El campo abierto era fácilmente apreciable desde lo alto de aquella colina en medio de una hermosa mañana con el cielo despejado. A la lejanía el único cambio con los espesos bosques que rodeaban la casa de retiros era un pequeño pueblo que descansaba en medio de las montañas y que no aguardaba más de trescientas casas en su centro. Más allá de los bosques, los picos de las montañas se alzaban imponentes, calvas de vegetación y afilados como pirámides.
Jon, a raíz de la escena dentro del autobús, se encontraba ahora totalmente desorientado y no tenía la menor idea del sitio por el que se encontraba. Luego de haber tomado una de las carreteras principales rumbo al norte, el autobús se había desviado justo al occidente y luego de perderse por las trochas había aparecido mágicamente en unas montañas de la sierra que desconocía por completo. El cantico de las aves era totalmente anormal, como si sus canticos dieran una triste advertencia y luego migrasen de la zona con la esperanza de nunca retomar aquella ruta aérea. Nadie más parecía notar esta particularidad, acompañada por la falta de brisa y lo estático que parecía el son en aquel lugar, pero Jon se había criado por años en zonas rurales y esto no podía pasar fácilmente desapercibido.
La mujer misteriosa miraba de lejos a Jon mientras las demás personas se reunían en circulo a petición de este JJ que había regresado ahora también con ropa suelta y enseñando su prominente musculatura. Por su parte la joven, se mantenía a la sombra de la gran casa con un velo sobre la cabeza y permaneciendo inmutable de pie observando a la gente. El sol se elevaba en lo más alto indicando el medio día.
-me alegra que nos hayamos podido entender el día de hoy-. Comenzó JJ con su humor habitual, mezcla de sarcasmo y seriedad. -Antes que nada, necesitaré que todos y cada uno de los acá participantes se presente ante los demás. Es ahora un entorno de confianza.
El hombre entró en el circulo y direccionó a los participantes para que mantuvieran el circulo mientras miraban hacia el exterior de este. Desde la perspectiva de Jon, le impresionó observar un pequeño claro en el bosque donde algunas figuras se movían con lentitud. Tal vez por la sombra, la distancia o la falla de sus lentes de contacto, pero para Jon aquellos seres le parecieron unos cuantos seres humanoides en formas de animales de granja. Jon prefirió cerrar los ojos y concentrarse en las personas para conocer el nombre de la extraña mujer.
-Mi nombre es Clara Inés-. Comenzó una mujer. -Estoy acá porque me he dado cuenta de que tengo un problema con la bebida. La he tomado para olvidar mi maldita infancia, pero es hora de cambiar por mis hijos.
-Mi nombre es Antonio Sandoval-. Continuó una voz más grave y juvenil. -Estoy acá porque siento que le he fallado a mi madre. Me fui de casa muy joven, entre al mundo de las drogas y ahora estoy acá por ella.
Las voces fueron continuando y cada historia era más similar que la anterior. Unas voces hablaban con tristeza su caída en la drogadicción, el estado de calle o cómo cayeron en el fondo por las apuestas, la bebida o sus problemas con sustancias ilegales. Otras personas compartían sutilmente sus historias relacionadas con la pérdida de un hijo, una madre, un padre o un ser querido que amaron demasiado. Pablo no tenía nada que contar, Pablo simplemente no existía.
-Mi nombre es Pablo Andrés Cárdenas-. Comenzó Jon tratando de recordar su historia inventada hacía un par de días, pero aún se encontraba confundido y aturdido por el viaje. -Estoy acá porque yo… Mi mujer ella no está.
Jon se mordió los labios. Se supone que su historia estaba relacionada con la adicción al alcohol. Pablo Andrés Cárdenas se había pasado toda su vida alcoholizado y tocó fondo cuando despertó desnudo junto a una desconocida en un viejo y sucio departamento. Por culpa de la mujer había perdido todo su dinero y la mejor solución era robarle el dinero y salir pirado de allí como un ladronzuelo. Ella tenía un bebe al que había dejado abandonado y días después se enteró del deceso de los dos. Ya lo había practicado ¿Por qué ahora hablaba de ella? Jon había leído Doctor Sueño una y otra vez junto a Paula, no era posible que en este momento olvidara aquella historia de Dan.
- ¿qué pasa con tu mujer, Pablo? -. Insistió JJ luego de la pausa de Jon. -No tengas miedo, todos acá tenemos problemas.
-E-Ella-. Tartamudeó Jon tratando de completar su mentira. -Soy alcohólico y me aproveché de una mujer y su hijo. Pa-papá… Papá fue lo último que me dijo el niño.
