Esa bruja lo tenía loco. Cerro los ojos. Su coño lo hacía alucinar cada vez que entraba y salía de él.
—Dame más duro, papi.—La muy perversa, pedía v***a como una desquiciada. Empujaba su trasero para motivarlo a darle con más fuerza. —¡Ay, más león!. Aún eres muy suave.
Sol llevaba bien su nombre, lo estaba frustrando. Paso de ser una virgen perversa a una bruja insaciable. Su nombre le iba a juego. Caliente.
Abrió los ojos para contemplarla, ambos sudaban. Salió de ella para cambiar de posición. La imágen de su cuerpo sobre la arena y sombra del fuego titilando sobre su cuerpo, le gusto contemplarla.
—Aun quiero más, mí León.—Se movió de forma erótica, aún su glande estaba atascado en la entrada de su coño.—La dejo que se moviera, en círculo, lo estába volviendo loco, con ese contoneo de diabla. Se arqueo como poseída, levanto uno de sus grandes pechos para ella misma lamer su pezón. —Papi, ardo por tí.
—¡Tómame Sol!. Quiero que tú me poseas.—La vió sonreír, era una delicia, se lamió los labios.
Ella actuó, en el apogeo propio del deseo, tomo el control y se coloco sobre el, bajo con fuerza sobre la v***a.
—¿Quieres que tú coja, así?. Demonio.—Galopaba con agilidad, con movimientos cambiantes. En círculo, apretando su v***a. Chupándolo.
—¡Sí!, lo haces bien mamita. Saca tu leche. —Eso fue un aliciente para motivarla. Aumentó el ritmo. El mismo sentía que no soportaría más. La agitación seguía, la explosión estaba a punto de suceder, su orgasmo el lo recibió, le regaló sus jugos, baño su sexo, más una aprehensión poderosa alrededor de la extención de su v***a.
—¡Ahh!. ¡Ay papi!.—Rodeo su cuello con sus delicadas manos, se levantó un poco más para que sus choques fueran más fuertes. —¡Dámela...!.
Estaba llegando al precipicio, su coño lo froto varias veces más, hasta de dejarlo tembloroso. Todos sus semen quedó dentro de ella. Sus respiraciones se fueron pausando con el latir sosegado de un ritmo que fue mermando.
Solo lo abrazó, no tuvo ganas de limitar el contacto. Permanecieron abrazados, ella, sentada de frente a el, aún con su m*****o enterrado en su coño, los fluidos se habían mezclado. Toda la humedad caliente entre sus sexos compactos era exquisita.
—Eres insaciable, pequeña.—Una risita coqueta broto de sus labios. Dejo de reposar su cabeza sobre su hombro, para verlo a los ojos.
—Solo contigo León. —Se mordió los labios con clara intención de seguir provocandolo.—¿Te puedo besar papito rico?.— Como negarse viendo sus lindos ojos azules y esa boquita que le gritaba con tantas ganas cada vez que la follaba. Si ella lo hacía no estaba rompiendo una promesa, que sin lugar a dudas estaba a punto de hacer a un lado.
—Esta bien. —La autorizo a tener ese contacto más íntimo a su consideración.
Ella posó sus suaves labios sobre los suyos, introdujo su lengua con timidez, se notaba su inexperiencia. Tomo el mando, para que asimilará el ritmo, succionó su lengua. Al compás del movimiento carnal se enfocó en el labio inferior y superior, haciendo intercambios con bastante agilidad, hasta que hubo un torpe choque de dientes.
Sol se aparto de el, con una infantil carcajada.
—Disculpa. Es que soy casi virgen de mi boca, León.—Se dispuso a alejar su cuerpo saciado, su v***a semi-flácida, salió de su coño. —Tendre que buscar con quién practicar, ya que no deseas besarme.
El solo pensar en otro, con ella, le provocó que le empezara a hervir la sangre.
—No juegues con eso Sol. —Su parte oscura se empezó a apoderar de él, su piel se tornó dorada en segundos, y los cachos brotaron. A veces no tenía control de su irá. —Eres mía, por completo. —Con el relampagueo de sus ojos encendidos, miro su cuerpo.
Podía decir ser bruja pero su cuerpo parecía el de una diabla mística, de las que ya no existían.
—Tranquilo Leoncito. —Esta no parecía temer su forma salvaje, lo abrazo con ternura.—Sabes que era virgen e inmaculada cuando te aprovechaste de mi deseo por ti. —Volvio a reír. Eso paró su enojo, la agitación de su pecho por la furia que le provocaron sus palabras imprudentes. —Bueno. No tan inmaculada. Mis ojos están viciados desde muy joven, además me llegue a masturbar por horas viendo tus fotos en las redes.
—Eso me gusta, Sol. Solo debes pensar en mí. —Ella acaricio su rostro luego le dió un beso en los labios, antes de alejarse. corrió desnuda en dirección a la casa.
