Sus ojos se llenaron de lagrimas al verlo y vacilo —perdóname… —se discúlpaba como si fuera ella quien lo hubiera matado —esto… esto no es real…
—No. No lo es —contesto calmado —es solo una ilusión —se miró en el espejo, pero en su reflejo podía verse la verdadera forma del monarca, el de la edad más madura.
La magia no engañaba al espejo, solo a los ojos humanos.
—Es… es bueno… ¿Cómo lo haces?
Este la miro y le sonrió, y aquel gesto grabado en su memoria por siempre hizo que el corazón de Selene se desplomara por completo. Sus dos manos viajaron a su rostro y lloro.
Reined se acercó a ella.
—No llores, maestra.
Él siempre había tenido una sonrisa que podía desarmarla.
—¿Quieres que lo intente contigo?
Esta se aparto las manos, pero antes de siquiera contestar, la magia del monarca la envolvió y su color de piel había cambiado. Su cuerpo también.
—No podrás ver tu rostro, ya que el espejo mostrara a Naevia, pero puedes tocarlo. Tócalo. Tócate. Eres tú ahora.
Ella lo hizo y noto sus facciones.
Selene.
Era realmente ella. O al menos la ilusión de lo que fue alguna vez.
Noto la mirada de Reined fija sobre esta sin vacilar. Sus ojos oscurecidos un poco
—¿En qué piensas? —le pregunta.
—No quieres saberlo. —un tono un poco bajo y ronco
Ella se sonrojo muy levemente, un gesto muy poco notorio, pero aparto la mirada.
—Es como si el pasado volviera. Una magia del pasado.
—Es un hechizo complicado —reconoce —no suelo usarlo nunca
—Sabes, irónicamente hablando, podrías haber cogido a cualquier chica y que luciera como yo
El rie, no se ofende —no. Nadie podría imitar tu personalidad
—¿Tengo una? —lo piensa —me recuerdo como una mujer muy callada y que guardaba mucho la compostura
—Con otros —sonríe coincidiendo—pero no conmigo. Te he visto salir de tus casillas. Incluso en tus momentos dolorosos
—No recuerdo jamás quebrarme frente a ti
—Te he visto llorar. —reconoce.
—No preguntare como. —se excusa, pero ya se lo imaginaba
Mientras ella esta ensimismada en si misma mirándose y sonriendo como una tonta siente la presencia del chico a su lado.
—¿Reined? —susurra por su pronta cercanía
Entonces sus manos viajan a su cintura, y la otra a la parte posterior de su cabeza —Selene—susurra su nombre con una excitación extraña cuando la atrae hacia el y la besa. La besa de forma algo desesperada y profunda, agitada…
Ella pone una de sus manos hacia atrás tratando de evitar caerse por sus movimientos, y tratando de respirar y alejarse en las pausas —No… — ella intenta pararlo —No…—repite y unas lágrimas salen de sus ojos —en esa forma no.
Él se detiene. La observa y nota un gesto doloroso en sus ojos.
El comprende. En esa forma ella no se atreve a empujarlo. No se atreve a tocarlo con su magia para detenerlo. Pero no lo quiere así. —¿mi yo joven no te atrae?
Ella niega —No es correcto —le duele el pecho. Su corazón pesa —No. Yo te crie…
—¿Así que me ves como tu hijo?
Ella no responde.
El en vez de parar la toma por debajo de los hombros, y la carga hasta subirla al velador con la espalda de ella apoyándose en el espejo, El cuerpo de el entre sus piernas.
—Para…
Sigue besándola
Gira levemente la cabeza evitandolo—Para…
Se detiene y sonríe—Selene, un hijo no haría estas cosas con su madre… —se acerca nuevamente a sus labios para besarla otra vez, pero al verla congelada con todo su cuerpo rígido, y pálida, se detiene.
Quizás si había ido demasiado lejos…
El cambia de forma rápidamente volviendo a ser él al darse cuenta de su error. Y a su vez su magia desaparece de ella mostrando de nuevo a Naevia.
