—¿Crees que vaya a darme alguna golpiza? —preguntó a mis espaldas y me encogí de hombros. —No puedo hablar por los actos de Liv, pero no lo permitiré —respondí —. Quien quiera darte una golpiza es porque no te conoce... O porque, a veces, puedes llegar a ser muy irritable. Su risa resonó en la habitación y sus brazos rodearon mi desnuda cintura por detrás. —Podrías decirle que has tenido un inconveniente y que llegarás más tarde —habló con su voz ronca a mi oído y mi piel se erizó. —Si le digo que he tenido un inconveniente, le diré que has sido tú —me volteé en mi lugar y lo observé —. En cuanto tenga la oportunidad, se lo diré. —¿Qué le dirás? Bueno, pues... Kai y yo... Ehm —él comenzó a imitarme —tenemos algo... supongo. No pude evitar echarme a reír ante su imitación. Odiaba tene

