Capítulo 16: Doblando la moral

1720 Palabras
Aun roja se sintió indecente. ¿Qué clase de pensamientos eran esos? Incluso aunque podría atribuir sus sueños al trauma constante de la intensidad de su aprendiz contra ella, su mente era su mente. Sacudió su cabeza —Nada —¿Nada? Solo espero que la persona del sueño fuera yo —mirada tranquila y vigilante Selene no tenia experiencia en este tipo de cosas. Pero no era ingenua. Había visto libros de textos sobre estas cosas, quizás de ahí saco cada imagen reproducida en su cerebro. —Cállate. —soltó entre dientes Reined pareció satisfecho — Así que si era yo —la mira con cautela —Cualquier cosa que haya hecho yo en tus sueños. Créeme, puedo mejorarlo. Te aseguro que soy mucho mejor que lo que haya hecho ahí. Puedo superar al Reined de tus sueños. Cuanta arrogancia. Cuanto descaro. —¿Desde cuando eres tan liberal? —agito su cabeza en desacuerdo. El Reined que había criado era eso, un crio. —Créeme ya tenia estos pensamientos incluso de joven —fijo su vista al techo con sus brazos cruzados como pensando Eso llama su atención —¿lo dices enserio? —Bueno… —se mostro dudoso como si estuviera pensando si revelar o no revelar algo —la verdad es… que empecé a… “explorar” mi cuerpo de muy joven. No. No. No. ¿Qué tan joven? No. No necesitaba saberlo. —Suficiente —se levantó —demasiado información Inclino su cabeza delicadamente con sus ojos azules fijos en ella—¿quieres que te diga que pensaba mientras lo hacía? Sonrojada ya podía imaginarlo. Una mano se poso en su cabeza mareada —¿Por qué me haces esto tan temprano en la mañana? Incapaz de verla mientras lo confesaba Reined volteo la cara. Al menos pareció mostrar algo de decencia—Una vez te robe una prenda. Olvídenlo. Ella parpadeó —¿una prenda? ¿ropa mía? —no lo entendió —¿Por qué robarías…? —iba a empezar, pero la realidad la golpeo en comprensión —cielos Reined… —de verdad frustrada —¿Qué clase de fantasías extrañas manejabas en el monto Olida? —niega resignada ¿Qué esperaba? Reined era un joven en crecimiento. No sabia que otras cosas le crecían... Debió suponerlo. Tantas cosas que debió suponer antes. —Siempre te alenté a conocer a gente de tu edad. No con esas intenciones antes de una boda ceremonial y formal, claro, pero aun así… —Si, me distes muchas opciones. Debo decir que era cruel, maestra. Ver como me empujabas a los brazos de otras mujeres cuando solo quería que me acercaras a ti Ella lo mira contrariada —definitivamente aun no me acostumbro a tu honestidad. —suspiro —dejemos esta conversación de lado para otro momento. —o nunca, pensó —Me dijiste que me llevarías a tu corte. El asiente —Y te dije que te entrenaría también. Bajaremos ahora, pero antes, —le tiende algo que saca del cajón —alístate, cámbiate, y ponte esta ropa. Me encargue de que sean tus medidas correctas. Ella examina la ropa negra, parece de entrenamiento, perfecto para moverse en una pelea, lejos de sus usuales vestidos. —¿Y tenías esto en un cajón? —indago perspicaz Ríe —no. Se confecciono y luego solo la traje hasta aquí. La invoque. Aunque… debo confesar que si que tengo ropas con tus antiguas medidas en mi palacio. Ropa preparada para la llegada de mi maestra. —Bastante optimista. —Bastante realista. —¿Por cien años? —Menos que eso, pero si. Tu llegada era mas un hecho que una posibilidad. —¿Y la ropa? —Esas no sirven ahora, las medidas de Naevia no son las de Selene. —¿Puedes saber mis medidas actuales solo con verme? Niega —¿Me crees confeccionista? —No juegues. Solo dilo. —Te medí mientras dormía —subió y bajo los hombros Ella se sintió extraña al saber que fue tocada durante la noche —eso es… —No hubo malicia —fue directo. Y parecía tan honesto que siempre era arrebatador escucharlo. El siempre iba de frente. Pensaba en discutir más, pero luego se acordó del otro muchacho aun abajo —Will —Si. Cámbiate y venos a ambos abajo —entonces Reined salió Ella se apresuro a bañarse. Si. Bañarse. Quería estar limpia y con ropa adecuada. Cuando termino se miro en el espejo. Nunca se acostumbraría al reflejo. Quizás solo con los años… ¿Años? ¿Pensaba quedarse aquí y vivir tanto? Una nueva vida cedida. Cuando bajo no encontró a nadie, así que salió de la cabaña. Mas allá cerca del lago estaban Reined y Will parados. Sorprendentemente no matándose. Aunque no diría que viéndose con especial cariño. La mirada dura de Will se mantenía. Cuando se acercó noto a Reined sonreírle, siempre parecía ablandarse cuando ella entraba en su radio de visión. Pero ya había visto la cruel mirada del hombre hacia todos antes. Incluso hacia