—Te explicaré cuando salgas de mi interior. —El parecía dudar.—Lo prometo.
—Ok.—Pensó que la liberaría, pero no fue así, siguió dentro de ella, gruñendo como desquiciado. Su coño le seguía el ritmo y lo abrazaba con ansiedad. —Aun me quedan ganas y tiempo. En casa no hay quien nos interrumpa y te necesito más que mi perro Vil.
Salio de ella para limpiar su grueso m*****o, con la toalla. Aprovecho para inclinarse un poco, verlo tocarse. Si era verdad que las líneas estaban despejadas dejaría que la follarla todo lo que quisiera.
Le gustaba la sumisión s****l. Se levantó de la cama, para entrar al baño y lavarse, estaba inundada de el. A su regreso la esperaba con los mismos bríos.
Encima del tocado tenía una pinza, se recogió el pelo mientras caminaba hacia el, estaba sentado en una esquina de la cama. La recibió, con una lamida de pechos, cuando soltó su pezón izquierdo, posó sus grandes manos sobre todo su cuerpo.
—Puedes empezar a confesarte, Sol.—El volvió a tomar otro de sus pechos. Se mordió los labios. Ese demonio sabía tocarla.
—Mi madre era bruja, o lo es.—Este se levanto, su expresión se veía algo desconcertada. Retrocedió unos pasos hasta chocar contra una pared.
—¿Me crees pendejo?. —La jaló y la puso frente al espejo.—Sobo su cuerpo, beso cuello.
—Es la verdad. Gracias a ella conozco tu mundo, ella solía trabajar con diablas y demonios de Elite.—Se mordió los labios. La preocupación la llevo a eso.—Aunque era muy pequeña absorbí sus enseñas, hasta que un día desapareció, me dejó en el convento.
—Te voy a creer aunque lo único que me perturba de ti, es tu cuerpo.
—Se le pasará el deseo. Además pienso irme pronto. La señora Inés presume que Jaqueline regresara dentro de una semana a cuidarlo.
—Eso lo veremos.—La hizo voltearse, la llevo a la cama, se recostó, abrió las piernas, el no la hizo esperar. La penetro con fuerza. Se permitió disfrutar más, se movió debajo de el. Ambos sudaban como animales en celos, y les encantaba el erotismo húmedo.
—¡Ahhh!. —Clavo las uñas en su espalda. Cuando este elevó más sus piernas para para clavarla mas duro y profundo. Sin dejar de mirar su sexo enrojecido por tanta fricción, lo saco. Solo para darle unos golpes a su clítoris con su punta y luego volver a hundirse con más fuerza. Cuando sintió que no soportaría un estocada más. Empezó a suplicar. Todo su cuerpo estaba débil, apenas tenía fuerza en las piernas.—¡Ay, papi León, dámela!.
—Uhhh, eso me gusta, pide tú leche.—Sus gemidos solo lo hicieron aumentar su líbido y darle más duro. Otro orgasmo la hizo temblar debajo de el, regalandole sus fluidos. —¿Te gusta. Ah?.—La puso de espalda y la penetro nuevamente, su cuerpo desparramado sobre la cama, se dedicó a sentir los fuertes choques pélvicos.
—¡Ay!. León dame mí leche, por favor.—Le dió una nalgada sensual.—¡Ay!. Sí. ¡Ahí, qué rico!. Dámela toda papi.
—Te la daré mí bebé. Toda tu leche. Llenare tu coño de mí. —Le susurro al oído con agitación. Eres mía Sol.—Su m*****o choco con más fuerza, con empuje aplastante. Tembló de placer.
Hasta quedar drenado.
Aún su m*****o estaba dentro de su coño, empapado, cuando llamaron a la puerta.
¡Toc, toc!. Fue algo tímido pero lo percibió, lo empujo para que dejara de aplastar su cuerpo.
—¡Sol!, soy Brenda.—El reaccionó con indiferencia al escuchar la voz de su esposa. —Necesito hablar contigo.—Toc, toc!.
—Por favor señor Leóncio, suelteme. — Habló en el tono más bajo que pudo. Sin lograr respuesta. Seguía dentro de ella. Cómo si le costará despegarse.
¡Toc, toc!. La señora Brenda, a pesar de no recibir respuesta seguía en la faena.
¡Toc, toc!.
—No lo haré. No me importa que entre y nos descubra. —Leóncio, se movió dentro de ella, estaba perdida, el empezó a penetrarla con rudeza. Ese demonio estaba poseído por una lujuria inagotable.
