Capítulo 147

1646 Palabras

Salieron del restaurante poco después de las once, cuando ya las calles empezaban a quedarse tranquilas y la ciudad parecía respirar con más calma. Una brisa suave recorría el Paseo de la Libertad, el aire tenía esa temperatura perfecta de finales de primavera, cuando la gente se resiste a volver a casa. Aurora se ajustó el pañuelo al cuello y comentó: —¿No te parece que hay noches en las que todo se acomoda? Félix la miró. Ella tenía ese brillo en los ojos que aparece cuando uno se siente a gusto, cuando el peso de los días parece suspendido. —Sí. Esta es una de esas noches —respondió él. Caminaron sin prisa. Los árboles desprendían un aroma tenue y los escaparates cerrados reflejaban sus figuras como si fueran personajes de otra época. Hablaron de la cena: ella había pedido un salmo

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