Preparación

1013 Palabras
Treinta personas asesinadas en club nocturno en el centro de la ciudad Por Rene Perdomo La tarde el pasado miércoles se tornó violenta para los residentes y comerciantes del centro de la ciudad en la llamada zona rosa, lugar famoso por la gran cantidad de bares nocturnos y clubes de compañía. En medio de confusos hechos, dicen los testigos, se lograron escuchar desde varias cuadras tiros provenientes del club La Nocturna, donde fueron encontradas al menos treinta personas asesinadas. De acuerdo a la policía, no hubo ningún superviviente y tanto trabajadoras y clientes fueron masacrados. De acuerdo a los testigos en la zona, de los cuales se han mantenido en anonimato por temor a ser amedrentados, un grupo de personas de la misma comunidad llegaron al sitio y de forma violenta irrumpieron en el establecimiento. Se presume que los encapuchados serían personas de la misma comunidad cansados de las actividades que se ejercían en la zona y que en los últimos días habían incrementado los índices de inseguridad de la zona. Sin embargo, la policía presume que puede no tratarse de esto, pues las condiciones de los cuerpos eran particulares por lo que podría tratarse de un grupo organizado. Las investigaciones de la policía continúan y los cuerpos fueron entregados a las entidades correspondientes para la realización de su autopsia. Por otra parte, las autoridades sostienen la tesis de que todo esto se trata de algún tipo de complot, pues no existen registros en las cámaras de seguridad y tampoco se tiene claro por qué o con qué fin se reunieron los atacantes. Las investigaciones continúan y las autoridades se proponen dar con el paradero de los responsables para devolver la tranquilidad a los propietarios y trabajadores de la zona. Jon se decepcionó del corto artículo que su amigo había dedicado a un hecho tan trascendental como ese. Habían muerto más de treinta personas y los periódicos le habían restado la importancia solo por el tipo de población que se trataba sin detenerse a pensar que todo ello tal vez se tratara de algo más oscuro. La noche anterior, el mismo Jon había llamado a Perdomo aterrado y conmocionado. - ¡Fueron ellos, Rene, ¡fueron ellos! -. Exclamo Jon cuando Perdomo apenas había levantado la bocina de su teléfono. -Tenemos una prueba de que ellos esconden algo. -Jon, de qué me estás hablando-. Preguntó Rene con desinterés. -Ya te debiste haber enterado-. Jon se mojó los labios ante el terror de solo recordarlo. -Lo que pasó en La Nocturna. -Ya me enteré, justamente estoy en la calle encargándome de eso-. Contestó Rene cortante. -Pues fue el culto, Perdomo, fue El Culto-. Repitió Jon acentuando sus palabras para que sonaran más convincentes. -Entraron diciendo que se trataba de una purga a los infieles. -Jon ¿Cómo es que sabes tanto sobre el tema? -. Perdomo continuaba con incredulidad. -Soy yo el que está cubriendo la noticia. -Yo estuve ahí-. Jon estaba más alterado que nunca. -Ellos me estaban persiguiendo a mí, no entiendo la razón, pero entré a ese club porque me estaban persiguiendo. -Espera trato de entender esto-. Interrumpió Perdomo. -Me estás diciendo que El Culto te estaba persiguiendo y atacaron al bar nocturno solo porque tú entraste ahí. Estuvieron años conviviendo años con ellos, pero justo atacan porque tú dices que te metiste con ellos. -Perdomo, yo sé que es difícil de creer, pero es la verdad-. Jon estaba irritándose ante la incredulidad de su amigo, pero también lo comprendía. -Fui a investigar y me seguían. Yo vi morir mucha gente allí, tuve que escapar por los tejados. Perdomo comenzó a reír sin gracia al otro lado de la línea con incredulidad y al cabo de unos segundos frenó con una voz contundente. -Jon, yo sé que quieres tener protagonismo. Estás relacionándolo todo porque sí y porque te aficionaste con el caso. Por favor, ve a terapia y déjame trabajar. Jon no insistió más con el tema y durante un par de día se puso a la tarea de prepararse para la investigación. Una vez llegado a su apartamento y luego de tomar pastillas para dormir y evitar las pesadillas, preparó su grabadora portátil, una libreta y algo con lo que tomar apuntes. Era posible que nada de ello se lo dejasen entrar, por lo que fabricó bolsillos secretos que al menos sirvieran como señuelos. Posterior a esto trató de desintoxicarse de los medicamentos, aunque al principio fue bastante difícil eliminar la dependencia y regresaron las ganas de beber, después de mucho vomito y fiebre, Jon estaba más que dispuesto a realizar su tarea. Jon dobló el periódico bajo su brazo y lo depositó en la cesta de basura que estaba a su lado. La madrugada, más que fría, era helada en aquella época del año. El vapor salía de su boca y se cristalizaba de inmediato al contacto con el aire. Los vehículos que ya formaban hileras en las calles llevaban sus vidrios y parabrisas empapados en finas gotas de agua y los escasos peatones se apresuraban a caminar velozmente por las aceras mientras se recubrían de sus mejores abrigos. Allí no caían nevadas, sin embargo, cuando se decía hacer frio el hielo incluso podía cubrir por parches las calles. Un autobús paró justo en el lugar indicado por la amable recepcionista que días anteriores había atentado a Jon. El vehículo era mucho más grande de lo que Jon había creído en un principio, pues pensaba que solo se trataría de una furgoneta o algo por el estilo. El conductor, parecía tener el tono habitual de todos los participantes de La Célula, con una sonrisa amplia y de algún modo perturbador. Un hombre bajó del bus y luego de realizar las preguntas de rutina invitó a Jon a pasar. En el interior al menos treinta personas se encontraban sentadas y veían tranquilamente al exterior, con una mirada triste llena de recuerdos. Jon caminó hasta el fondo del autobús y se sentó justo en el último asiento. La emoción y l ansiedad llenaban a Jon y el vehículo arrancó sin retorno.    
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