¡Toc, toc!.
—Voy a entrar Sol, odio que me ignoren.—Cuando la escucho decir eso, su corazón latio muy de prisa, miro a Leóncio. Tenía los ojos cerrados. Siguiendo el ritmo de su potente coreografía s****l. No tenía escapatoria su cuerpo la aplastaba, su m*****o salía y entraba de su coño, con fuertes empujes. Miro la puerta, esperando lo peor. Cuando se movió la manija de la puerta.
—¿Qué haces aquí?.—La acción quedó paralizada. Esa voz parecía de la señora Inés.
—Deseo hablar con Sol.
—Dejala tranquila, mejor no la molestes, está en su hora de descanso.—Despues de un breve silencio volvió a escucharla hablar. —¡Ven!.
Fue lo último que escucho, pero aún seguía nerviosa. Leóncio en cambio seguía chocando su pelvis contra la de ella, para que sus sexos se frotaran.
—Tranquila, mi madre se la llevó. —Bajo el rostro para besar su cuello.—Abre más la pierna, para darte más duro.
Le obedeció, para que se hundiera más, su sexo parecía un mundo aparte, un orgasmo los extemecio, al unísono. Fue muy potente, sus fluidos se sintieron más calientes.
El se retiro de ella, casi al instante, lo vió salir de la habitación desnudo. Leóncio estaba loco. Después de ese fuerte combate s****l, duro mas de 20 minutos acostada, sus piernas carecían de fuerzas, sus pezones ardían. Pero a la vez se sentía feliz. Amaba ser poseida por este.
Una hora más tarde salió de la habitación, llevaba puesto otro de sus modestos vestidos, que la hacía parecer una virgen recatada. Una falsedad. Leóncio había borrado todo rastro de pureza en ella, típico de los demonios de su especie. Por algo no fornicaban con humanas.
No sé atrevió a llegar a la cocina, fue directo a buscar el perro para pasearlo. Este la espero con ansiedad. Por suerte era más obediente que su amo, ando con el por el área y luego se sentó cerca de la fuente. Este la imitó, se acostó cerca de sus pies. Le acaricio la cabeza peluda. Cuando volvió a mirar la fachada de la casa, su vista freno en dónde estaba el señor Leóncio. La veía con sentido de pertenencia, desde su balcón. Tampoco podía apartar sus ojos, al menos no hasta que apareció la señora Brenda detrás de el y lo abrazo.
Se levantó seguido, vil la siguió, se fueron al otro extremo de la casa, dónde la presencia de el no la perturbara, ni la invadiera un sentimiento parecido a los celos.
Cuando el sol se empezó a ocultar llevo al perro a su jaula. Apenas termino de ponerle seguro vió a Carlota aparecer. Pelaba una toronja con mucha calma. Retrocedió unos pasos. Noto que el cuchillo estaba muy afilado.
—¿Qué se siente ser la esclava del señor Leóncio?.—Sus ojos adquirieron un color tornasol, propio de las brujas videntes. En esa casa solo había criaturas sobrenaturales.
—Solo soy su cuidadora. —La miro con firmeza. Esa mujer la había visto con malos ojos desde su llegada. Tal vez tenía algún interés con Leóncio.
—Eso crees tu. No eres más que un intento de la señora Inés por obtener una hembra "Grachis".—Después de decir esto corto la toronja en dos mitades. —Toma. No me caes mal. Quien me cae mal es tu madre. Te dejo ignorante.
—Estas loca, no entiendo lo que hablas. —Nego con la cabeza, a su ofrecimiento. No tenía intención de tomar nada que viniera de ella.—Mejor me retiro. Bye.
Cuando dió la espalda, volvió a gritarle. Giro.
—¡Sol!, más te vale huir, aún estás a tiempo.—No le dió crédito a sus palabras, desconfiaba de Carlota, su hostilidad hacia ella desde el minuto cero, le demostró que no la quería en la mansión. —Está, se empezó a acercar. Parecía querer decirle algo cuando llegó la señora Inés y freno su lengua.
—Carlota, ve a mi aposento. —La señora hablo como de costumbre, con autoridad.—La mujer obedeció al instante.
Se había quedado con la duda de lo que está, pensaba decirle antes de que la señora Inés apareciera. También, algo que empezaba a inquietar su mente, era conocer el significado de la palabra "Graclis".