Capitulo 5

1397 Palabras
Capítulo cinco Diana A quince segundos del caos. La respiración queda contenida en los pulmones, haciéndose pesada y áspera dentro de ellos, un peso que oprime contra las costillas y el corazón que late desbocado con locura y fuerza. Un frenesí enloquecedor que me mantiene con los ojos abiertos y quieta en el mismo lugar, mi cuerpo está siendo ruido, pero me rodea un silencia ensordecedor que compite con la locura que estoy experimentando en el interior. La locura no solo se queda en mi interior, ella fluye en oleadas descontroladas hacia el exterior, marcando cada segundo que paso con fuerza, recordándome que no importa hacia donde mire, todo, es un caos. Aprieto la mandíbula chocando los dientes, creando un rechinar que me carcome desde adentro, dejando salir el primer sonido de descontrol; cierro los parpados con fuerza durante cinco segundos, esperando que cuando los abra todo lo que hay en la sala haya desaparecido. Uno, inhalo a profundidad recogiendo aun mas oxígeno del que puedo soportar. Dos, exhalo, expulsando el decrépito olor de la sangre, de la podredumbre. Tres, los dientes rechinan una vez más, los puños se cierran con fuerza clavando las cortas uñas contra las palmas de la mano, infligiendo unas leves notas de daño. Cuatro, el tiempo corre con rapidez, los parpados pican para abrirse y dejar ver un milagro. Cinco, la ira se hace presente tomando el control de cada célula de mi cuerpo, mandándome hacia adelante en un ataque de ira incontrolable; no importa cuantas veces exhale e inhale, el olor de la sangre y suciedad entrando en cada respiración da mas fuerza y fervor a ese ataque de ira. Irracional. Así es como me siento en este momento, la calma me abandono desde el primer instante que entre en este lugar, la desesperación reclamo cada célula del organismo dándole paso a una ira sin fundamento. A una ira capaz de destruir todo, una emoción incontrolable que no conoce donde descargarse, que clama por respuesta… Y no las hay. Caigo en el suelo, golpeando con todo el peso de mi cuerpo, las rodillas, la carne y el hueso de las rodillas se reciente contra el golpe. Golpeo el piso con rabia y desesperación, observando como gotas de sangre están en él, marcando un sendero que se borró hace tiempo, antes de salir al pasillo. –Marieth–susurro sin fuerza, siguiendo hacia adelante en este desastre. Mirando con atención cada detalle que representa la lucha que se vivió en este luchar. Protejo a otras personas cada segundo de mi maldita vida, pero no pude protegerla a ella. Me la arrebataron y no sé por donde comenzar a buscar. Arriesgo mi vida, cada segundo del año, para que este lugar sea seguro. Para que esta ciudad y país, este libre de los rebeldes e insurgentes, pero acá están, en las calles, dejando su marca. Soy hipócrita, he matado a tantas personas por luchas que no me corresponde, bajo los mandatos y órdenes de otros. Deseos egoístas e inhumanos que he llevado a cabo, pero acá donde estoy no puedo hacer nada, solo enloquecer y sentir ira. – ¿Hola? –responde la voz ronca y adormecida de Harry del otro lado del celular. Suspiro dándole la espalda a la sangre, solo hay pocas personas que podrían controlarme en este momento, mantenerme en un estado relajado aunque quiera explotar– ¿Dith? –pregunta sonando esta vez despierto. –No está–murmuro sin poder procesar aun por completo lo que me rodea–se la han llevado, no sé quién. – ¿Estás segura? Puede que solo no se encuentre tan temprano en el apartamento–desearía que ese fuera el caso, como todas esas veces que he llegado y ella está trabajando. Pero no hay nadie. –Lo estoy, Harry, estoy a punto de enloquecer, quiero sangre–susurro admitiendo en voz alto cuanta cordura me queda. –Mierda–exclama con fuerza, un ruido es acompañado con esa exclamación, pasos pesados se escuchan a continuación y una sarta de nombres históricos e