Capítulo 17:Mujer lobo.

1022 Palabras
Los pensamientos se acumulaban en mi mente, como siempre me pasaba desde que me mude de mi antiguo hogar a la mansión Tabelait, procesar tanta información de golpe, me hacía cuestionarme mi vida entera. Una mujer lobo, simplemente admitirlo me embargaba de una angustia incesante. Observé a Marcus, quien, a su vez, estaba pendiente de todo lo que hacía, sus ojos dorados me recordaban que él y yo éramos iguales. Y diferente de los demás. - ¿Cómo se manifiestan los cambios? – pregunté apretando mis manos. - Desde que nacemos… - ¡Desde que nacemos! – exclame interrumpiéndolo, sorprendida. Él me sonrió incomodo. - Tu situación es un poco diferente Scarlett – comento, acariciando su cabello. - Tuve que esperar a que mostraras un cambio real, de lo contrario no me hubieras creído. Anoche tus ojos cambiaron de color, el dorado en tus pupilas me lo demostró. La poción que te estaban dando para reprimir tus genes está diluyéndose de tu sistema, te doy una semana como máximo hasta que te conviertas en un lobo- explico con seriedad. - Por eso no me permitiste beber del jugo el otro día – susurre con tristeza – He vivido en una mentira toda mi vida – me sentí ahogada. - No Scarlett, respira – ordeno agarrando mis brazos, apoyándome – Yo te ayudaré, estaré en cada momento. - ¿Por qué? – cuestione, mirándolo agobiada- ¿Por qué ayudarme? ¿Qué ganas tú, con eso? Se quedo en silencio por unos segundos. - Gano más de lo que tú podrías imaginar- respondió con una expresión que solo podía interpretarse como otro secreto – El día que cambies de tu forma humana, estaré ahí. Solo ese día, podrás entenderme completamente, y también la razón por la que te he ayudado. - Bien, estaré esperando ese día- dije mientras colocaba mis palmas en sus brazos, rodeándolo con mis dedos y apretando fuerte. - Te vas a sorprender – comento apretando sus labios en un intento de no sonreír. - ¿Más de lo que he hecho? Lo dudo – dije riéndome. *Me he vuelto loca, en un momento estoy a dos pasos de tener un ataque de pánico y en otros dos estoy riéndome de mis desgracias* pensé. Las nubes del cielo se agolparon, lo suficiente para dejar caer unas gotas de lluvia, advirtiendo del repentino cambio de clima, no traía ningún suéter ni paraguas, así que decidí empezar a caminar de regreso, Marcus me seguía en silencio, parecía entender que no deseaba hablar más. Ya tenía suficiente en lo que pensar. Unos días después. Estaba en el balcón de mi habitación, la oscuridad de la noche era mi aliada, en estos momentos, el frío era fuerte, capaz de congelarte, pero con un abrigo grueso me protegía de él. Se había convertido en parte de mi rutina pasar parte de mis noches aquí, meditando en su mayoría o simplemente esperando, tal vez para ver otra vez al lobo n***o que aparecía cerca del jardín. No había sido capaz de preguntarle a Marcus quien era ese lobo que me espiaba, o incluso si era él. En realidad, todavía no entendía muchas cosas, y no podía aclarar mis dudas, porque no lo había visto en una semana. Esa mañana lluviosa, en donde me confeso nuestra naturaleza fue la última vez que hablamos. Nos separamos apenas entramos a la mansión para refugiarnos de la lluvia. Al otro día, mis padres me presentaron un guardaespaldas, un hombre joven, que sospechaba que también era un lobo. Era serio, pero educado y solo hablaba conmigo si era sumamente necesario. Su nombre era Willie, era alto, y uniformado. Y como si con solo pensarlo, me hubiera escuchado, abrió la puerta de mi habitación. - Señorita Scarlett, es hora de dormir. Si necesita algo no dude en acudir a mí – se despidió, para luego volver a cerrar la puerta. Todavía me preguntaba cuando dormía, se quedaba protegiéndome todo el día y noche. Respiré profundamente inhalando el aire fresco de la noche, decidí que era hora de dormir, tenía tarea que enviar al formato digital del instituto. Porque sí, no había regresado a estudiar presencialmente, en realidad nadie estaba asistiendo, los problemas legales y policiales parecían detener la entrada de estudiantes con regularidad. Sin embargo, no podían dejar a un montón de chicos jóvenes sin estudio, así que el internet se convirtió en el mejor aliado. Al sentarme en mi mullida cama, observé encima de mi mesita de noche, el libro de la manada luna llena, no había continuado con la historia de mi familia. Tal vez, porque había empezado a tener sueños cada vez más continuos sobre lobos aterradores o porque cada vez que me despertaba tenía los ojos de un color dorado, que me causaba susto. Una de esas veces casi fui descubierta por mi madre, que entró a mi habitación sin avisar. Al parecer no podía controlar el cambio del color de mi retina, todas las mañanas me pasaba lo mismo, todas las mañanas me pasaba lo mismo. Estaba cansada, así que me quede dormida, mientras miraba mi teléfono, porque ya me lo habían devuelto, después del castigo. Hasta que empecé a soñar, sabía que era un sueño porque estaba en el instituto, enfrente del asesino de dos adolescentes, no pude evitar mi miedo, él me miraba fijamente, sus ojos rojos parecían sedientos por atraparme, y lastimarme con ese cuchillo lleno de sangre que empuñaba fuertemente. Intento acercarse a mí, pero algo se interpuso, un lobo de melena oscura. Gruñía amenazante, y cuando él otro lanzo un zarpazo, el lobo le mordió el brazo con fuerza. Scarlett, despierta. Escuche que me hablo en mi mente, me asombre, intentaba… Despiértate, ahora. No sabría explicar si fue su voz demandante o tal vez el frío que me invadió, pero cuando abrí mis ojos a la realidad, no pude evitar darme cuenta de que no estaba sola en mi habitación. Alguien más me acompañaba. - ¿Quién eres? – pregunté angustiada mientras temblaba. Y cuando la persona salió de entre las sombras, me quede sin aliento. - ¿Atticus? – susurré su nombre.
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