Confianza

1287 Palabras
El salón estaba abarrotado de humo y olores diversos entre menta, eucalipto y lavanda. Cuando Jon entró, vistiendo unos pantalones sueltos y una camiseta clara, como lo había indicado la mujer el día de la inscripción, se sintió mareado, pero a la vez fascinado por aquellas sensaciones. El cuarto estaba iluminado por unas escasas lámparas colgadas en las esquinas y una fogata artificial que brindaba un toque hogareño a la habitación. Fuera de la sala se armaba la negrura absoluta dando indicar que ya era de noche. Jon estaba aturdido al no poder identificar siquiera las luces del pueblo que a la lejanía deberían estar iluminando al menos un pequeño espectro del cielo. Jon fue el primero en entrar, a petición de JJ, y luego de él los demás acompañantes que no evitaron reflejar la molestia y las ganas de estar lo más lejos posible de Jon. Por su parte, Jorge, se sentó a su lado izquierdo y luego Alicia hizo lo mismo a su derecho. El suelo estaba bastante cálido y las alfombras daban una sensación de comodidad que rayaba bastante con los dormitorios y las literas donde se estaban quedando. La sala estaba adornada cuidadosamente de colores cálidos entre rosa, naranja, morado y rojo. Imágenes de búhos, arboles, y otros animales los observaban con ojos vacíos y hasta las plantas que daban un adorno se molestaban en entonar con aquel ambiente artificial. JJ entró con su paso solemne y aquella mirada inquietante mientras la mujer- Muñeca arrastraba tras ella un carrito lleno de frascos tapados preciosamente con un aluminio e icopor. JJ vestía una playera y unos pantalones completamente blancos y sueltos que le hacían demostrar una vez más su superioridad en cuanto a fuerza. La mujer, por su lado, continuaba con su ropa elegante y su falda hasta media pierna, la luz se reflejaba en su rostro como si fuera de plástico y sus dientes desentonaban por tener un brillo de un blanco artificial. En cuanto llegaron al centro, los murmullos que hablaban sobre el incidente con la barra de cereal cesaron por completo impidiéndole a Jon mirar a Alicia que parecía estar temblando a su lado. -Muchas gracias a todos por llegar acá de forma cumplida-. Comenzó JJ con aquella voz de vendedor que era ahora tan habitual en él. -Sé el esfuerzo que todos tenemos que hacer por salir de nuestras camas y nuestras zonas de confort. Sé que todos tenemos miedo a las cosas nuevas, pero hoy están todos ustedes acá. Los ojos de los asistentes se iluminaron por completo como si una llama se encendiera en sus parpados. El suelo vibro, pero más que porque fuera un tembló, lo hizo por el estremecimiento de la gente que miraba esperanzada a su interlocutor. La mujer- Bruja de la barra de granola, ahora parecía haber rejuvenecido por completo y su cabello se veía más brillante y vivo. -no importa cuánto hayan hecho, lo que importa es su entrega y sacrificio con nuestra madre a la que nada le importan nuestros pecados sino nuestra redención-. Continuó JJ que con cada nueva palabra parecía estar aspirando como una droga la emoción de sus seguidores. - Si me preguntarán quiénes son ustedes para mí, yo les diría que ustedes son unos triunfadores, unos capeones que han decidido dejar atrás la misera del mundo para levantarse como iluminados. Las luces de la habitación empezaron a parpadear y como si un espíritu recorriera las paredes, las lámparas se iluminaban persiguiendo las sombras. Luego, como si se tratara de un advenimiento, la luz blanca se situó dónde estaba JJ quien levantó los brazos demostrando su prominente dentadura y un colmillo de hora hasta ahora oculto para Jon. -Hoy, hermanos míos, les hemos traído algo que los ayudará en su proceso de sanación, algo que los reunirá con nuestra madre-. El hombre levantó una de las tazas impregnado con un fétido olor la habitación, mientras que la mujer- Muñeca repartía algo a los demás. -Les estamos repartiendo la fruta de la vida. Sentirán que es como un chicle, necesitamos que se lo pongan en la encía superior, será el primer paso. -Disculpe ¿eso no tiene alguna contraindicación? -. Interrumpió Jorge con incredulidad. -Verá que tengo problemas con la presión. Los asistentes giraron sus ojos de forma violenta hacía el hombre que se encogió en hombros de inmediato. JJ por su parte, lo miro en silencio por unos segundos con unos ojos de severidad como los que haría una madre a su hijo inquieto en la calle. El silencio se hizo por completo mientras que la mujer seguía repartiendo aquel producto. -Hermanos, todo hace parte del proceso y yo velo para que ustedes cumplan con el proceso-. Comenzó JJ. -Sin embargo, aquellos que simplemente hayan venido acá para dudar será mejor que se vayan ahora. El cuerpo de Jorge comenzó a temblar, por algún motivo las palabras de JJ sonaban mucho más severas para los demás que para él. Sin embargo, una sensación de ansiedad recorría a Jon y se vio a si mismo mordiéndose las uñas como un niño y moviendo su pierna derecha como lo había hecho antes. Alicia, quien estaba empapada en sudor, colocó su brazo sobre la rodilla de Jon y lo miró con unos ojos tranquilizadores a pesar del estado de ella. Después de un rato, la mujer de la sonrisa perturbadora llegó a Jon y con una mirada le entregó una especie de goma que ante la oscuridad se veía completamente negra. El objeto estaba envuelto sobre un papel blanco y delgado, similar al de los caramelos artesanales, y su textura era firme y gelatinosa. Jon, disimuladamente, pasó la goma por su nariz y notó un olor extraño entre dulce y amargo propio de una mezcla de hierbas. -esto que van a tomar dentro de unos minutos se llama Yagé-. JJ comenzó a hablar mientras el humo se esparcía por el ambiente. -Una vez que estén preparados para la experiencia quedarán desnudos para nuestra madre. Saldremos de la habitación y ustedes quedaran solos con su mente. Jon siguió las instrucciones con la goma y su primer impulso fue intentar vomitar, sin embargo, su estómago estaba completamente vacío y por el contrario las arcadas le produjeron un dolor que le hizo sentir que los intestinos salían por su boca. La habitación se llenó de cuerpos que se retorcían sobre si mismos y que se chocaban agarrándose la garganta. Jorge trataba de respirar y, aunque Jon quiso ayudarlo, el hombre se puso de rodillas y luego en cuatro para tratar de devolver la goma que se deshacía en la boca como un copo de nieve. -No teman hermanos míos, confíen en mí como les he indicado-. La voz de JJ se escuchaba desde un parlante. -Les he prometido la experiencia y ahora ha empezado. Una vez que puedan recuperar la cordura, necesito que inhales y luego coman la especia que está frente a ustedes. La mujer de los crespos tomó la copa en cuanto escucho aquellas palabras y no fue sino inhalar el humo cuando su cuerpo se liberó de la rigidez y en su rostro se dibujó una amplia sonrisa. Los demás hicieron lo mismo en cuanto tuvieron la oportunidad y las reacciones eran exactamente las mismas. De toz y desesperación, la habitación paso a llenarse de música andina y el humo del ambiente iluminó la sala de un rojo escarlata que entraba y salía de las fosas nasales de todos. Jon fue el último en hacerlo y Alicia la penúltima. Ambos se miraron, inhalaron y comieron antes que la inmensidad de colores se lanzara sobre ellos como Bestias hambrientas. La sala comenzó a brillar y las llamas rompieron la oscuridad de la habitación.  
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