Las manos de Bárbara tiemblan al escuchar la noticia a través del auricular. —¿Qué?, ¿Cómo que heridos?, ¿Qué pasó?, ¿Dónde están mi hijo y mi nieto?— pregunta en un hilo de voz, la misma que se quebró en un sollozo ahogado. Renato, al ver la expresión de su esposa, se acerca rápidamente con el corazón latiéndole desbocado, toma el teléfono y escucha con una mezcla de horror e incredulidad, las palabras dichas por uno de los empleados de la hacienda. El shock inicial da paso a una furia incontenible en el anciano, quien aprieta los puños y tensa la mandíbula. —¿Cómo es posible? ¡Esa mujer está loca! ¡Siempre lo supimos!— grita golpeando la mesa con frustración; por su parte, Bárbara se desploma en una silla, cubriendo su cara con ambas manos y sus las lágrimas brotan sin control. —Tene