La había consternado. Lo veía en sus ojos, la culpa. Porque para ella esto no era correcto así lo deseara. Y ni si quiera sabia si eso era así. El no solo quería su cuerpo y ya, quería su corazón. Quería que ella lo deseara y que estuviera tan loca como el por tenerlo, al igual que lo estaba el por ella. Que su cuerpo gritara a gritos el suyo, que pidiera que la tomara.
Se alejo.
Estaba excitado ¿a quién iba a engañar? Incluso cuando ella no lo quisiera, estaba convencido de que no se rendiría con ella. La haría desearlo. Pero no a la fuerza.
—Iré a ducharme —entonces desapareció por la puerta porque tenía que solucionar en si mismo un problema.
Selene se quedó en su sitio por varios minutos aun luego de eso. Se sentía ahí, pero a la vez no.
Cuando pudo moverse se acostó en la cama a dormir tratando de no mortificarse por todas estas cosas que la carcomían por dentro. ¿Por qué el seguía haciendo estas cosas con ella? ¿Por qué seguía permitiéndoselo? ¿tenia miedo de que sino lo hacia el se alejara? ¿se dejaba para mantenerlo contento? ¿o algo en ella quizás...?
Suspiro y se dio media vuelta para dormir. Lo cual no fue difícil.
Cuando Reined sale, la ve dormida. Este se acuesta a su lado y la abraza. Es lo que siempre deseo. Pasar con ella toda la noche entre sus brazos. No podía creerlo. Estaba tan feliz. Era como un sueño. Tantos años anhelando tenerla de vuelta y se juró que no habría nadie que pudiera apartarlo de él. Sacaría a cualquiera del camino para tenerla. Ella era suya. Le pertenecía en cuerpo y alma.
Después de cien años su propósito estaba hecho, la había recuperado. O algo así.
***
Ella despertó en medio de la noche respirando algo agitada porque sentía el leve toque en su cuerpo.
Selene abrió los ojos. Una figura poco iluminada por la noche —¿Reined?—murmuró somnolienta.
Su cuerpo encima de ella, sus manos sobre su cintura. Entonces su voz susurrante en su cuello — Si lo hago en esta forma no es un problema ¿no?
¿Qué?
—Eso no es…
Pero entonces siente sus labios en su cuello. Sus manos recorrer todo su cuerpo. Desde sus piernas, hasta su cintura.
—N-no… —jadea —Para… no lo hagas… —lo piensa —Will esta abajo
—Entonces no hagas ruido, maestra —pide con aquella sonrisa y mirada seductora que solía ponerle solo a ella.
Sus labios llegan a los suyos y jadea con ella. Mientras sus manos suben a sus pechos. Sus agiles manos abren su ropa y expone sus pechos desnudos mientras su boca va hacia ellos. Y ella suelta un sonido extraño que jamás ha salido de sus labios.
—R-reined…—susurra.
Pero una voz mas fuerte parece venir de afuera de la puerta del cuarto
—¡Maestra!
¿Qué?
Ella mira de nuevo al hombre encima de ella con su cuerpo rozando el suyo.
—Maestra —continua la voz
Pero la voz no venía de el.
Ella cierra los ojos y los aprieta con fuerza
—Maestra, despierta.
Entonces parece que el tiempo la jala con fuerza arrancandola de aquella realidad y cuando esta abre los ojos, respira agitadamente.
Despertó.
Un sueño
Había tenido un sueño
Se sentó de golpe en la cama, miro a su alrededor, luego hacia su aprendiz, quien lucia tranquilo y ya vestido de manera ordenada con todo su uniforme y capa ya puestos.
—¿Estas bien? —le consulta el con ojos indagadores y preocupados.
Ella se agarra su ropa y la aprieta recordando su sueño—Y-yo… si… yo…
—Estas roja. —él se acerca, y ella retrocede. Pero aun así este la alcanza para tocarla —no es fiebre —suspira aliviado quitando la mano de su frente.
—N-no... —toda roja evita mirarlo.
Pero entonces al ver su reacción toda tímida y su rostro sonrojado el enarca una ceja divertido.
Se ríe —Selene, dime, ¿qué estabas soñando?