Jon dejó de respirar por unos segundos hasta que la sangre llegó a su rostro y luego la liberó rápidamente generándole no solo un mareo pasajero sino también una palidez momentánea. Era una técnica que había aprendido hace tiempo gracias a los problemáticos, pero a la vez inteligentes internos del psiquiátrico. Jon se había dicho que sería una técnica bastante baja y que tal vez no podría usar para algún contexto diferente al de una broma con amigos o con su esposa, sin embargo, en este momento había salvado tal vez no solo su trasero sino también el de la inexperta investigadora.
- ¡Todo hace parte del proceso! -. Gritó JJ mientras corría en dirección a Jon que posaba su rostro en dirección contraria. -Nuestro hermano ha liberado todo aquello que lo mantenía con ataduras a este mundo cruel. Por eso ha caído desmayado.
Los compañeros, impactados e intrigados, corrieron en dirección a Jon que se movía dificultosamente en el suelo. La mujer en tacones estuvo a punto de doblar su tobillo, pero al fin las puntas de sus zapatos se hundieron en la hierba y corrieron directamente hacia Jon colocando su cabeza en las piernas de la mujer. Su piel era realmente suave y de porcelana, mucho más limpia que la que incluso podría tener un bebe, careciendo incluso de imperfecciones.
Jon se sorprendió de sí mismo al estar teniendo en cuenta aquellos detalles, en un principio morbosos con aquella mujer, sin embargo, era imposible pasar por alto detalles de esa manera. La mujer, así mismo, carecía de cualquier olor y su cuerpo se mantenía absolutamente frio como si se tratase de alguien muerto. Jon se dio su tiempo para mover su cabeza lentamente y notó con terror que tampoco sentía las pulsaciones de la sangre o los espasmos de su pecho en la respiración. La palidez ya no era totalmente inventada y estuvo a punto de dar un salto y salir corriendo lejos de aquella cosa, lo que sea que fuere.
-Por favor, todos retirémonos y dejemos que nuestro compañero se recupere en su proceso-. Irrumpió JJ ante el gran asombro general. -Pronto se darán cuenta que la sensación de paz es mucho mejor. Él estará en buenas manos con ella.
Las frías y esqueléticas manos de la mujer tomaron las de Jon y cuando el grupo había desaparecido por la esquina de los patios, Jon trató de colocarse de pie inútilmente. De nuevo aquella sensación se sequedad en la garganta y de sangre regreso a su boca. La mujer lo apoyó aún más junto a ella, pero Jon era incapaz de levantar la mirada mientras su rostro rosaba primero con su estómago, luego con sus pechos y por último dando a parar contra la garganta de la mujer que no decía absolutamente nada. Había confirmado la teoría de que ella no estaba respirando, al menos no de la forma convencional en la que la hacen los seres humanos.
-Ya me encuentro mejor-. Trató Jon de liberarse. -Creo que ya me puedo unir al grupo como los demás.
La mujer se siguió aferrando a Jon y sintió como la boca de esta se estaba posando sobre la copa se su cabello. El viejo malestar de la jaqueca y de las borracheras regresó a él, sintió de nuevo la necesidad de un trago de Vodka, unos cigarrillos y dormir desnudo en su propia cama mientras veía plaza sésamo. Nunca había hecho nada de eso junto, pero sus recuerdos se entren mezclaban unos con otros de forma extraña. Era como estar abrazando a mamá mientras bebía y escuchaba aquella música rock que tanto amaba Paula. El sonido de Aces Of Spades era uno con el de las caricaturas de los Looney Toons. El olor era una mezcla entre aguardiente y galletas.
La cabeza de Jon estaba dando vueltas como si diera la vuelta al mundo mil veces por segundo, pero a la vez sus pies estaban pesados sobre el césped incapaces de resistirse al escáner en su cabeza. Jon se sintió cansado y con las ultimas energías que sentía que le quedaban miró de nuevo al final de la colonia, en el claro del bosque donde las figuras oscuras continuaban moviéndose ignorantes de la escena. Jon no estuvo seguro si en realidad estaban allí, pero parecían estar abriendo unos hoyos sin importarles el sol fulminante de la tarde.
