No sabía decir, cuando volví a quedarme dormida. Porque cuando desperté nuevamente, Marcus ya no estaba, pero había dejado tras su macha una nota en mi escritorio, al tomarla con mis dedos, la leí.
~Nos vemos en el jardín a las 10:00 pm~ Att, Marcus.
De la tarjeta dorada brotaba una fragancia varonil y absolutamente deliciosa.
No tenía tiempo para pensar en la vergüenza de que Marcus me haya encontrado tan vulnerable o el hecho de que estuviera en mi
habitación el día anterior. Así que fije mi atención en la cita a la que asistiría, porque era evidente la importancia con la que pidió hablar conmigo. Y considerando el hecho de que él me brindaba información y pistas, no podía rechazarlo o ignorarlo ¿Era probable que me dijera la verdad?
Sin tantas vueltas.
Al bajar a desayunar, me encontré con mis padres, la comida ya estaba servida, y todo parecía delicioso, pero al notar el ambiente tan serio, me preocupé, lo que no estaba fuera de lugar.
- Scarlett, hemos considerado retirarte del instituto – informo mi padre Robert, sus ojos azules carente de emociones.
- ¿En dónde estudiaría? – pregunté moviendo mi cubierto, pinchando una salchicha.
- En casa, cariño – respondió mi madre sonriéndome – Te asignaremos tutores y estarás preparada para la universidad.
No es que me negara a estudiar en línea, es solo que quería que me cambiarán a otro instituto, en dónde no hubiera un loco asesinando estudiantes.
- Ya le informamos al instituto, ellos recibieran tus notas y te enviaran los exámenes y los trabajos para que presentes. No hay cambios, ni objeciones –dijo mi padre Robert al ver que intentaba debatir.
- Así que teóricamente no estoy fuera del mismo instituto – comenté, moviendo enfrente de mí, el cubierto en círculos.
- Hay otra cosa más – dijo mi mamá con una sonrisa de disculpa, la miré con sospecha.
- ¿Qué cosa? – pregunté.
- Robert y yo, te hemos asignado un guardaespaldas, para que cuide de tí, en todo momento – respondió sosteniendo con fuerza la mano de su esposo.
Me quedé un momento en silencio, sorprendida por el curso que siguió la conversación.
La única manera de que tomaran tantas medidas, era porque lo que sucedió en el instituto, tenía que ver con nosotros. Bajé mis manos, apretándolas en puños, ahora que lo pensaba, la chica que había sido asesinada se parecía tanto a mí. Pelirroja, piel blanca, estatura parecida.
¿Esto tenía que ver con los hombres lobo? Quise preguntar, pero no pude.
- ¿Scarlett, estas bien? – preguntó mi madre con preocupación. Sacándome de mi
ensimismamiento.
- ¿Sigo castigada por irrumpir en el almacén? – cuestioné, ignorando su pregunta.
Negó con la cabeza.
- Bien, entonces me voy. Nos vemos en la cena – dije levantándome de la mesa.
- Hija, no salga de la mansión – dijo mi madre Cecilia.
- No lo haré – respondí con cansancio.
Y no podría hacerlo sin que se dieran cuenta, estaba segura de que me tendrían muy vigilada.
Revise la hora en mi reloj digital, las 9:40. Era hora de ir al jardín.
De todos los lugares que ya había visitado de la mansión, solo me faltaba ese.
Me arrepentí de no haberlo hecho antes, caminos de piedra lisa guiaban a diferentes lugares del jardín, cubiertos de flores azules, amarillas y moradas. Árboles gigantes, que parecían envejecidos, a juzgar por el tamaño de su corteza, otorgaban sombra con sus hojas verdosas y brillantes.
Incluso había pequeños arbustos que presidian los caminos. La combinación de colores, las plantas e incluso los árboles, están estratégicamente ubicados. Quedé encantada al encontrar una fuente, y casi me reí de gracia, porque del hocico de un lobo de piedra salía agua.
Ahora entendía, porque nadie me había traído aquí antes. Para no tener que ver nada con los hombres lobo, tenían bastante insignias de ellos.
Cerca de la fuente, había sillas largas de piedra para sentarse. Y cuando caminé un poco más allá me di cuenta de una pequeña terraza, mesas redondas con sus respectivos asientos. Estaban protegidas por puertas de vidrio y una estructura de madera elegante.
Estaba cerrado, pero eso no evito que pudiera observar una piscina.
Estaba segura que mi madre, me comentó sobre las piscinas que mi padre mando a construir, porque sabía que a ella le encantaba nadar. Está, debía ser una.
Sentí un escalofrío, la dirección del viento me daba de lleno, el silencio del bosque, me permitía escuchar hasta el más mínimo sonido o tal vez, mis sentidos se habían agudizado, porque cuando unas ramas se rompieron, volteé a mirar con rapidez. Encontrándome con Marcus, sus ojos marrones me detallaron de una manera distintas, sin su arrogancia habitual, ni siquiera podía expresarlo en palabras.
- Buenos días Scarlett – saludo sonriéndome.
- Buenos días Marcus – regrese su saludo - ¿Por qué me pediste venir aquí? - cuestione.
- Tal vez para hablar contigo, sobre cómo te sientes – respondió hasta estar a mi lado.
- He venido aquí, para que me reveles los secretos, he avanzado con el libro de fantasía y he hecho todo lo que me has pedido – demandé con molestia.
Él no se altero al ver mi cambio de humor, siempre ha sido así. Parece que se divierte con mi desesperación de saber más.
- Estaba esperando, no te molestes conmigo – alzo sus manos riéndose.
- ¿Esperando qué? – pregunté acercándome a su rostro.
- Un cambio en ti – respondió, su mirada se torno dorada por un segundo.
Nos miramos unos segundos tan cerca que podríamos darnos un beso.
- Un cambio en mí – susurré pesando en la noche anterior – Marcus yo soy…
- Una mujer lobo – respondió al final.
Me quede en silencio, perdiéndome en su mirada.
- ¿Y tú? – pregunté.
- Un hombre lobo – respondió en voz baja.
Entonces mis suposiciones eran ciertas. Yo también había heredado la licantropía.