Con la brisa y el sonido de las olas rompientes que daban absoluta serenidad al espacio y en especial a su mente, se fue relajando. Miro varias veces a ver si ella regresaba, pero no lo hizo. Sospechó que estaría exhausta por el viaje y la actividad s****l reciente.
Esa noche significaba un corte, en su rutina de visitar cada noche un infierno que hace cientos de años lo había desterrado. Todo por una incierta atracción. Debía reconocerlo, ella le importará, aunque no fuera su destinada, sentía una atracción poderosa. Debilidad hasta por su forma de respirar. Celos por el más ligero toque del viento.
Se levantó y le tiró un poco de arena al fuego, para apagarlo, ya estaba bueno de pensar. Tenía muchos años sin vivir, no estaba de más matarse las ganas con Sol, en su determinado momento la buscaría.
Deseaba tener una familia. Un vínculo real, hijos. Pero en ese momento, en lo único que podía pensar, era en la monja perversa que un día decidió irrumpir en su vida y violarlo. El fue su experimento s****l, una suerte. Pensó.
Sol era una delicia.
Fue hacia la casa. Cerro la puerta y las ventanas. Intuía que debía estar, durmiendo. Después de apagar las luces del salón, se desplazo por el pasillo que daba a la recámara.
Al entrar la imagen de un cuerpo desnudo levantó nuevamente su v***a, que un segundo atrás yacía dormida. Sol estaba desnuda, acostada boca abajo, con su redondo trasero, empinado. La curvatura del círculo carnoso, contrastaba con su diminuta cintura. La melena algo húmeda le daba un plus más seductor. Está se giró levemente, quedando un poco de lado. Esa nueva posición le revelo sus pechos.
Respiro profundo, debía contenerse estaba dormida, no era justo despertarla, solo por capricho de su v***a. Tenía dos días para disfrutarla sin estorbos circulando a su alrededor.
Se ducho con calma. El agua fría no logro parar la incipiente erección palpitante. Cuando salió, seco su cuerpo y luego volvió a la habitación.
Casi se infarta al verla masturbándose. Estaba abiertica, rozando con sus dedos su clítoris.
—Papi León, ven ayúdame.—Obvio que lo haría, dejo caer la toalla y se acostó a su lado para ver su delicada forma de darse placer.
—Te falta práctica, Sol.—Introdujo su dedo en su abertura, estaba húmeda. La v****a se contrajo y abrazó el dedo. Se movió, ella se dejó caer en la cama.
Unos minutos, después, puso su boca para incrementar el placer, espero su orgasmo con la lengua enterrada en su v****a.
—Eso fue delicioso mi León.—Cerro sus piernas y se arrinconó con intención de dormir.—Ahora vamos a descansar
Esas palabras le parecieron una burla. Ella sabía como desquiciarlo. Sentia que su v***a explotaría.
Sujeto su tobillo y la arrastró hasta la esquina de la cama.
—Abre bien las piernas. —Obedeció con malicia. Se bajó, para besar sus ricos pechos unos minutos mientras frotaba su punta con la superficie de su coño. —Me tienes loco por ti, sol.—Murmuro luego de soltar su pezón. Sus manos tentaron su carne con desesperación. Luego empezó el juego, la punteo, hasta entrar. En esa ocasión fue más salvaje, duro más, machucando su rico coño. A ella apenas le quedaban fuerzas.
—Estas muy intenso León.¡Ahhh!—Queria más, la puso de espalda y la penetro con más intensidad, hasta sentir que su clímax estaba por llegar. Saco su v***a de su coño, para tardar más en venirse.
Un minuto después volvió a posicionarse sobre ella.
—Leoncito, me arde el coño.¡Joder!.—Le sujeto las manos, volvió a introducirse dentro de ella, aplastandola, dándole fuertes estocadas en su coño.
—¡Ay!, Leóncio.
—Te gusta, como te folla tu dueño.—Estaba algo agitado. Por el intenso placer que lo tenía a punto de reventar. Aparte, su corazón palpitaba muy deprisa. Una emoción inquieta se apoderaba de él cada vez que se enterraba en ella.
—¡Sí!.—sintió los espasmos de un nuevo orgasmo. —Soy tuya, León.
—Eres mía Sol.—Empujo antes de desvanecer dentro de ella. La liberación fue frustrante. Solo el entendía lo completo que se sentía, cuando eran uno solo.
Se rindió entre sus brazos, poco a poco recupero el aliento y la cordura. Cuando se dispuso a retirarse, ella enrolló sus piernas alrededor de su cintura. Fue capturado después por su boca. No fue un beso apasionado, más bien ingenuo y dulce. Al instante lo libero.
Tomo su mano y le dió ligeros besos.
En ese ritual de caballerosidad, lo sorprendió una marca en su muñeca.
—¿Qué tienes tatuado ahí, Sol?.
No hubo una respuesta inmediata, solo un evidente nerviosismo por su parte, todo su cuerpo tembló.
—¡Responde!.