CAPÍTULO XVII – UN RESPIRO JUNTO AL MAR

2134 Palabras

Martina No sabía si lo que estaba haciendo era una locura o una estrategia de supervivencia. Lo único que sabía era que, en cuanto me subí al auto de Rodrigo, sentí que por fin podía respirar. -¿realmente me llevaras a la playa? -pregunté, mientras él encendía el motor. -claro, a despejarte -respondió con esa calma que tiene la gente que nunca se complica-. Confía en mí. Y, por algún motivo que no entiendo, confié. Salimos de la ciudad y los edificios fueron quedando atrás. El ruido del tráfico se fue desvaneciendo, reemplazado por el murmullo del viento. Rodrigo conducía con una mano en el volante y la otra apoyada sobre la ventanilla, relajado. La carretera costera se extendía como una cinta brillante. A la izquierda, colinas cubiertas de dorado; a la derecha, el mar. Rodrigo

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