oh, todo se estaba poniendo interesante, una parte de mí se divertía con todo el teatro, con todo ese drama de odio. El sujeto se quitó la máscara y mis ojos se abrieron de asombro, luego, estallé en carcajadas. —Tú... tenias que ser tú. Creí que te había asesinado—solté. Su rostro inmutable solo me contempló, mientras que mis carcajadas fluían como río—. Mi secuestrador no es más que el débil de Mickey Fisher. Me contempló con desprecio, y ese desprecio me gustaba, debía mirarme así, se igual forma, yo era el asesino de su hermana, bueno, "y que asesino" porque en esta historia no solo soy el culpable; Dante estuvo allí y no hizo nada para salvarla. Suspiré con diversión. —Hueles a venganza Mickey. Me proporcionó un puñetazo en la cara. Me reí como un desquiciado. —Golpeame Mickey, golpeame hasta el cansancio. Gompeame como golpeé a tu hermana mientras me la follaba. Los golpes fueron más fuertes, más rudos, agresivos. Seguí provocandole. —Ella era deliciosa, estrecha, pero una puta. Había perdido su virginidad con Dante—me burle. El chico se detuvo muerto de ira—. Le abrió las piernas a mi hermano, dejó que se la cogiera cuando sabía que la quería. Perra al fin... Otro puñetazo, todo mi rostro me dolía, lo sentía empapado en sangre. —Tú no quieres a nadie hijo de puta. Me reí con dolor, y no porque Pamela doliera, si no porque sentía que los dientes pronto se me caerían por la paliza que Mickey me estaba proporcionando. —Es verdad. Solo quiero a mi manera. A una manera controlada, obsesiva, desquiciada. Esa es la otra cara del amor. Al fin y al cabo, siempre me encuentro con zorras que se bajan las bragas con cualquier palabra bonita. Otro puñetazo. Escupí sangre. —Maya era una de esas zorritas que coqueteaba estando casada. Todo lo que le pasó fue por perra—gruñó. —Eres un psicópata. Un maldito, misógino psicópata que odia a las mujeres. Volvi a reír. —No a todas. Sasha es una puta ama. La número uno de las desquiciadas en esta tierra. —De ella se encargarán. Sentí curiosidad de quién se encargaría de mi hermanita psicópata. Sin embargo opté por reír porque el imbecil de Mickey no me diría lo que necesito saber. —¿Que le va hacer? ¿lo mismo que le hice a Pamela? Decir su nombre lo enfureció. —Quita su nombre de tú puta boca—apretó mi cuello con fuerza. Sentí adrenalina, tal vez, era la hora de que Johnny y Derex murieran. —Matame Mickey, matame, porque si no lo haces, te juro que te daré una muerta lenta y dolorosa. Siguió apretando. Senti quedarme sin aire. Entonces, supe que era mi fin. Lo último que visualicé fue dos fantasmas, los fanstamas de dos mujeres que amé y en nombre de ese amor, las maté. Ahora, ellas observaban mi muerte. ☆☆☆ Leo sus comentarios.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR