Alejandro Han pasado solo unos días desde las sesiones de fotos de Martina, y, sin embargo, siento que fueron meses. Desde entonces, no dejo de pensar en ella. En cómo se movía frente a la cámara, en cómo su sonrisa parecía romper el aire, en esa naturalidad que no se aprende… se nace con ella. Durante las siguientes jornadas de trabajo, me prometí mantener la distancia. Y fallé miserablemente. Cada vez que entraba al set, me encontraba buscándola. Aunque fingiera revisar los informes, mis ojos la seguían sin permiso. Era como si todo lo demás se difuminara, como si ella tuviera su propia luz y el resto del mundo existiera en penumbra. A veces, la veía reír con las estilistas, gesticulando con las manos, tan viva, tan libre, tan… ella. Y yo pensaba, con una mezcla de culpa y des