-Tú estás acá por ella, Jon-. Una voz extraña en su mente que no tenía genero interrumpió las meditaciones de Jon. -Tú no te llamas Pablo, aun así, no sabes quién eres realmente.
-Sal de mi cabeza, no dejaré que me metan cosas-. Trató de responder Jon sin saber cómo discutir con una voz.
-Ella también me escuchaba-. La voz interrumpió a Jon evitando que pensara. -Ahora tú también escuchas mi voz. Siempre hemos estado ahí.
-Tú la obligaste a hacerlo-. Respondió lleno de odio Jon. -De no ser por ti ella no lo habría hecho. Sabía que no eran cosas de su cabeza como decían los médicos.
-Eso no importa ya, Jon. Estás acá por una razón, pero te haces pasar por quién no eres-. La voz continuó ignorando las insistencias de Jon. -Eres demasiado orgulloso y ambicioso, a nuestra señora no le gustan los devotos así. Llegará el momento en que tengan que salir a la luz tus verdaderas intenciones y entonces mi señora te castigará. No pasarás de la noche de mañana si no lo aceptas.
Jon sintió como su aliento salía de sus fosas nasales y de su boca como si se tratase de su misma alma. Era como si la felicidad, como si el placer y toda la alegría estuvieran siendo absorbidos por aquella muñeca- Mujer. Si alguna vez había sentido amor, si alguna vez había reído o si en algún momento la emoción lo había hecho llorar ya no importaba. Jon se sentía despojado completamente de todo lo que lo emocionaba y no podía hacer absolutamente nada.
-Mi señora lo único que quiere es el arrepentimiento de todos los humanos, ahora tendrás el tiempo para hacerlo-. La voz se intensificó en su mente mientras que Jon notó que su propia voz se evaporaba. -Ahora estás desmayado de verdad y tendrás tiempo para expiar los pecados de forma real.
-No quiero, yo no soy pecador-. Contestó Jon mientras que sus ojos se iban apagando cada vez más. -Yo no quiero estar acá. Quiero ir a casa con mamá.
-Ahora estarás con mi señora-. La voz se hizo cada vez más dulce y femenina. -No te preocupes por mí. Mi deber no es denunciar, es llevar todas las almas con mi señora.
La mujer dejó de aplicar presión progresivamente y la cabeza indefensa de Jon miró hacia el cielo sin que su mirada no pudiera enfocar lo que ella quería que él viera. La gigantesca boca de la mujer se fue cerrando poco a poco y la sonrisa perturbadora que la mujer regresó a su rostro. Los brazos parecieron encogerse y regresar a su tamaño habitual, al tiempo que sus piernas y el resto de su cuerpo.
Como si se tratase de un sueño lejano, Jon se observó a sí mismo siendo arrastrado por el césped, luego por el pasillo de mármol y por último siendo puesto sobre su litera como si se tratase de un simple muñeco. Los pasos entaconados de la mujer resonaron en la habitación hasta la puerta que se cerró junto a ella. Los pasos reiniciaron más allá del alcance de audición que debería tener Jon. Por último, sin que el mismismo Jon supiese cómo, el sonido de los pasos se había convertido en el tic tac constante del reloj que se mantenía en la pared.
Jon estuvo a punto de llorar, pero no sabía exactamente por qué. Se sentía abusado como nunca lo había sido en su vida. Algo de él se había quedado ahí, no de forma progresiva como otras veces, sino que se lo arrancaron de golpe de una forma que no podía describir con palabras. Habían hurgado en su cabeza en busca de recuerdo que él mismo había decidido ignorar en busca de espacio para la información importante ¿Dónde estaría mamá? ¿Dónde estaba papá? ¿Dónde estaba la mujer de fuego? ¿Por qué era de fuego?
Las preguntas se arremolinaban en la cabeza de Jon, pero fue imposible liberarse de todo aquello que había sido sacado de los archivadores de su mente. Ahora tendría que leer carpeta por carpeta, documento por documento e imagen por imagen. El fuego se combinaba con el agua, el hielo parecía arder y el sol salía en las noches. Golpear algo habría sido liberador de la frustración, pero su cuerpo estaba paralizado por completo y tan solo sus parpados se abrían y se cerraban.