Capítulo 16

1289 Palabras

 Escuchó un ruido en el anexo. El reloj se detuvo. Los engranajes ya no estaban en movimiento. Juliet sollozaba y el viento frío recorrió su espalda. Sintió una presencia en la espalda. Se volvió, nerviosa, y observó tres puntos rojos que formaban un triángulo.  —Juliet —dijo una voz gruesa y metálica.  Ella, inmovilizada, resollaba. Tenía los cabellos enloquecidos, saltaban de allá para acá. La presión que producía el ser, hizo sentir su cuerpo como si estuviera dentro de una olla.  —Dulce Juliet Larossi —continuó la voz, mostró unas figuras blancas puntiagudas, como millones de dientes de tiburón, que contrastaban con la oscuridad—. ¿No crees que ha sido suficiente?  Juliet no sabía si negar o asentir.  —¿Quién eres? —tartamudeó Juliet.  —Soy lo que soy gracias a mis presas —

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