Mandamientos

1743 Palabras
La habitación se dividía en tres hileras de veinte literas de dos pisos y la escasa calefacción estaba encargada a tres ruidosos ventiladores y las ventanas abiertas donde los insectos se podían colar sin ningún problema. A pesar del fervor que habían mostrado sus compañeros luego del viaje, Jon no fue el único en mostrar malestar ante lo sucio y poco higiénico que se veía el lugar. Jon escogió la última litera de la esquina derecha de la habitación con el fin de poder observar con atención a los demás compañeros que al igual que él escogían camas individuales gracias a la gran cantidad de amoblado. Jon notó que las personas que más se veían afectadas o con problemas fueron quienes decidieron tomar las literas cercanas a la puerta, mientras que la que más se mostraba escépticas hacía su nueva inversión, escogieron las que más estaban al fondo. En especial, Jon notó con gran interés cómo la mujer que había intervenido por la ventilación en el autobús se instalaba solitaria al lado completamente opuesto de Jon. Claramente no se veía como una mujer devota. Jon centró su mirada en la extraña mujer que a la vista se veía muy diferente a las demás personas del recinto. Su mirada era dura y las expresiones de su rostro no reflejaban ningún tipo de problema personal aparente, no como las demás personas que trataban de verse duras, pero con una mirada entristecida. Ella era alta, demostraba un poco de mayor edad que Jon y su cabello era extrañamente corto como el que llevan las mujeres profesionales. Sus pasos se mantenían alerta y Jon se sintió sorprendido al observarla de lejos con interés. La mujer, al igual que Jon y como pocos en la habitación, se subió sobre su litera con una facilidad y una costumbre extraña y dio un primer vistazo en el ambiente hasta plantar su fría mirada sobre Jon. Aunque sus ojos se posaron tan solo unos segundos, Jon sintió como su ropa, su mirada, su cabello cuidadosamente enmarañado y su expresión de sobre salto eran leídos por la mujer como un escáner de rayos X. Aunque sintió la necesidad de sacar la libreta y ponerse a escribir para calmar los nervios, Jon no podía permitir que fuera descubierto, ni siquiera por la intrusa, probablemente policía o periodista, así que se recostó en el colchón oloroso y miro al cielo contando hasta diez esperando que la mujer desviara su mirada. Era muy común sentirse observado, sobre todo por aquellos que no les gusta ser observados, pero aquí se encontraba en un espacio y un ambiente muy distinto, debía desconfiar de cualquiera. Un hombre alto, con una camisa elegante metida en los jeans y una profunda sonrisa sin demasiada gracia entro por la habitación en medio de un estruendo que rompió el silencio inicial. Era JJ. -Muy buenos días a todos-. El hombre miró el reloj en una escena no improvisada. -Ya son tardes ¿quién lo diría? Nadie hablo en la habitación a pesar del malestar inicial por las camas. Los compañeros más cercanos veían al hombre alto con cierto malestar, pero a la larga asentían a los comentarios de JJ sin realizar ningún tipo de cuestionamiento. La mujer del otro extremo, por su parte, tan solo observaba, pero trataba de no inmiscuirse demasiado. -Espero que hayan tenido un excelente viaje camino acá-. Continuó JJ sin borrar aquella sonrisa de su rostro. -Ustedes son privilegiados por el destino por haber elegido estar hoy acá. Ustedes decidieron cambiar su vida, ustedes sí están pensando en la salvación que tan solo la madre nos puede ofrecer. Ustedes están siendo redimidos para iniciar la vida que necesitan iniciar, libre de ataduras, libre de penas y llena de luz. Una mujer alta, delgada y notablemente joven, aplaudió al final de la habitación con aquella misma sonrisa perturbadora de JJ. Había entrado en algún momento a la habitación, pero Jon nunca supo cuándo. -Gracias, Linda-. Respondió JJ con carisma. -En fin, quiero felicitarlos por haber escogido estar hoy acá. Quiero recomendarles que sigan todas las instrucciones que les demos a partir de acá, todo hace parte del proceso, por lo que les ruego no cuestionar las decisiones y las indicaciones de nuestro personal. Vivan la experiencia. -Disculpe, señor-. Una mujer ciertamente mayor, pero con ropas propias de los jóvenes, delgada y notablemente cansada intervino. -Pero, tengo hambre. Comprenderá que vacié mi estomago en el bus y me siento hambrienta. -Mi nombre es Jon Jairo-. Contestó JJ girándose sobre sí mismo y dedicándole una mirada a la mujer sin dejar su sonrisa. -Ya les indicaremos qué es y cuándo pueden comer. Como les digo, incluso aquella hambre es parte del proceso de sanación. Porque a eso hemos venido ¿No es cierto? La mujer se sintió achantada y bajó la mirada con resignación como lo haría un niño regañado. Jon sintió mucho pesar por la mujer, que realmente se veía frágil y desnutrida, prometiéndose ofrecerle de su comida cuando los dejaran en paz. -Hoy ustedes llegan acá como personas débiles, como seres que necesitan ayuda y están en la oscuridad-. Continuó JJ una vez que la atención regresó sobre sí. -Nosotros estamos acá para guiarlos en ese proceso, así que es necesario que nos