La sala del trono del Reino del Norte estaba colmada. Los pilares de piedra blanca estaban adornados con tapices nuevos, con los colores del estandarte de Kilian y de su recién coronada Luna. El ambiente era denso. No por falta de aire, sino por la tensión. Todos sabían que algo importante iba a suceder. Los miembros más relevantes del consejo estaban allí: los ancianos, los capitanes de escuadrones, los alfas de las manadas aliadas, y el padre de Kara, el viejo alfa Calian, que se mantenía de pie en la esquina izquierda, tenso como si algo le oprimiera el pecho. Desde el día anterior, no había tenido noticias de su hija. Su vínculo con ella se sentía debilitado, casi silenciado, y aunque no quería alarmarse, el instinto paternal lo devoraba. Había solicitado hablar a solas con el Rey Al

