Capítulo 6

1536 Palabras
Capítulo seis. Harry ¿Calmando una tormenta? La verdad va más allá de lo coherente. Suspiro mirando una vez más el desastre que han hecho en el apartamento, si alguna vez en este lugar dejaron huellas han sido prácticamente borradas por el pasar de los días o la persona que causo todos estos daños no era un novato. Solo un profesional, causaría un daño de esta magnitud sin dejar algo que lo delate, que muestre quien está detrás de todo. Vendo la herida del gran perro de pelaje amarillo, los ojos apagados del animal me miran con una gratitud la cual hace años no veo. No en mi trabajo. Mascullo una maldición al hacer fuerza y alzar al animal entre los brazos, aunque se encuentre en mal estado es un peso significativo para cargar hasta la veterinaria más cercana. Agilizo el paso, dejando las muestras recogidas en la mesa del comedor, saliendo del apartamento con el perro en brazos a paso rápido, esperando que todo el esfuerzo el cual he colocado en él no sea en vano. No quiero darle otra mala noticia a Diana, aunque no tenga una relación estrecha con este gran amigo. Una mujer pequeña con uniforme azul oscuro y cabellos negros me recibe, su mirada cae sobre el perro y hay genuina preocupación y temor por el animal. Sentimientos reales, que me cautivan un poco. —Necesito tu ayuda, lo encontré unas calles arribas así de mal, necesito que lo atiendan y den los cuidados que necesita, no importa el precio—ella asiente, indicándome donde dejar al perro. La mujer bajita corre fuera del cuarto dejándome completamente solo, recorro la habitación con la mirada calculando el tiempo que he perdido hasta ahora. Suspiro con impaciencia, el tiempo corre en contra de mí, de nosotros, exactamente, es cuestión de horas que ella se desespere y haga un caos en el mundo bajo. Algunos del escuadrón son capaces de crear un caos con su mera presencia en ese lugar. —El doctor ya viene a ver al animalito, si quiere puede dejar sus datos y te estaremos avisando—murmura la mujer al ver lo afanado que me encuentro, acepto encantado dejar todos mis datos de contacto. —Gracias por su ayuda, llámame cualquier cosa. Por favor hagan todo lo posible—ella asiente, salgo de la veterinaria, caminando una vez más hacia el apartamento, a recoger las muestras y datos que deje sobre el comedor. Me detengo delante de la puerta del apartamento, tratando de recordar si la deje cerrada o abierta, sé que la deje cerrada. Entonces esa pequeña abertura que vislumbró, es reciente, maldigo el hecho de encontrarme completamente desarmado, doy una profunda respiración preparando mi cabeza en el hecho que me tocara luchar. Empujo la puerta con delicadeza, esperando que esta se abra sin causar el menor ruido posible, manejo el ritmo de la respiración y la fuerza que coloco sobre la punta de los pies; ajusto la puerta para evitar que alguno de los dos pueda escapar. Así que me acabo de encerrar con el posible asesino o secuestrador de la hermana de Diana. Nada más estúpido. Sinceramente, los planes suicidas y estúpidos debo dejárselos a Neft o Diana, ellos están hechos para estos trotes. Doy pasos cortos hacia adelante, pegando la espalda contra la pared, recorro cada habitación con rapidez, llegando hasta donde proviene el sutil sonido de pisadas y objetos moviéndose, cambiando de lugar con prisa y sin cuidado. Visualizo una figura delgada, escondida entre la oscuridad, una figura esbelta y femenina que se mueve con gracia por la habitación; bajo la guardia creyendo que puede ser Marieth, pero ese ha sido mi más grande error. — ¿Quién eres? —demanda la voz con firmeza, ojos felinos me observan desde la oscuridad. Dos rejillas salvajes que me analizan en silencio. Palmeo la pared, pateando la puerta de la habitación, rayos de luz entran en la oscuridad del lugar iluminando escasamente el perfil de la mujer de ojos gatunos. Cabellos negros se menean de un lado a otro, buscando protegerse de los rayos de luz que entraron, retrocede pegándose a la pared, bordeando las esquinas, acortando la distancia que nos separa. El más rápido es el que obtendrá la ventaja en este lugar. Un resplandor de luz tintinea en la penumbra, reluciente como el rayo del sol. La mano de la mujer se tira hacia adelante imitando el movimiento de garras, dedos rígidos y firmes que terminan en puntas filosas doradas. Pequeñas cuchillas que sobresalen de los guantes negros. Bloqueo el ataque con el antebrazo, recibiendo de lleno el aguijón de sis garras, retrocedo inclinándome hacia