entendamos desde ahora para que salgan como guerreros celestiales llenos de luz, de esperanza e irradiadores de la verdad. La mujer delgada volvió a aplaudir las palabras de JJ dando un salto y expresando con su voz una larga sonrisa. La chica se veía realmente desagradable a pesar de lucir físicamente hermosa. Su cabello rubio llegaba casi hasta la cintura y sus largos tacones le daban el semblante de una modelo. Jon había conocido muchas a lo largo de sus investigaciones y había definido que ninguna de ellas era tonta, contrario a lo que solía pensar la gente, pero esta chica sí se veía realmente estúpida, casi como una maquina programada. -Bien, entonces les pedimos seguir estas recomendaciones, son muy pocas como verán, pero muy importantes-. Continuó JJ tratando de suavizar su voz para que el mensaje no sonara tan severo. -Primero, como ya les indiqué, por favor eviten llegar a cuestionamientos que pueden llegar a entorpecer la experiencia. Todos nuestros métodos son comprobados y aprobados por nuestro equipo médico, así que por favor solo dedíquense a vivir la experiencia. Todo el mundo se quedó en silencio ante el tono tan perturbador, pero a la vez diplomático de JJ. -Segundo, y va muy relacionado con el primero. Por favor no interrumpir mientras está hablando uno de nosotros, esto nos hace bloquear las energías que estamos tratando de transmitirles-. Continuó JJ. La joven dio de nuevo un salto sobre sí misma y de su boca se escapó un gemido de alegría ante las palabras de JJ. Continuaba aplaudiendo. -Necesitamos que traten de guardar un reposo absoluto del mundo exterior-. La voz de JJ se hacía cada vez más severa. -Les pido el favor que no piensen en nada a parte del exterior- Como les digo, esto es para que vivan una verdadera experiencia de santidad. Jon se aferró a su colchón con fuerza por un motivo que no pudo comprender. Tal vez lo había movido la ansiedad, tal vez la ira, o tal vez ambos. -Necesitamos que respeten a sus compañeros, pero por sobre todo a la nuestra Célula-. JJ se detuvo delante de la litera de Jon y lo observó rápidamente sin parecer reconocerlo. -Lo que implica es que no rompan las reglas, pero también si notan que un compañero lo hace, nos lo hagan saber. Queremos que se viva una buena experiencia y tal vez debamos guiar de mejor manera a esa persona. JJ continuó caminando mientras observaba fijamente los rostros de los demás compañeros apostados en las camas. Sonreía, pero no por ello tenía gracia. -Les recomendamos evitar tener relaciones interpersonales demasiado cercanas-. JJ observó fijamente a una mujer mientras lo decía. -Ya saben, una gran habitación con hombres y mujeres se puede prestar para cualquier cosa. Así que los acercamientos íntimos serán denunciables. La última palabra sonó como la de un dictador en un concurso, así que Jon no lo pudo evitar más y sacó de la almohada una pequeña libreta y un lápiz corto mientras trataba de escribir cualquier cosa en el papel. -Esto implica también-. Continuó JJ. -Fuera de los horarios de comunidad eviten hablar con sus compañeros y para los compañeros. Esta es una experiencia personal, no tienen por qué compartirla con los demás. -Por último-. La joven de los aplausos sentenció al fin con aquella sonrisa perturbadora. -Confíen en nosotros en todo momento. Eliminen todo impedimento de su mente y disfruten hasta lo que parece desagradable. No lo olviden, estamos pendientes de ustedes, siempre, para cualquier cosa que necesiten. Jon observó a su alrededor y en las miradas de todos reinaba una sensación de entre aturdimiento, miedo y ansiedad. La mujer continuaba sonriendo y sus piernas se veían más imponentes que nunca con aquellos tacones. Jon trató de pasar saliva, pero fue completamente inútil. -En fin-. Regresó JJ. -Los esperamos en la sala común en cinco minutos. Por favor dejen acá todo el lastre y si tienen la posibilidad cámbiense a una ropa más suelta. - ¿Dónde nos podemos ir a cambiar con privacidad? -. Preguntó un hombre mayor y con una voz característica de un fumador de toda la vida, unas palabras llenas de educación y la gordura de un felizmente casado. JJ volteó a observarlo con atención y su sonrisa se hizo más dura y amplia. Parecía que fuera a devorarlo con aquella mirada. -No se puede cuestionar nada, debe vivir la experiencia-. Contestó JJ. -Estamos en comunidad, pueden cambiarse con confianza. Sin dar más explicaciones tanto JJ como la mujer delgada salieron de la habitación mientras que los desconcertados compañeros se desvistieron y se cambiaron en silencio y con vergüenza. Jon trató de observar a la gente, sin fines morbosos, y en sus ojos reinaba no solo la confusión sino un miedo extraño. Por su parte, la mujer de la otra esquina se cambió con vergüenza, pero a la vez con profesionalismo observando fijamente a Jon, quien no le importaba en lo absoluto la situación. Cuando todos estuvieron preparados, la mujer se dirigió directamente a Jon y con el rostro aún sonrojado, metió un papel dentro de la pantaloneta de Jon. Luego esta se alejó sin dar explicaciones y se perdió entre las demás personas.    
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