¿Qué le podía inventar a su León?, se mordió los labios con inquietud.
—Me parece haberla visto antes.—Se veía concentrado, tocando las líneas de su sello. Cada triángulo cruzado, marcaban puntos, le ardieron un poco cuando sus dedos la rozaban.—No piensas decirme.
Bajo las piernas, para liberarlo de la enredadera s****l.
—Lo justo sería que lo sacarás primero.—Le señaló la v***a que aún estaba enterrada en su coño.
—No. La duda me incomoda, en cambio estar dentro de ti me resulta placentero. Le dió una puntada fuerte, no podía creer que estuviera aun dura.
—Me lo hizo mi madre cuando era pequeña, no se la razón exacta. —Mintió, noto que este no le creyó. Se veía la inconformidad en sus ojos dorados, de fiereza salvaje e indomable.
—No te creo, es un sello de retención demoniaca.—No podía, seguir mintiendo. Se movió un poco debajo de el, cuando pensó que tendría el valor para confesarse, recordó las consecuencias de que este lo supiera. El infierno podría ser su nueva morada, uno que no conocía, quizás algún demonio emerga y la reclame como suya, si trasendia esa verdad que había callado toda su vida.
—Es lo único que se. —Se empezó a mover debajo de el, sobornarlo con un poco de placer para que se distrajera.—Ademas quizás algún vampiro o brujo sea mi destinado. Si me quitan el sello cabe la posibilidad que me encuentre. —Algunos movimientos alrededor de su enorme v***a lo empezaron a relajar, lo vió cerrar los ojos.—Me reclamara como suya, mi papi León.
—No digas eso. Eres mía.—El se empezó a mover también, despacio.—Eres tan deliciosa.
—Eso deseo, tenerte siempre así, mí León.—Era fácil de amansarlo. Giró para tomar el mando.
Subió y bajo de su v***a con fuerza. La penetración fue más resbaladiza, tenía el coño lleno de su esencia e iba por más.
Este se irguió para lamer sus pechos, se recostó un poco para que lo hicieran a su placer, parecía un niño pequeño amamantandose.
—¡Ay mi León!.—La sacudió un orgasmo, le clavo las uñas, en la espalda.
Eso apenas comenzaba, el demonio quería más, intento levantarse, este la presionó.
—Deberíamos descansar. —Un gruñido le siguió, lo siguiente en hacer fue ponerla como una pequeña cachorra. Seco un poco su coño, estaba inundado por su esencia, la volvió a penetrar, cerro los ojos y se dedicó a seguir gozando de la v***a dura de su León frotando su coño.
—¡Ahhh!, León deberíamos descansar.—Este le dió una fuerte nalgada, al unísono un puntazo que estremeció sus ovarios. La puso a temblar —¡Ay!.
—¡Eres mía Sol!.—Abrió los ojos, su piel estaba vestida de dorado, sus cuernos a flor de piel. En pleno descontrol. —Matare a quien venga por ti.
—¡Si!.—Empezaba a sentir miedo por la obsesión de Leóncio. Aúnque disfrutaba como machucaba su coño.
Cuando esté cayó a su lado, luego de casi media hora de intensa fricción carnal, no pudo levantarse seguido. Noto que su pelvis palpitaba. A duras penas se levantó. Unos minutos después se ducho. Tomo algunas frutas y se acostó. Le dió la espalda a Leóncio.
Este fue quien preparó el desayuno para ambos. En esa parte el demonio le resultó atento, igual como la miraba, no entendía porque el sentía que ella le pertenecía.
Toda la tarde y parte de la noche durmió, sentia algo caliente en su interior, aparte necesitaba descansar de la v***a de Leóncio.
—Deja de hacerte la dormida Sol.—El estaba a su lado. Sintió el peso caer al otro lado de la cama, hacia varias horas, pero prefirió ignorar la cercanía.
—Desperte hace un minuto, estoy muy cansada León.—Se volteó para verlo. Este leía un libro, el mismo que venía leyendo de camino a la casa de la playa.