Cada vez era más difícil decir las mentiras y Jon sintió en su garganta aquel sabor metálico en la garganta característico de un día posterior a la borrachera. Era como si el cuerpo mismo lo intentara castigar por decir mentiras y repetir una historia escrita por otro.
-Pablo, no te castigues-. JJ puso su mano sobre el hombro de Jon y sintió una vibración extraña que lo fue llenando de terror. -Compártenos la verdad. Es una de las reglas ¿Lo recuerdas?
Jon cerró los ojos en un esfuerzo por hablar y que de su boca saliera la historia prefabricada. La lengua estaba seca, los músculos de su rostro entumidos y la lengua permanecía extrañamente pegada a su paladar. Además, aquella mano permanecía firme sobre su clavícula, un hombre como JJ la hubiera podido partir de tan solo aplicar fuerza, Jon lo sabía y no estaba seguro de arriesgar sus huesos por algo como eso.
-Le robe el dinero a una mujer que amaneció conmigo luego de una noche de copas-. Comenzó Jon sin darse cuenta de que hablaba extremadamente rápido y fuerte. -Cuando me llevé su dinero la dejé limpia y su hijo me miraba con tristeza. Días después me enteré de que tanto ella como su hijo habían muerto. No estoy seguro de que haya relación, pero me siento muy mal por ello.
Jon escuchó como una mujer más allá de su escaso campo de visión realizó un sonido molesto en señal de desaprobación ante la historia de Jon. Tal vez ella había captado el mensaje o lo rencauchada de la historia. Sin embargo, JJ frenó la conversación y evito que los juicios morales se expandieran por todo el grupo que consideraba ahora a Jon como un paría, a pesar de que no lo conocían en absoluto.
-No estamos acá para juzgar a nuestros compañeros, recordemos que todos hemos cometido errores-. Interrumpió JJ el murmullo al tiempo que aplicaba un poco más de presión sobre el hombro de Jon. -No debemos juzgar a nadie, aunque la persona no sea sincera o haya hecho cosas que para nosotros sean espantosas.
De nuevo aquel impulso eléctrico de terror recorrió el cuerpo de Jon ante la posibilidad de haber sido descubierto. Si bien aún no había indicios suficientes que respaldaran esta teoría, Jon debía andarse con más cuidado de ahora en adelante limitar mucho más sus palabras que salían de su boca como si fuera agua.
Los comentarios continuaron y los testimonios se hacían cada vez más crudos. Jon no podía creer cómo era que aquella gente se atrevía a hacer un juicio sobre él cuando en realidad ellos habían cometido cosas abominables. Hombres que justificaban el abuso, mujeres que naturalizaban el maltrato infantil y la irresponsabilidad e hijos que simplemente creían que olvidar las cosas iba a arreglar las situaciones. JJ, siempre con su tono de condescendencia, alimentaba las esperanzas de estas personas y les restaba importancia a las situaciones, importancia que ameritaba en realidad.
-Mi nombre es Alicia-. La voz más allá trató de ahogar también sus palabras como lo había hecho Jon, pero al final terminó rindiéndose. -Soy Alicia Leyva. No tengo ganas de decir más. Lo siento.
JJ se encaminó directamente a la mujer que trataba de contenerse extrañamente. Era ella, la mujer de la nota y sus intentos por no hablar no hacían más que confirmar la teoría de Jon sobre que ella también sería una investigadora.
-Por favor, cuéntanos algo más-. Se dirigió hacía ella JJ que comenzaba a hablarle con malicia. -No tienes por qué ocultar tus sentimientos acá. Descárgalo todo ¿Quién era tu padre?
-Mi padre…-. La mujer dudó unos segundos, pero al final no lo pudo contener. -Mi padre quería un niño, siempre quiso un niño…
-Maldita sea, cariño, no dejes que te controle. Si caes tú caigo yo también-. Empezó a hablar Jon para sí mismo. -Resiste que él no tiene el control sobre ti. No le des esa posibilidad.
-Yo quería ser un niño para él-. La mujer empezó a sollozar. -Yo estoy acá en realidad porque yo tengo una tarea…
Jon no pudo soportar más las palabras de aquella mujer y se echó al suelo imitando un desmayo. La escena funcionó de inmediato, la joven que aguardaba en las sobras dio un grito a lo lejos y JJ interrumpió a Alicia en medio de la historia. Todos giraron sobre sí mismos y miraron desconcertados a Jon que se hacía en loco en el suelo.
Alicia se secó las lágrimas y sonrió. Vaya que era todo un profesional.