✦Capítulo 5: Buena vida

2015 Palabras
A veces la vida les hace pagar caro a los más debiles y desgraciados, mientras que deja a las peores alimañas soltarse de sus garras como si de un vacile se tratase. La vida aplasta al más débil insecto sin motivo alguno, como si muriera de diversión. Algunos de los insectos se levantan malheridos y se vuelven aliados de la vida misma... Aquellos que fueron aplastados ahora aplastan a otros sin pudor, mientras que el resto –siendo la mayoría– terminan siendo irreparables víctimas de lo que la vida tuvo por darles, sin ninguna cura, siendo miserables para siempre. En el medio, siendo lo menos común, se encuentraban quienes pasaron por ambas partes, al mismo tiempo y sin perder el ritmo. Pese que existiendo estos tres tipos de insectos, lo cierto es que, a la vida y a otros insectos manejados por ésta, no les importaba cambiar la realidad o el entorno en el que viven, por lo que el transcurso de su estadía en la misma seguía siendo meramente un círculo vicioso entre la especie. Complicado de comprederse, se requería empaparse de una pizca de la cruel realidad para hacerlo y, quienes lo hacían, sólo eran llevados por un gran camino oscuro y espinoso en donde se encontraban con una cruel verdad; por más que quisieran no eran capaces de cambiar nada. No tenían el poder. Año 2003 Un gran insecto se encuentra en camino a sus labores, subiéndose a su lujuso carro y mirando de reojo a su chófer, quien, con una vestimenta elegante da sus servicios al mismo. Se dice que los peores especimenes son quienes más posesiones tienen, perdiendo toda capacidad de lúcidez por la avaricia y arrogancia en la que se encuentran envueltos pérdidamente. Tales especimenes son manejados por su ego más que por su inteligencia, y quienes la usaban, era a base de ese irremediable mal , controlando todo lo que su débil alreadedor quería, manipulando las cartas de la realidad a su antojo y mejor aún, revertiéndolas para no tener consecuencias. —Ocurrió un imprevisto...Sabes dónde tienes que llevarme, ¿verdad?—cuestiona una mujer mientras mirándose en un pequeño espejo colocándose un labial rojo vino, bastante escandaloso para su tono de piel. —N-no señora, una disculpa —el chófer expresa algo apenado, intentado hacer el minímo contacto visual, aunque la mujer traía unas gafas oscuras y un sombrero aterciopelado que hacía casi imposible ver su rostro. —Llévame al club —la mujer ordena y lo observa ligeramente a tráves de sus lentes de forma arrogante, en búsqueda de lo que era para ella una llamativa tensión —Necesito que manejes más rápido, voy tarde —demanda. —Sí, señora. Llegando al lugar se puede ver desde afuera la muchedumbre. Mucha gente había esperado por ese día ya que, al ser uno de los clubs más famosos de la zona, expectaban altamente por una noche increíble de fiesta. Luces exóticas ya decoran la entrada junto a intimidantes guardaespaldas y entre todos los locales de la calle era notablemente destacable éste. Se estaba celebrando el cuarto aniversario desde el éxito del lugar y qué mejor forma que ésta. La mujer se baja del auto y entra al lugar mientras el conductor procede a buscar un lugar en donde aparcarse. Aunque iba sola su presencia resaltaba inigualablemente. Una figura llamativa, elegante, preponderante y digna de miradas tanto de hombres como de mujeres. —¡Cómo has tardado!, moría por verte —un hombre esbelto y de apariencia tosca le dirige la palabra mientras camina hacia ella. —Me he atrasado bastante por unos asuntos fuera del club. Qué bueno que ya he llegado Camina junto a él hacia lo que parece ser la zona vip y, su hermosa figura ya hace paso en el lugar con elogios y buenos comentarios. Alrededor se podían ver hombres y mujeres fumando, tomando