Capítulo19: Nueva yo.

1121 Palabras
En el comedor, desayunaba tranquilamente bajo la atenta mirada de mi padre y madre, probablemente sorprendidos de la cantidad excesiva de panqueques que colocaba en mi boca, porque tenía demasiada hambre. La noche de ayer me había dejado confundida y cansada de dar vueltas sobre las palabras de Atticus, regrese a la mansión en la penumbra de la noche. La única manera de llegar a mi cuarto fue saltar hasta el segundo piso, parecía que tenía una fuerza gigante. Y hoy, rebosaba energía, me sentía como si pudiera con el mundo. Como si estuviera completa. Me había levantado temprano, tomado una ducha relajante, para luego escoger mi ropa, una blusa azul, pantalones holgados de color blanco y unas sandalias planteadas. Me senté en mi escritorio, agarre el libro de la vida de Atticus y termine la historia. *Guerra. Sangre derramada. Y un destino aún más oscuro de lo que previa se avecinaba. Creí por un momento que sería más fácil luchar contra los vampiros, así se llamaban a sí mismos. Con un grupo grande de lobos, hombres como yo. Me equivoque, había reunido a varios a mi causa, pero entrenarlos para controlar a su lado animal, tomo más tiempo del planeado. Y cuando, hicimos frente a esos seres sin alma, eran tantos que nos superaban por mucho. La manera de diezmarnos cobro la vida de muchos, al final no tuve de otra que retirarme, a curar nuestras heridas. Derrotados, el ánimo del pueblo alicaído, aquella gente que confiaba en mí, había sido defraudada. En un principio me consto revelar lo que era sin que me consideraran un demonio o algo parecido a los vampiros. Regresar sin la victoria, nos obligaba a dejar estar tierras para encontrar refugio o a luchar por ellas. Porque una batalla más debía de avecinarse, y si se corría el rumor de mi existencia, el jefe debía de aparecer en cualquier momento a vengar a los suyos. Y yo estaría preparado para ello. Volví a crear a más hombres lobos con mi mordida, esta vez no diferencie en el sexo, sea mujer u hombre necesitábamos que lucharan. Mi esposa, Eleane influencio esta decisión, quería enviarla lejos de mí junto con mi hijo y un grupo pequeño, en donde los niños serían protegidos junto a sus madres. Y para su seguridad, se convirtió a la mayoría de ellas, excepto a las embarazadas en mujeres lobo. Recordaba vívidamente, lo difícil que había sido mostrarle al líder del pueblo el peligro que se avecinaba, pues nadie creía en los rumores. Porque eso eran simples, rumores. Así, que busque a un vampiro, lo capture y lo traje al pueblo, para los humanos era difícil distinguir las diferencias, pero yo podía verlas con total claridad. Eran tan perfectos físicamente, pero su olor metálico, como a sangre vieja y los ojos rojos los delataba. Justo ahí mostré mi verdadera naturaleza. Y aunque, al principio me insultaron y quisieron lastimarme. Algo ocurrió, las personas que me querían linchar, vieron algo en ese mismo momento, una alucinación o una visión de su futuro. Destrucción. No solamente del pueblo sino de todo lo que conocemos, si no peleábamos por lo nuestro. La diosa luna, no fue la que me ayudo. Mas tarde me daría cuenta de que no era la única que regia el mundo espiritual y terrenal. Una semana concretamente, me quedo para volver a preparar a los nuevos lobos, fue arriesgado, pero no había otra manera. Reforzamos la entrada al pueblo, construimos armas, quería toda la ventaja posible. Y cuando, por fin llego el día, estamos más que listos* Las otras dos hojas, eran un resumen de la disputa por el territorio y la protección de los humanos que vivían en ese pueblo. *Mis suposiciones eran correctas, los vampiros habían llegado listos y hambrientos. Se abalanzaron, sobre todo, logramos retenerlos afuero de la muralla, quemándolos. La única manera de matarlos, era cortando su cabeza, o usando fuego. Algunas heridas podían detenerlos, pero no causar su deceso. Dividí a mi gente en dos grupos, los que no se transformarían en el frente. Y un grupo de lobos que los apoyarían al final, solo cuando el líder de los vampiros se acercara. Desde la muralla ayude a quemar a los enemigos, y cuando derribaron las puertas, luche. Recuerdo la satisfacción que me dio ver al líder, su cabello oscuro, sus ojos rojos y aquella piel blanquecina. Me situé a dos metros de él. Y grite para llamar su atención. Nuestras miradas se enfrentaron, y sonreí. - ¿Eres tú, él que ha acabado con mis hijos? – preguntó, parecía analizarme detalladamente. - Te refieres a los hombres que has transformado en seres sin alma- dije con altivez – Les di, una muerte honorable, sus cuerpos podrán descansar y su alma será perdonada. Había descubierto, que los vampiros, parecían bestias descontroladas. Como si no pudieran medir sus acciones o decir no. Solo instintos. No espere una respuesta, aullé. Esa era la señal, el segundo grupo de lobos salieron a combatir. La mirada de sorpresa que recibí de los vampiros no me paso desapercibida. No esperaban más lobos. Específicamente a mujeres lobas. A velocidad se abalanzaron sobre los demás que faltaban por matar con sus fauces, ayudando a los hombres que luchaban. - Parece que son mas listos de lo que pensé- comento, mirando a sus secuaces morir. Se había quedado sin defensa, pues estos también salieron a combatir dejándolo solo. - Deberías rendirte, ya no queda nadie que pueda apoyarte – dije acercándome. - Nunca dejaría que uno de ustedes me tocara, esto no acabara aquí lobo – escupió con odio, luego saco una navaja de su cinturón y se rajo el cuello. Me quede inmóvil, por tal fuerza de voluntad para acabar con su propia vida. Cada cuerpo fue calcinado, no nos arriesgaríamos por ningún motivo. Las palabras de ese vampiro quedaron en mi mente. Era posible que quedaran más, extendidos por todo el continente, pero me encargaría de estar más listo la próxima vez, que me desafiaran* Note que a el libro le faltaban páginas, que debieron desprenderse con su vejez. Mis pensamientos regresaron al presente, seguí disfrutando de mi desayuno hasta que observé a alguien entrar al comedor. Su cuerpo corpulento, cubierto por un atuendo elegante, saludo a mis dos padres con su característica sonrisa. Se sentó enfrente mío y cuando su mirada choco con la mía, aquellos ojos marrones con un toque dorado, su cabello pulcramente recogido. Me quede sin respiración y palabras por un segundo. Ese olor, tan masculino, con motas dulces me descoloco. El enfado regreso con fuerza. - Buenos días Marcus – saludo con una sonrisa falsa. Y él, noto algo diferente en mí. Lo supe, porque no logro contestarme.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR