El vapor de la reparación de la gente se fue convirtiendo poco a poco en finas gotas de agua que se amontonaban en el vidrio del ventanal del autobús. Las gotas caían en carrera desde distintas alturas y se unían a líneas más gruesas al final del espejo. El demás vapor se fue acumulando poco a poco en condensación impidiendo ver con facilidad la ruta que ahora había tomado el vehículo lejos de la carretera principal.
La música clásica entraba claramente por lo oídos de Jon generándole intranquilidad por el nuevo camino. Recordaba que el autobús saliera por la autopista principal y de ahí haber recorrido unos kilómetros hasta pasar por el puente del Gran Rio. Las cosechas se alzaban a ambos lados del camino y el olor a excremento de animales de granja había penetrado en el interior de la cabina. El sol, aunque tenue, se colaba por las montañas e iluminaba los rostros adormilados de los demás pasajeros del viaje. Cuando el camino se convirtió en polvo y el pesado autobús comenzó a dar saltos molestos, unos cuantos comenzaron a vomitar y otros se aferraban con fuerza a su asiento.
Jon pasó sus manos por sus ojos en un impulso al que se había acostumbrado luego de años con sus gruesos lentes, pero de decepcionó al recordar que sus lentes de contacto estaban prendidos a sus retinas. El olor a vomito, tierra, comida extraña y mierda de animales le produjeron un leve mareo que se intensificó con la música cada vez más extraña y desconocida para Jon. Cuando las gotas de condensación habían desaparecido, Jon notó con extrañeza que ya no había más cultivos o campesinos por la zona, tal solo una espesa maleza que miraba a los pasajeros con hostilidad.
De nuevo el ambiente se fue haciendo más incómodo y pesado como había ocurrido con anterioridad en la oficina de JJ. Jon trató de levantarse con dificultad para solicitar salir a respirar, pero a su cuerpo le faltaron las fuerzas y sus piernas flaquearon los dos primeros pasos. A pesar de que no sintió ningún golpe contundente, Jon alcanzó a ver las estrellas del desmayó y tuvo que sacar fuerza sobrehumana para no devolver el generosos desayuno que había tomado en la mañana, cortesía de las sopas instantáneas. arrastrándose, llegó hasta la mitad del bus y sobre su mirada cayó una espesa neblina negra que le impidió enfocar lo que tenía por delante.
Como si se tratase de un ser de otra dimensión, Jon escuchó como una mujer, no mucho mayor que él de acuerdo a su voz, se levantó de al asiento con mayor facilidad y se dirigió hacía el encargado que observaba la escena con indiferencia.
-Nos estamos muriendo acá adentro, por favor déjenos tomar un respiro. Esta gente necesita aire puro-. Gritó la mujer tratando de mantener la cordura.
-Hace parte del proceso, pronto lo entenderán-. Respondió el hombre con la voz en alto como tratando de convencerla.
- ¿Cómo se supone que esto hace parte del proceso? -. Preguntó la mujer que perdía sus fuerzas poco a poco. -No estamos muriendo acá adentro.
-El cambio siempre duele, pero es necesario. Es hora de la purga y todos ustedes están dando el primer paso para quedar purgados.-. El hombre caminó por el pasillo y pasó por encima de Jon sin preocuparse por comprobar que estuviera vivo. -Todos ustedes, a partir de que se subieron al camión están en el retiro de La Célula, por tanto, esto también hace parte del proceso.
Si el hombre continuó hablando, Jon ya no lo podía saber, pues sus palabras se perdieron entre el infinito del vacío que ahora presenciaba. El suelo del autobús desapareció y Jon ahora flotaba en un mar interminable de estrellas, luces planetas y agujeros negros. La sensación de mareo no desapareció, pero las náuseas y las arcadas desaparecieron por completo. El mar infinito se movía de un lado a otro y cuando sus ojos empezaron a aclararse se vio a sí mismo, en tercera personas, flotando en medio de la nada absoluta.
Mas allá del escaso campo de visión, Jon apreció de nuevo la figura de su esposa que era demasiado reconocible para él. Pronto el gran destello de luz se fue opacando y su esposa se fue acercando poco a poco mientras su cuerpo crecía de una forma monumental. El gigantesco rostro de Paula abarcó todo el campo de visión de Jon y sus colosales manos lo tomaron con el más sumo cuidado. Sus palabras serán ininteligibles, aun así, Jon reconoció la canción que ella siempre solía cantar y la manera en la que sus labios se abrían y cerraban para articular cada palabra.
Pronto Jon fue arrastrado por una corriente y su esposa se hizo cada vez más pequeña. La imágenes regresaron y el universo se convirtió en una pantalla de cine donde vio en primicia cada una de las escenas junto a su esposa. Cuando se conocieron, su primera salida juntos, el matrimonió y los viajes. La película se fue convirtiendo en terror y los enfermeros llegaron tumbando la puerta de la habitación de la casa mientras Jon observaba con impotencia y con tristeza. Su mujer era arrastrada fuera de la habitación mientras sus ojos trataban de buscar los de Jon en un desesperado intento por conseguir compasión.
-No lo volveré a hacer-. Gritaba Paula mientras era reducida en el suelo con dificultad. -Seré una niña buena, no dejaré que ellos me sigan ordenando cosas. Jon por favor, ayúdame.
La película finalizó con una explosión, con llamas y con gritos de dolor. La sala se levantó al unisonó y los aplausos se articularon en uno solo en medio de un gran vendaval de palmadas aclamando la cinta. Jon era uno de ellos, Jon aplaudía y alababa la película sin razón, incluso cuando observó a su alrededor y el público tenía el mismo rostro de desconcierto que él.
Jon abrió los ojos y su cuerpo seguía tendido en el frio metal del suelo del autobús. La carretera, al parecer, había mejorado notablemente y las rocas en las llantas ya no se sentían de manera violenta. La música clásica se había detenido y en su lugar se escuchaba un góspel que de algún modo tranquilizó el espíritu agitado de Jon. No tenía fuerzas para levantarse, no aún. Pero los demás pasajeros se iban colocando de pie lentamente.
La voz del hombrecillo se volvió a escuchar fuerte y clara junto a su acento y su voz de orador.
-Este viaje que han experimentado es el regalo que la madre naturaleza les ha regalado por estar con nosotros-. El hombre se interrumpió y ayudó a colocar de pie a la mujer que instantes antes había insistido. -No teman por lo que les ha mostrado nuestra madre. Más allá encontraran mucho más de esto.
Jon maldijo, pero al mismo tiempo sentía una alegría irresistible y culposa