LA VIDA COTIDIANA EN LA PEQUEÑA HACIENDA

1996 Palabras

Los días fueron transcurriendo, el trabajo en la hacienda parecía no terminar, me hacía recordar cuando trabajaba para la señora Montt, las labores comenzaban muy temprano por la mañana, incluso antes de la salida del sol, cuando había que dirigirse al corral de las vacas para hacer la primera ordeña del día para después dirigirlas a la pradera para pastar. Ahí nos encontrábamos con Yuvén, puesto que debía dirigir a los caballos al mismo lugar para que se alimentaran, después de haberlos cepillado. A esa hora la pequeña Ailén permanecía dormida, la dejaba en una cuna de mimbre en la cocina al cuidado de la señora Lizano, quien desde temprano ya se encontraba de pie preparando el almuerzo para todos los habitantes de la hacienda. Eran personas estrictas en cuanto al trabajo, demandaban

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