—Deberias cenar.
—Al parecer te agrada pasar tiempo en la cocina.—Sonrio. El no hizo caso, noto que la veía de una manera diferente.—Perfecto comeré algo.
Esa expresión era algo nuevo para ella. Que viniera de el, la desconcertaba. Se levantó. El la ignoro mientras lo hacía.
—En el vestidor hay ropa. Usala.—No la miro. Eso la hizo sentir mal, le gustaba sentir su deseo, en verdad Leóncio le importaba más de lo que estaba dispuesta a reconocer.
—Gracias. —Fue prácticamente un susurro.
Se fue hacia el vestidor, habían varias bolsas con prendas muy bonitas en su interior, todas con su etiqueta. Vió el recibo, con una suma exorbitante de dinero. Se llevó la mano a los labios.
Paso un largo rato midiendose los vestidos, se quedó al final con uno color azul. Era un modelo en tendencia. Busco a discreción su móvil. Se tiró una foto.
Está se la envío a su hermana. Casi al instante le contestó;
Te ves hermosa, mí sol.
Gracias mí luna.
Siempre solian tener mensajes dulces, esperaba verla pronto. Su hermana pronto tendría la libertad para viajar hasta ella y darse el tan ansiado abrazo que tenían postergado por la distancia que las separaba. Después de la muerte del tercer esposo de su madre adoptiva, le había prometido que las cosas cambiarían.
Cortaron, después de hacer una breve video llamada, más por ella, tenía miedo de que Leóncio la descubra. Era su secreto, no deseaba compartir algo tan sagrado incluso con el.
Se fue a cenar a solas. La soledad en ocasiones era importante, todo estaba delicioso, más porque no fue su demonio que la preparó, vió las bolsas donde habían llevado la comida, en el zafacón. Casi se le escapa una carcajada.
Ella pensó que el en verdad tenía dotes culinarias. Después de no ver señales de Leóncio, volvió a la recámara, el ya no leía. Estaba sentado en el borde de la cama, con el libro aún lado.
Lo ignoro, se desvistió y se metió debajo de las sábanas.
—¿No piensas dormir Leóncio?.
—Haremos más que eso. Solo estoy dejando que te recuperes un poco.—Eso solo significaba que pensaba follarla hasta el amanecer.
Leóncio dejo el libro sobre el sillón, fue directo a la cama, se quitó los boxer y se metio entre las sábanas.
—Ven acá pequeña. —La atrajo hacia el. —Incluso beso su mejilla. ¿Eso le pareció muy extraño, aparte de bipolar. La ignora y luego la trataba con cariño, casi mimos. Esa forma tierna y protectora de abrazarla era nueva para ella. Quizás para el también.
—Se siente lindo, cuando eres cariñoso y no solo deseas cogerme.
—Sol, siempre voy a desear cogerte. Eres mí prisionera, una que no pienso liberar, aunque me cueste la vida.
—Quizas si encuentras tu destinada, lo hagas.—Este enmudeció por unos instante.
—Tal vez no sea necesario seguirla buscando. Te tengo a tí.
—Leoncio pronto me iré al convento.—La suavida con que sus manos, acariciaban su piel, le erizo la piel. —No es bueno que me ilusiones, además tienes esposa.
—Lo mío con Brenda no es un matrimonio como tal, ella es una clase de escudo. Le agradezco esa parte, pero no puedo tener una relación real con ella, somos muy diferentes.
—Ella ha demostrado interés, por lo menos los días que la he podido observar.—Debia ser cuidadosa con sus palabras, no podía revelar sus celos. —Le importas Leóncio.
Este la giro. Ambos estuvieron de frente, El la acercó más, elevó sus piernas para que sintiera su dureza, su corazón empezó a latir muy deprisa, las líneas de su sello empezaron arder.
—Tu me importas a mí, Sol.—Quedo paralizada, nunca espero escuchar eso. Experimentar esa intimidad de almas.
Peor. Que el la besara, no fue un simple beso, fue cálido, entregado. Su Leóncio estaba derritiéndose.