alcohol y muchos, hasta inhalando rayas de cocaína frenéticamente en mesas de vidrio, unos entonados con la fuerte y vibrante música del lugar, en otras zonas, hombres de familia jugando poker y demás, por otras, mujeres bailando obsenamente para cualquiera que tuviera algo que ofrencerles. Era un expectáculo tan buscado por gente de todas edades deseosa de un ambiente mundano. El dinero mueve el mundo y de qué forma. —Todos han empezado la fiesta sin mí, ¡qué mal! —expresa la mujer entrando a la zona vip llena de gente aparentemente más cercana a ella, socios, amantes, amigos e incluso algunos familiares dentro del negocio. —Jisuk, mi gran socia...Mira todo lo que hemos logrado Esta vez es una mujer quien se levanta de la barra exclusiva para ir a saludarla. —Lo sé, me parece difícil de creer incluso cuatro años después todo ha cambiado drásticamente —expresa emocionada la esperada mujer luego de un breve abrazo a su socia. —Ven, vamos a hacer un brindis ahora que has llegado —Sui la invita y Jisuk se limita a sonreír y seguirla. —Bajen un poco la música, por favor —pide el gerente del lugar a otros empleados, quienes asienten y se disponen a hacer lo pedido. Una vez la música no retumbaba en el lugar todos en el lugar se ponen de pie y ya con una copa de champagne recién servida, brindan. —¡Por estos cuatro grandiosos años llenos de éxito! —exclama un hombre en el centro del lugar, quien había hecho gran parte del club ser lo que era ahora. —¡Por la grandiosa Han Jisuk! —grita emocionado otro hombre al fondo, del otro lado de la barra. Todos levantan las copas y brindan entre bulla y buenos deseos. Las ilusiones son peligrosas. Nunca ha sido una sorpresa ver como los temibles lobos se alimentan de pobres ovejas a su mérced mientras permanecen en manada pero, si alguna vez alguno comete un acto que no agrada a alguno o al resto –como lo es intentar comer la carnada del otro–, se corrompe tal hermandad. Unos pelean con otros a muerte, por su propio beneficio. Un juego necesario en la cadena alimenticia en el que sólo los más fuertes ganan. Todos toman del caro champagne y la música vuelve a resonar como antes en el lugar. La noche permaneció "tranquila" en cuanto a problemas y gente revoltosa se refiere. Aunque es bastante común en el club encontrarse con aunque sea una pelea y, en el otro "buen" sentido, sí fue un completo desastre. Muchos acabaron tirados en el suelo, mujeres en el baño vomitando y en las escaleras se podrían encontrar escenas bizarras debido a los efectos estimulantes y psicoactivos. 4:24 am Con tal éxito una Jisuk, algo desastrozada por largas horas de celebración volvía a su casa o ,mejor dicho, mansión. La había comprado hace pocos años y sin la ayuda de su gran esposo, el cual no se encontraba del todo contento con dicha acción de su parte debido a lo escandaloso y obvio que era que la familia casi de la noche a la mañana consiguiera un alto estallido en sus finanzas. Su espoco, quien prefería no indagar demasiado en ello, ya que creía que entre más se metiera menos podría salir de ello luego, no sólo no estaba de acuerdo si no que vivía con un profundo temor de verse involucrado con los sosprechosos actos de su poco precavida mujer. —Puedes irte. Contaré las horas extras en tu próximo pago —habla con un poco de dificultad la mujer. Su chófer personal asiente y deja a la mujer en su mansión, dejándola entrar sin sus brillantes tacones pretendiendo hacer poco notoria su llegada. Era una persona que incluso en su peor estado buscaba mantener el control de todo a su alrededor. No importaba cómo, cuándo ni dónde, ella ahora lo conseguía, nadie la detenía. En eso se había convertido Han Jisuk. Sube las escaleras del frío y silencioso lugar dirigiéndose a uno de los 