Martina Yo no sé qué le pasa al universo, pero cuando una empieza a creer que todo se está calmando, ¡pum!, te lanza un jefe con cara de drama mexicano y un playboy millonario que aparece con café. Llegué a la oficina con el ánimo por las nubes. Había dormido bien, mi gato no me había despertado a las cinco para exigir comida, y mi ropa no necesitó plancha (ya eso es un milagro). Pero bastó ver la cara de Alejandro Rodríguez para que el clima cambiara. Ahí estaba él, de pie frente a su escritorio, traje oscuro, cara de pocos amigos y la mandíbula tan apretada que pensé que le iba a estallar un diente. Me saludó con un “buenos días” tan serio que me dieron ganas de ofrecerle un vaso de melisa. -Buen día, jefe -le dije, con mi mejor sonrisa-. ¿Durmió poco o soñó conmigo? No me respon