atrás, equilibro el peso del cuerpo con rapidez lanzando un conjunto de patadas hacia ella; rozando con precisión los puntos vitales. Ella salta y se agita con la gracia de un felino; movimientos ágiles, delicados y finos; sutiles que se convierten en peligrosos cada vez que las puntas de las garras se acercan. Luchamos, pero aunque la respiración se entrecorte, y los minutos avance, esto parece más un balanceo mortal a una verdadera lucha. Una lucha como la que enseña la elite. La elite nos adoctrina para ser mortales, perfectas máquinas de matanza que no titubean a la hora de herir. Por eso, yo soy un fallo en su lógica, el lado pasivo de unos asesinos enmascarados por la ley. Nuestros puños chocan y el remate viene a continuación, como el aguijón venenoso de un escorpión. Golpeo con fuerza el hueco del estómago, hundiendo las costillas y su abdomen de un solo golpe, ella sisea, pero su dolor se ve eclipsado por el ardor del latigazo de sus garras en mi rostro. Cuatro líneas finas cruzan desde la frente a la mitad de mi mejilla, gotas de sangre se deslizan de la fina herida cayendo sobre el labio inferior. Ella golpea una vez más, acorralándome contra la pared, golpea su cuerpo contra el mío con brusquedad, abriéndose camino. Maldigo corriendo detrás de ella, pero es rápida y en pocos segundos ha desaparecido, no hay rastro de ella o por donde ha corrido, y no tengo ninguna explicación para aquello. Cuando entro de nuevo al apartamento me doy cuenta de que las muestras siguen sobre el comedor, todo lo que deje se encuentra en el mismo lugar y posición, ella no revisó ninguna de mis pertenencias. Pero eso no me da ninguna explicación hacia su presencia, definitivamente queda descartada la idea que sea Marieth. Verificó el apartamento una vez más, agradezco a los cielos tener una memoria fotográfica, porque aquello me ayuda a saber que no sea llevado nada. Lo que estaba buscando no se encuentra en este lugar. Quien eres misteriosa mujer de ojos felinos. Suspiro, deshaciéndome de los pensamientos innecesarios, mando un mensaje a Jk contándole sobre la existencia del intruso, sin ondear a profundidad con lo sucedido. El me pide que vuelve al apartamento que compartimos, para comprobar todos los datos que hemos obtenido, Neft está a punto de violar la seguridad de la ciudad y el bajo mundo por segunda vez si no se le da un poco más de información. No creo que las muestras de sangres y polímeros tenga mucho que decirnos, pero ese pequeño papel con la tinta corrida podrá decirnos algo cuando lo restaure. Hay varias cosas que no encajan. Cada paso que avanzamos nos acercamos aún más hacia los distritos, de alguna manera las gemelas están conectadas directamente hacia aquellos rincones del país. Que aquella mujer de ojos felinos haya aparecido en el apartamento es una señal, nadie con entrenamiento militar y las habilidades que posee, aquella desconocida es alguien confiable. Este apartamento es casi desolado, excepto por la seguridad y unos pocos muebles, pero más allá podría ser el apartamento de cualquier persona. Al volver al apartamento de Diana, Neft se encuentra concentrado en el computador, deslizándose de un vínculo a otro sin mucho problema, siguiendo los movimientos de cada persona que ha recibido una llamada de Marieth o del número desechable. — ¿Has encontrado algo? —inquiere Diana con la voz altera y una mirada preocupada. La impaciencia desborda por sus poros, cada segundo que pasa aquella sensación se pega ami piel, acelerando el pulso de mi corazón y llevando a que corra. —Estoy restaurando el papel, Neft no podrá hacer mucho, si llego a dañarlo en el proceso. Mantente unos pasos lejos—pido echando algunos químicos sobre el papel ensangrentado, esperando que la sangre se disuelva y la integridad del material se conserve. No importa que la tinta se borre, mientras estén los relieves se puede recuperar la información. —Listo—informo en voz alta. Diana corre colocándose a mi lado, sus manos sujetan uno de mis brazos y atrae mi atencion hacia sus ojos y rostro. Los labios se encuentran fruncidos y mira el pedazo de papel con duda, esperando descifrar algún mensaje. Lastimosamente, para ambos, ninguno posee las habilidades necesarias para descifrar un mensaje alfanumérico. —Neft, encárgate de saber qué dice—demanda Diana dejando caer la nota en la palma de la mano del hacker. Este la observa desde abajo con el ceño fruncido y mordiéndose el interior de la lengua.
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