Las dos puertas de mi balcón estaban abiertas, dejando pasar el viento que traía consigo la ventisca, porque llovía, parecía como si el cielo se estuviera cayendo.
Castigándonos a todos.
Me rodee el cuerpo con los dos brazos, temblando del frío, porque solo tenía una bata encima, miraba inquieta a quien debería ser un fantasma, pero que estaba en mi cuarto de pie, en carne y hueso.
- Deberías vestirte para salir, ponte un abrigo – aconsejo, como si fuéramos amigos de toda una vida.
Me levanté de la cama nerviosa, me acerqué a su cuerpo, parpadeando con rapidez, extendí mi mano temblorosa hacia su pecho, quería probar… si era real. Y cuando mi pulgar lo toco, solté un gemido de sorpresa. La textura de su camisa prolija, me confirmo lo real que era la situación.
- ¿Cómo? - me cuestioné en voz alta.
- -No importa como en este momento Scarlett- impuso con seriedad – Debemos apresurarnos, tu transformación tendrá lugar a media noche.
Iba a ser una de ellos, una mujer lobo.
Inmediatamente, busque un abrigo grueso y unos zapatos.
- ¿Cómo vamos a salir? Debe haber guardias en la mansión – pregunte señando la puerta. Él sonrió de manera egocéntrica.
- No iremos por ahí – respondió, luego se acercó a mí, me sujeto con sus brazos como si fuera un bebe, aturdida no pude oponerme.
Cuando comenzó a correr hacia el balcón, pensé que moriría de un paro cardíaco, pero no fue lo peor, eso vino al saltar de un segundo piso. Tape mi boca con mi manos mientras cerraba mis ojos, no me soltó ni siquiera al tocar tierra, siguió su recorrido atravesando el jardín y posteriormente un muro que nos separaba del bosque infinito.
Recorrió conmigo a cuestas un buen trecho, pasando intrincados patrones de árboles, hasta llegar a un lugar bastante despejado. Un campo de flores con un lago alimentándolas, me dejo de pie, mientras me adaptaba a pisar tierra por mi misma.
-Vamos- ordeno sujetando mi mano hasta estar en frente del agua- Desnúdate, debes ser unirte al agua.
Debí haberme ofendido por la simple insinuación, pero confiaba en él. Aunque no lo conociera mas que por su diario. Asentí, quitándome el abrigo, mi pijama y zapatos. Al menos no sería la única que tuviera poca ropa, él iba a estar igual.
Solo con nuestra ropa interior, temblaba del frio o tal vez de los nervios que tenía, porque hace días sentía como algo en mi cambiaba.
No podía retroceder, ya era inevitable.
Así que volví a tomar su mano cuando me la ofreció, entramos al agua helada, hasta que llego hasta nuestros cuellos, flotando en ella.
- Atticus tengo miedo – susurré en la absoluta oscuridad. Él me miro con empatía.
- No lo tengas Scarlett, eres una de nosotros y mucho más – alzo una mano hacia el cielo- Ya ha llegado la hora – Advirtió.
Nerviosa, me quede en silencio, ante la atenta mirada de mi ancestro. Hasta que un dolor me recorrió el cuerpo y grite, hundiéndome ante mi incapacidad de usar el cuerpo. Pensé que me ayudaría, pero lo que ocurrió fue que sumergió conmigo en el agua sin soltar nunca mis manos.
Y de repente sentí que cambiaba, cerré mis ojos con fuerza, mi oxigeno iba agotándose poco a poco hasta casi caer en la inconciencia, sentí como halaron mi cuerpo hasta la orilla, depositándome en el barro, tosí varias veces soltando el agua que había interrumpido mi boca.
- Lo lograste- dijo Atticus – Ahora eres una de nosotros.
- ¿En serio? – cuestione indignada.
Espera. Acabo de hablar sin mover mi boca.
Lo miré sorprendida. Él se hecho a reír, acariciando mi pelaje.
Gruñí solo como lo haría un animal ante mi tatarabuelo. Me levante con esfuerzo, adaptándome a mi nuevo cuerpo, acercándome al lago, observe mi reflejo por tanto tiempo, encontrando fascinante mi nuevo cuerpo, tenía cuatro patas, un cabello tan rojo como el fuego y mis indistinguibles ojos azules.
Era una mujer lobo.
- ¿Y bien? Es hora de que aprendas a usar tu nuevo cuerpo – dijo optimista mientras cambiaba de forma.
Me quedé mirando con atención al lobo de cabello oscuro, que se puso a mi lado. Era el doble de grande de lo que yo era, su hocico me empujo mi rostro juguetonamente y cuando sus patas corrieron, lo seguí con rapidez. Tropezándome algunas veces, pero disfrutando del viento en mi rostro o mejor dicho hocico.
- Lo estas haciendo muy bien Scarlett, deberás platicar todos las noches para dominar tu lado animal – comento mientras nos sentábamos un rato a descansar, luego de haber recorrido gran parte del bosque.
- Gracias por ayudarme – restregué mi hocico en su pelaje. Él me miro con orgullo.
- Somos familia, me alegra ver que mi nieto por fin te haya traído a tus raíces – comento con felicidad mirando el bosque con nostalgia – Pero la razón de mi visita inesperada, no solo ha sido para ayudarte, sino para advertirte- me tense, juntando mis orejas.
- ¿La diosa luna te envió? – pregunté.
- En realidad, llegue al mundo terrenal por un breve lapso de tiempo gracias al dios de la oscuridad, el creador de los vampiros – respondió seriamente, mi cara de confusión debió delatarme pues continuo con rapidez – Eres una mestiza, la combinación de dos especies, vampiro y lobo.
- ¿Cómo es posible? Mi padre en un hombre lobo ¡Yo soy una mujer lobo! – Exclamé preocupada.
- Lo eres – afirmo- Pero tu madre es hija de una vampira que nació de un romance con un humano. Y parece que heredaste lo mejor de ambos mundos – explico volviendo a su forma humana.
Su ropa intacta, como si nunca se hubiera transformado. Se arrodillo sosteniendo mi rostro.
- Tu sangre y tu poder son muy codiciados, por eso siempre has estado oculta. Ahora que has comenzado a cambiar, aceptando lo que eres. Te van a venir a buscar y deberás luchar – advirtió.
- ¿Quiénes? – cuestioné asustada.
- Piensa en tu forma humana Scarlett, así lograras cambiar – dijo soltándome.
- Espera, Atticus ¿Quién me buscara? – Insistí.
- Alice- respondió – Ha sido un placer conocerte Scarlett, retrocedió un paso y de repente una luz blanca lo rodeo y desapareció entre la bruma.
Me quede sola en medio del bosque y con una advertencia de mi futuro.