Caer como una pluma, quedar inerte por un largo rato, la vista ardiendo del sueño pero incapaz de consciliarlo.
Desesperante.
—¿Kyu?, ¿en dónde estás?
Escuchó esa voz tan familiar detrás del teléfono.
«Nunca me vas a dejar tomarme un café tranquilo, ¿verdad?», pregunta cansado para sí mismo.
Qué remedio.
—Qué mierda te importa —suelta agresivamente el rubio. —¿Qué haces llamándome un domingo a las 8 de la mañana? Es mi día libre de ti.
—Es urgente, llamé varias veces, ¡Mierda! Pensé que tendríamos que solucionar esto solos —expresa aliviado el hombre detrás de la línea.
—Mira, no sé qué te hace confirmar desde ya que te ayudaré a solucionar lo que sea que tengas que solucionar —avisa Kyu.
Realmente no quería salir de su casa un domingo como un maldito muerto andante. Estaba cansando, no lo decidía él, lo hacía su cuerpo.
—Kyu, tienes que ayudarme —ahora la voz sonaba más mesurada. —Seokho le disparó a ese idiota.
—Por Dios...¿Estás vaciládome?, te he dicho que esa clase de juegos no van conmigo.
Tejeong, su gran y excelente amigo a quien conoció de una forma tan poco usual y extraña, y con quien entabló una buena relación después de tanto tiempo, solía bromearlo constantemente con tragedias llenas de la creatividad de su mente, parecía serle extremadamente divertido pese que Kyu muy difícilmente las creía y sólo reaccionaba agresivamente ante ellas.
—No es una broma. Le disparó en la pierna, está a mi lado desangrándose. ¿Necesitas una foto para creerme o algo así? —suelta Tejeong, está vez más serio.
Ahora es cuando Kyu sentía que ser el único entre tanto imbécil que podía tratar una herida de bala sin algún tipo de problema, le estaba pasando factura. Se vería obligado a salir de nuevo, a pesar de que su cuerpo le pesara del cansancio.
Una vez más sobrepasaba sus límites.
—Bien, no cabe ninguna posibilidad de quitarte de encima mío...No dejes que Chun se mueva, haz un torniquete y busca un pedazo de tela o una venda y presiona en la herida, algo que ya deberías haber hecho —amenaza Kyu.
—Ya lo he hecho. Estoy en mi departamento, no tardes mucho.
—Llegaré lo antes posible y Tejeong...Creo que tú también puedes tratar una estúpida herida de bala. —le responde molesto el rubio, intentando ganar un poco de tiempo.
—No es sólo ese el problema —musitó Tejeong, quien está al otro lado del teléfono, dándole primeros auxilios al menor
Sin más, colgó
—¡Mierda! Seguiré siendo yo quien responda por sus estupideces...—dice en voz alta, aunque se lo debiera.
«Al diablo con cubrirme las heridas», piensa, saliendo de muy mala gana.
En un lugar como ese, después de tanto tiempo ya no era algo extraño de ver que Kyujang siempre llegara con nuevos golpes y heridas. Era obvio que no se debía a autolesiones y en base a ellas evitaban comentarle al respecto, de no ser por Tejeong, Leon y Seokho, quienes sabían toda la verdad y la mayoría de las veces intentaban darse por vencidos al hacer entrar en razón al rubio, ¿cómo hacerlo?
Son las únicas personas que en algún momento quisieron evitar un desastre que ningún otro ser humano podría arreglar luego, sin embargo y como era de saberse, jamás consiguieron nada.
Nadie cambiaba quien era Kyu ahora, no cabía posibilidad alguna y entendiéndolo poco a poco se rendían.
El rubio busca las llaves de su moto, la cual rara vez usaba, siendo únicamente cuando iba a lugares que no requerían mucha de su cautela y "confidencialidad" como persona.
