Me removí y una de las capas de la falda se metió entre mis piernas. Mordí mi labio por un segundo para poner en orden mis ideas. ―Yo… Pudiste escoger a quien quisieras. Quiero decir, me has conocido por tu fetiche. Pagaste por tomar mi leche por más de un año y… ―Sacudí la cabeza. Hice una pequeña pausa. No se molestó ante mi casi acusación, incluso aguardó a que pudiera continuar. El estómago me dio un brinco y las mariposas se encendieron como polillas. ―Pudiste tener a cualquiera… Eres guapo, gentil, caballeroso, incluso romántico, atrevido en los momentos en los que menos me lo espero, dominante cuando más lo necesito, y… No lo entiendo… Yo… Yo… ―Me atraganté con mis palabras―. Yo solo soy yo. Ver lo que nos rodeaba, el canto de algunos pajarillos en la lejanía, la cúpula de cris