ella la primera vez que la vio sin reconocerla. —Hace cien años, —empieza el mirándola —Yo estuve en tu corte, Edahi. Ahora tu tienes que estar en la mía. No contesto solo lo miro. —Ellos no saben que estoy de tu lado ahora. Debemos aparentar. Fingir. Sonaba bien para ella. —Te presente como mi reina antes, en el pueblo antiguo, y seguirás con ese titulo. —¿Temes de que la ataquen? —la voz a su lado se escucha entre jactanciosa y crispada. —No pasara mientras yo este allí —la mira ignorando al hombre —créeme, Edahi. Nunca dejaré que nadie te toque. Burla en la voz del otro joven—Ni uno solo de sus cabellos—murmura Will con sorna Pero la mirada de Reined sigue fija en la de la mujer a su lado, como si nada pudiera perturbarlo, y solo esperando que ella diga algo. —No tienes que preocuparte por mí, no me importa salir herida. Además, confió en ti. —no era mentira. Selene confiaba en Reined. Lo había hecho toda su vida. Eso no había cambiado; ni en cien años —tendré el control sobre todo. —Ellos son fuertes —aclara Reined como un hecho irrefutable para que estuviera en su consciencia. Anotado. —Tu podrías con todos ellos. —se permito ser honesta. Con todo lo que había visto de el. No tenía dudas de eso. El sonríe —Me tienes mucha fé, ¿no? —Se que podrías. Y… ¿yo también? —pregunta. Quería evaluar cual era su nivel de pelea y magia actual contra sus enemigos. Y como no los conocía le estaba pidiendo a Reined que los evaluara por ella. —Si. —le dijo —Tal vez. Pero no le confiaré tu seguridad a un tal vez. Por eso. Hoy tendrás tu primera lección. —¿Primera lección? Ahora empezaba a cobrar sentido el traje que portaba. Entonces Reined ataca al muchacho a su lado Will gime de dolor por el gesto cuando es arrojado al suelo con brusquedad y presionado contra el piso. Selene parece autoritaria —Suéltalo —demanda sin moverse Reined niega y sonríe —oblígame. No entendía que se suponía que le estaba enseñando esto. —¿Qué intentas demostrar? Entonces Reined acerca su espada al cuello del muchacho —Si lo mato, —la mira—¿llorarías por él? —No quiero atacarte —comenta tranquila. Esta era la Selena que Reined conocía, no perdía el control. Voz controlada, como si el mundo pudiera dejar de respirar cuando ella lo deseara. —Yo quiero ser atacado —y sus ojos brillan en picardía. ¿Se divertía con esto? Entonces hay un corte real en el brazo del joven que gime con dolor —¡Basta! ¡Eso es tortura! Reined se estaba aprovechando de esto. De ella. Sabía que no quería hacerle daño a él. —¿Lo entiendes ahora? Doblemos un poco más tu moral entonces, maestra —¿Qué? La espada se clava en la pierna y es ahí cuando todo pierde claridad. Selene inmoviliza a Reined contra el suelo —Ya detente —lagrimas en sus ojos. Rompiéndose. Voz quebrada. Odiaba esto. ¿Por qué? No es que la situación le asombrara. Había visto cosas horribles a lo largo de su vida. Gritos. El sonido de los huesos quebrándose en el campo de batalla. La expresión de los ojos de alguien mientras la vida se le escapaba del cuerpo. Pero esto… —Eres cruel —le dice contra su rostro. —el no es como nosotros. No tiene nuestra recuperación rápida a pesar de poseer algo de magia. Su nivel es bajo… se siente en su aura. Esto es… —lagrimas. El rostro de Reined muestra dolor aun con ella encima de el inmovilizándolo, no se atrevía a quitarla de encima. La mano del monarca se estira hacia su rostro y se posa en ella con uno de sus dedos limpiando sus lagrimas —Selene, esto es necesario, porque así, esa sensación de tu pecho, recuérdala, este es el sentimiento que sentirás estando allá. Y no te romperás. No puedes romperte, no te lo permito, porque yo no te perderé. ¿Una lección? ¿Todo esto por una lección? —No lo vale… —Selene, —la mira con ternura en sus ojos, cuidado, cariño, su tono tan suave y lleno de adoración contra sus oídos ¿Cómo podia alguien hacer cosas tan crueles y luego hablar en ese tono?—Yo robe, derroque y mate monstruos y gente durante cien años luchando solo para traerte de vuelta, si hice todo eso, no fue para interponerme en tu camino ahora que regresaste al querer robarte tu destino, el destino que siempre debió ser tuyo—niega —no. No fue para cerrarte el camino, sino para abrírtelo. —… —Abre los ojos Selene, míralo bien, este es el destino que elegimos. No. No. No estaba bien. Parpadeo. Lo mira con sus ojos esmeraldas llenos de comprensión ahora. La solución era tan fácil.—Entonces hare uno nuevo. — con un verde que prometía vida. Porque si algo no nos gusta, solo hay que cambiarlo.
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