En cuestión de minutos, con lo poco que quedaba de sus sentidos y a toda velocidad llega al departamento de Tejeong, quien estaba en un lugar algo perstigioso y por ello, el guardia del lugar tardaba unos minutos confirmando el pase de quien sea que quisiera entrar.
Sube en el elevador y toca la puerta para obtener una respuesta casi inmediata del pelinegro, quien le hace un gesto con su mano manchada, repleta de sangre en señal de que pase y cierra la puerta detrás de él, pretendiendo total calma.
Era alguien bastante bueno con eso y su puesto lo daba a relucir continuamente.
—¿Dónde está? —pregunta Kyu, quien ya no tiene energía suficiente para poder controlar su desorientación.
El hombre había estado desde las diez de la mañana del día de ayer despierto, debido a que su insomnio tan frecuente se había mezclado con la emoción por lo que vendría en la tarde con su amo.
Fueron 23 horas despierto, drogado, con su estómago vacío y una fuerte sesión de diversión que le había destrozado
Estaba acostumbrado, pero no como quisiera.
—Lo llevé a la habitación de invitados. Por suerte encontré un botiquín de emergencias en el baño, tomé lo que pude de allá también —explicó Tejeong mientras se dirigen al lugar.
Kyu se detiene, negándose a seguirlo.
—¿De dónde?
El tono de voz de Kyu reflejaba nervios, esperando no recibir la respuesta que teme.
—Tejeong, dime dónde mierda pasó esto y porqué
Debido al silencio de Tejeong deduce lo que pudo haber pasado, lo que lo lleva a maldecir internamente.
—Luego hablaremos de lo que pasó, necesitamos tratar la herida ya. Se a
va desangrar —explica Tejeong evadiendo las preguntas.
A pesar se no ser él el culpable, de alguna u otra forma se había visto envuelto en el problema.
Sin decir una palabra más, Kyujang lo deja atrás y entra a la habitación, encontrándose con un hombre casi descompuesto en la cama, mientras presiona por sí mismo en la herida.
—¡Por Dios! Creí que nunca ibas a llegar —expresa a duras penas el platinado.
Era la segunda vez que sufría de un "accidente" como éste. La gente no se termina acostumbrando a los balazos, ¿Cierto?
—Tejeong ,¿dónde está todo? —pregunta el rubio a quien, yace en el marco de la puerta.
—Mira en la mesa de noche, no quería dejarlo todo en la cama así como así —responde.
Kyu se encuentra con el botiquín, lo pone encima de la mesa y procede a destapar la herida. Tejeong había usado varias vendas y la hemorragia seguía. En principio buscó un orificio de salida pero no había ninguno.
—Buscaré la bala, para tu suerte no estará muy profundo y no te haya tocado algo que te haga ver a la virgen. Si te duele muerde algo o qué se yo, pero no muevas la pierna—indica desinteresado mientras sujeta unas pinzas.
Escarba en la herida en busca de la bala y la encuentra en poco tiempo. Ambos escuchan al menor quejarse y rechinar sus dientes hasta que logra sacarla en un tercer intento y envuelve su pierna con otra venda.
—Parece que irá bien la herida...No sé si el problema que provocó esto también—duda Kyu, guardando el botíquin. —Vamos, hablen —ordena insistente.
—Creo que ya estás en tus capacidades de explicar la estúpidez de hiciste —Tejeong sale de su silencio y se dirige al que parece ser merecedor del balazo.
—Quería matarlo... —susurra Chun con miedo.
Tejeong, quien perdió la gran paciencia que había tenido a este punto sólo se dirige a platinado, ignorando la presencia del tercero y estampa su cabeza secamente contra el respaldar de la cama.
Lo había sacado de sus casillas y siquiera podía castigarlo con sus propias manos ahora.
—Habla bien, maldito imbécil. Sabes que tienes que pagarme significablemente que haya traído tu culo hasta aquí, arriesgándome
Las palabras de Tejeong eran violentas pero su persona se mantenía siempre en una buena compostura, sus expresiones corporables demostraban completa calma y rara vez se salía de control si así él no lo quería.
