Sí, guardé el número de Logan como su usuario en la web, y me alegré de haberlo hecho. Me resultaba extraño usar su nombre, no obstante, tras su declaración, no me sentí cómoda llamándolo por su apellido, aun cuando todavía no lo verbalizaba de ninguna forma. Y para mi «desgracia», entendí que estaba coladita por mi profesor. Sí, era un poco tonta e ingenua por haber caído rendida a sus pies, cuando no terminaba de conocerlo, aun así, ¿qué más necesitaba saber para que mis sentimientos cambiaran? Le gustaba, mis curvas acrecentaban su lujuria, mi cuerpo lo embravecía, y sobre eso, le importaba más allá de ello, lo entendí, por eso no me regañó en clase, por eso me preguntó si estaba bien, por eso quiso ser claro conmigo, por eso era suya. Le respondí cuando me quedé sola en la mesa, mien