6 dormitorios para revisar que todo se encuentre en su lugar y como debería. Un pequeño niño se encuentra profundamente dormido en la única pero grande cama de la habitación, rodeado de peluches y una suave pijama de algodón lo cubría. —Mi bebito —expresa la mujer con gran ternura y fuera de sus cinco sentidos. Lo abraza impulsivamente y deja besos en su suave rostro, provocando que el niño frunza el ceño y se revuelque en la cama en señal de clara molestia, haciendo que ella se aparte lentamente, dejando la habitación, abriendo ahora la puerta de otra y deseando que su esposo se encuentre ahí, posa su mirada en la cama, sin embargo, no estaba, como lo sospechaba. Sin mucho interés se tira en la cama y con el mismo vestido que pasó toda la noche cae dormida. 10:48 am —¿Mami?, o-oye... La dulce voz de un pequeño niño mientras toca delicadamente a su madre se oye en la iluminada habitación, producto del sol mañanero. —Mami, despierta —insiste otra vez. Al no recibir una respuesta el niño, asustado por encontrarse solo en la casa ahora agita fuertemente el brazo de su madre hasta que por fin abre sus ojos. La mujer, al notar las manos de su hijo sacudiendo su brazo reacciona golpeando –según ella– al aire. Sin embargo, el niño yacía en el suelo. —Perdón, mami. No quise molestarte —se disculpa el menor, quien se mantiene en el suelo. La mujer reacciona y se levanta rápidamente de la cama, dándose cuenta de lo que había hecho. —¿Bebé?, ¿te golpee? —pregunta a algo obvio pues el niño, temeroso, estaba intentando retener sus lágrimas después del fuerte golpe. —Perdóname, no quise golpearte, mi niño. Ven abrázame —dice a su hijo a la vez que, sentada al borde de la cama, extiende sus brazos. El niño sin pensarlo se levanta, dirigiéndose a los brazos de su madre, desesperado por un cálido abrazo y cuando lo recibe comienza a sollozar. —¿Porqué lloras, pequeño? —cuestiona ella, fingiendo preocupación pues sospechaba de qué se trataba. Su niño temía a la soledad. Nunca entendió el porqué de su miedo irracional, mientras más crecía, sentía que sólo empeoraba, no obstante, nunca buscó motivos o intentó solucionar su sufrimiento. —Tenía mucho miedo. Fuí a buscar a papi a todos los cuartos pero como siempre no pude encontrarlo, si no te encon... —Ya. Está bien, todo está bien, no te preocupes más mi pequeño, estoy aquí. —su madre lo interrumpe abrazándolo más, notando como empezaba a sollozar más fuerte. —Mami, hueles mucho a alcohol —expresa el niño haciendo una graciosa mueca de asco separándose de su madre. —Es verdad, debería ir a bañarme. —sugiere Jisuk. —Pero primero, vamos a desayunar. ¡Vamos, vamos!, ya llego a la cocina —agarra de los hombros al niño, indicándole que se salga de la habitación y vaya a la cocina. Esperando que salga por completo ahora toma su teléfono, que por suerte aún tenía 10% de batería. Revisa llamadas pérdidas y varios mensajes, disponiéndose a llamar a su esposo. —¿Dónde estás?, el niño te buscó por toda la casa y no te encontró. Sabes que le tiene miedo a estar solo —Jisuk explica con un tono severo a su esposo. —No va contigo fingir preocupación por él, Jisuk, te conozco. ¿Qué es lo que quieres? Sin embargo, el tono del hombre es aún más severo. —Quiero que vuelvas, no he podido verte —se sincera Jisuk fácilmente. —Vete a la mierda, estoy harto de esto —escupe el hombre y sin rechistar cuelga el teléfono. La mujer no tiene reacción alguna, sólo deja el teléfono en la cama, sale de la habitación y se encuentra con el niño aún bajando las escaleras lentamente, por estar jugando con su imaginación. No hace ni un poco de ruido dirigiéndose a él, quien no ha notado su presencia. Estaba fuera de sí, lo había empujado.
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