Una persona que había cambiado al ritmo de la vida misma, algo que tenía en común con el rubio.
Kyu, por otra parte, se encontraba sentado en el otro lado de la cama, con la cabeza baja, sus codos tocando sus rodillas y sus manos entrelazadas, despreocupado por el trato de Tejeong hacia Chun. Simplemente esperando por saber qué sucedió.
—Seokho entró y yo estaba solo el pasillo D, llegó hasta mí y me explicó que había aceptado los servicios de los imbeciles de May a cambio de perdonarles la vida. Yo tenía la orden de matar a Lucas. Después de que me hiciera la vida mierda por tanto tiempo finalmente tenía la oportunidad y era apoyado por un grupo jodidamente fuerte y que me prohibieran hacerlo...—explica Chun mientras evita el filoso contacto visual de Tejeong —Sabía que Seokho fue quien tomó esa decisión aún sabiéndolo todo y ahora en frio sé que tenía sus razones por el grupo, pero en su momento no pensé en nada y lo que empezó siendo una discusión acabó conmigo de ésta forma.
—Lo intentaste apuñalar varias veces justamente cuando yo llegué —añade Tejeong con sus ojos puestos aún en él.
Pequeña rata estúpida.
—Y me parecía extraño que Seokho actuara de esa forma por una simple discusión —expresa Kyu y se levanta de la cama
Ahora ambos lo miraban. Chun no tenía escapatoria alguna, salvo que fue él el herido.
—No podías siquiera tener los huevos de explicar las cosas bien
—¿Qué pasará conmigo aho...
—¿Qué pasará con Seokho ahora que rompió una ley tan importante como esa? —Tejeong interrumpe al menor. —Seokho te disparo para defenderse, sin embargo no sabemos qué pasará con él.
—Tenemos que decírselo —aclara Kyu
—No sabemos cómo va a reaccionar, Kyu. Sabes que es jodidamente impredecible, nuestra racionalidad muchas veces no cuadra con la suya —expresa Tejeong, refiriéndose a su superior.
—¿Piensas ser parte de esta mierda y hundirte con Seokho? No nos corresponde a nosotros envolvernos en una estúpidez como ésta. Él sabrá cuál será la mejor decisión
Era cruel, pero tenía razón.
—Ustedes van a echar al fuego a todos para no quemarse —suelta el menor de los tres.
Irónico. No conoce lo suficiente al rubio frente a él para hacer una afirmación como esa.
—¿Quién mierda eres tú para opinar sobre lo que haremos? Si vamos a echar a alguien al fuego es a ti...Sí creiste que eras importante dejame decirte que no importas una mierda ahora —expresa el rubio.
Después de haber conocido la historia tuvo por seguro que, de nuevo, era el caso de una maldita rata insensata. Otra más del montón que tarde o temprano –mejor temprano– terminaría decapitada por una ratonera.
Chun permanecía en silencio. Había cometido un grave error al intentar asesinar a Seokho y aunque evadiera la culpa, sabía que pronto pagaría caro.
—Bien, decidido. Serás tú mismo quien se lo cuente. Y que quede clara una cosa —enunció Tejeong severamente. —No fuimos nosotros quien te echamos al fuego, por tu cuenta decidiste quemarte
—N-no pueden estar haciendo esto...
Chun intenta moverse pero sabe que es inútil. Perdió mucha sangre y se encuentra débil.
—Si haces algo imprudente –que eres bueno con eso– te juro que no voy a dudar en ayudarle a Tejeong a matarte —Kyu ignora sus palabras, amenazando.
—Seokho debe estar limpiando el desastre, ¿porqué no te llevamos a ayudarlo? —pregunta sarcásticamente Tejeong.
El pelinegro levanta bruscamente al chico de la cama mientras él se sostiene a duras penas de sus hombros, sacándolo de la habitación.
La maldad mueve al mundo.