#Dudas#

897 Palabras
Narra Sasha. Acostada en la cama del hospital con un raspón horrible en mi rostro, me cabrea. Fingir ante la policía ser una mujer piadosa fue difícil cuando tengo una ira que me escurre hasta los poros. Maldito Derex. Él es el único que está acostumbrado a hacer esas cosas con el auto. Incluso, una vez lo hizo estando junto a Maya. Trato de levantarme, maldita sea, me duele demasiado el cuerpo que no me puedo levantar. Quiero ver a Dante, necesito verlo y saber que está bien. A mi mente viene el reflejo de Maya, y sacudo la cabeza para quitarme a esa maldita de mis pensamientos. Me doy cuenta que estoy tan furiosa que he maldecido hasta el cansacio. Suspiro... respiro. Finalmente llamo a una enfermera y con la excusa de que llamaré a una amiga consigo que me preste el celular. Me deja sola y se lo agradezco con una sonrisa fingida dulce. Marco a Derex... Repica... nada... vuelvo a intentar... nada. Maldición... ¿dónde demonios está Derex? te voy a matar con mis propias manos maldito enfermo mental. Quiero lanzar el celular, pero me controlo porque primero no es mío y segundo sería un fallo gigante a mi fachada piadosa. No tengo opciones. La policía incompetente hace lo que puede, aunque le he proporcionado todo lo que recuerdo, y parte de esa recuerdo esta Maya, no lo menciono, eso no era real, estoy segura que ella desde el infierno fue a buscarme sin embargo, aquí estoy: vivita y coleada cogiendome cuando quiera a su marido. Sonrio si lo pienso de ese modo. Acomodo mi torso en la cama, no tengo nada de que preocuparme, cuando salga del hospital me encargaré encarecidamente de ese bastado que intento matarme y obviamente del enfermo de Derex. Entrego el celular, y con una sonrisa le doy las gracias a la enfermera, me mira condescendiente y con una risita piadosa se retira de mi alcoba. Cierro los ojos y entro en un profundo sueño que más bien se convierte en una pesadilla. En una donde Maya seguía viva, burlándose de mi, siendo la niña mimada y consentida que siempre fue. Me levanto con un sudor a chorros a pesar de que esta haciendo frío. Mi corazón está tan acelerado que joder por un momento pienso que se me saldrá del pecho. Veo a todos lados del cuarto del hospital y me doy cuenta de un frasco de pastilla junto a la mesita de noche. Me quedo mirándola porque ese frasco en particular era la misma que tomaba Maya Santana para calmar su ansiedad, su depresión causada por todo el terror que le preparé. Ese frasco es una evidente confirmación de que el maldito de Derex está detrás de todo este asunto. Mirar el envase hace que reviva los momentos en la que Maya estuvo fatal. En la que intentó quitarse la vida y sus peores momentos. Suspiro. Tomo las pastillas y las boto en la papelera. Juro que Derex me las va a pagar caro. Me tranquilizo hasta quedarme dormida. ☆☆☆ Despierto un poco más tranquila. Quisiera seguir durmiendo pero debo contactarme con el maldito de mi hermano. Enderezo mi espalda, me duele demasiado el cuello, creo que dormir mal. Me acaricio la cervical para alivianar las punzadas cuando entra la misma enfermera de anoche, tiene cara de alegria, y el cabello recogido en un moño asqueroso. En su mano sostiene un regalo. —¡Buenos días!—sonríe, esta muy feliz. Mmmm... me parece curioso, toda una noche de trasnocho por estar de guardia y... ¿está feliz?, esa como que le dieron lo suyo en la noche. Miro a la mujer divertida por lo mal pensada que soy Ella abre las ventanas. Un sol espantoso entra con su brillo golpeándome en el rostro, tengo que poner la mano en mi frente para poder ver. —Aah, esto es para ti—me entrega el regalo que cargaba en su mano. Lo miro con desconfianza, es la misma envoltura que un año atrás le dije a Derex que dejara en la puerta de la casa de Maya. Lo recuerdo como si fuera ayer. Otra vez Maya viene a mis pensamientos, lo bien actuado que me quedo ese grito al abrir el regalo y encontrarme con la cabeza de mi padre llena de gusanos. Los nervios de Maya, y toda la locura que la estaba rodeando. Lo recibo sin apartar la vista de esa caja con moño, sin duda es la misma envoltura. Voy a matar al maldito de Derex, ya se está pasando de la raya. —Ya le traemos el desayuno—dice la enferma, la miro y asiento con una sonrisa. Quiero que se vaya, necesito que me deje sola más ella esta curioseando por toda la habitación. Vete, lárgate. Quiero decirle, no obstante, me contengo. Y solo fingo una sonrisa aunque mi paciencia se esta agotando. Finalmente la mujer abandona la habitación, y vuelvo a mirar lo que tengo entre mis manos. Por alguna razón el corazón se me acelera, tengo nervio de lo que pueda encontrar, sin embargo, resuelvo contar mentalmente hasta tres y decido abrirlo. No me alarmo por lo que veo, pero si me cabreo. Esta vez Derex fue muy lejos. Definitivamente, lo mataré. ☆☆☆☆ ¿Que será lo que encontró Sasha? leo sus comentarios mis estrellitas. Los quiero un montón.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR