No, no lo entendí. Era una estúpida por anhelar a un hombre creado por ceros y unos, por algo que no existía, alguien que vivía más en mi cabeza. Lo era, era una idiota por creer que tendría una mirada como la de un profesor que me detestaba y… Lloré con desesperación, hasta que alguien se agachó a mi lado y casi trastabillo al encontrarme con sus ojos a unos centímetros de mi rostro. ―¿Y está mariposita tan bonita qué hace sola y de noche? ―consultó el tipo. Era un indigente, su rostro sucio, su aroma a sudor rancio y basura, sus ojos brillantes, rojos, con las pupilas dilatadas, me hicieron retroceder hasta casi caer de culo. ―¿Por qué una bonita mariposa está aquí sola? La noche está helada, ¿quieres que te caliente, mariposita? ―inquirió arrastrando las palabras, con la cabeza lade

