Martina Toda la tarde estuve ida. Podría jurar que si me hubiesen pedido firmar la paz mundial, habría estampado mi nombre sin enterarme. ¿La razón? Una frase. Una maldita frase. -No. Pero a veces olvido que no puedo actuar como si lo fueras. Desde que me la dijo, no dejo de pensar en eso. En serio, ¿qué clase de jefe dice eso? No “felicitaciones, gran trabajo”. No “tendrás un aumento”. No. El hombre suelta una bomba emocional y se queda tan tranquilo, como si no hubiera dejado a una pobre mujer lidiando con su colapso hormonal. Me pasé toda la tarde pensando tonteras: que si lo habrá dicho en serio, que si lo dijo por impulso, que si en realidad se le cruzaron los cables entre “prometida” y “problema”. Y claro, mi cerebro inútil le encontró mil significados. Todos peligroso