importantes–vamos en camino, no te muevas de ese lugar, no hagas nada. Nada, absolutamente nada, Diana–anuncia–es una jodida orden–informa con la voz seria y ronca, sacando a relucir ese lado de mando que pocas veces usa. –No hay nadie acá, no haré nada, por ahora–prometo sin seguridad. El celular se desliza por mi mano, cayendo al suelo en un golpe sordo, estrellándose lentamente contra él. Paso las manos por el cabello, revolcando los mechones de un lado a otro, negándome a dar la vuelta y torturar con lo que hay detrás. La puerta del apartamento se abre al mismo tiempo que mis ojos se desvían contra mi decisión de no ceder, Harry y Neft entran en el apartamento, mantiene las miradas neutras y serias sin dejar ver alguna emoción que me descontrole aún mas en ellos. Harry, el rubio de mirada suave, hace un gesto hacia Neft pasando por mi lado, internándose en el desastre de mi espalda. Neft me sonríe débilmente, sin que esa sonrisa se refleje en los ojos oscuros que posee, me sujeta en brazos sacándome de este lugar, evitando que vea mas allá de él. –Aguanta, Diana–murmura sujetándome con fuerza, las manos me tiemblan cerniéndose sobre la camisa de Neft jalando de ella con fuerza queriendo romperla–aún no debes perder la cordura, aguanta un poco mas, no puedes actuar como un demente. –No me importa–realmente no me interesa en lo más mínimo que pueda pasar. Nunca he temido a los distritos, no importa cuan grande sea su presencia en este lugar. El miedo que infunde su nombre y la locura que susurran que posee, es tan mínimo a todo lo que he visto. Los tres lo sabemos, ese mensaje no era algo al azar. Perra del este, no era un sentido, es el lugar al que llaman este. Uno de los distritos que controla este país, una organización criminal que se hace llamar el este. No hay que ser muy inteligente para saber cuan jodido es realmente el trasfondo de esta situación. Aguantar, suena una pesadilla, esperar a saber realmente que quieren decir con esa perra del este, tratar de descubrir las cosas sin hacer un escándalo, no es lo mío. –Son los distritos, una mafia mayor que nosotros. No podemos actuar contra ellos a lo desquiciado, no si queremos recuperar a tu hermana, no puede ir por ahí como un sicario matando a cualquier persona que supone una pista–desvío la mirada cuando murmura en voz alta lo que tenía planeado hacer. –Hasta esta noche, solo un día les daré para que consigan el lugar donde se encuentra. Te doy un día–anuncia haciendo referencias a sus habilidades de hackeo y red de información. Todos sabemos, a que se dedica cada uno después de terminar las misiones, lo que hacemos bajo otros seudónimos, lo que somos capaz de hacer. Cuan mal estamos realmente, pero ninguno lo comenta en voz alta, nadie quiere oír sobre sus demonios de la boca de su familia, de sus hermanos. –Es poco tiempo, pero tendré algo. –Encontré algo–grita Harry desde adentro, Neft se apura a entrar llevándome de la mano, jalándome cerca de su espada y apretando con fuerza mi mano. Harry está sucio, con guantes blancos en las manos tomando muestras de cada lado del apartamento, el rubio se mueve ágil y rápidamente alrededor de un bulto gigante, me inclino sobre él viendo al monstruoso perro de mi hermana, el cual se encuentra herido–es un milagro que siga vivo, yo lo atenderé–asiento a modo de agradecimiento–ya tome muestras de cada gota de sangre y huellas, descubriré de quien es la sangre y las huellas, antes que caiga la luna–anuncia indicándome que a oído parte de mi conversación con Neft–hasta entonces tienes prohibido actuar, hablaremos con Jeick. –Hasta que caiga la luna–acepto dejándome guiar fuera del apartamento, dejando que Harry se encargue de tratar al perro de mi hermana, el cual no recuerdo su nombre. Casi un día antes de poder actuar, esperar hasta que la noche este por terminar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR