Eterno

1451 Palabras

Me dejé hacer, no quería oponerme, ni siquiera tenía razón para hacerlo, en su lugar, me dejé llevar por su delicadeza, por su mano grande envolviendo la mía, pese a que… Y juro que no quise darme cuenta, porque al final era una tontería, pero no sentí más que gratitud. Estaba vacía. Dentro del coche, pude desplomarme sobre el asiento, pude cerrar los ojos y aspirar hondo. El escalofrío me invadió y sacudió más de una vez, pero logré soterrar la sensación bastante bien, debía hacerlo, no podía ocasionarle más problemas a David. Se subió tras el volante y solo me preguntó la dirección. Tonta de mí, caminé al lado contrario y me alejé más y más. ―¿Qué pasó? ―inquirió mi amigo tras unos minutos de silencio en los que dejé de verme las manos para apreciar el paisaje de la ciudad en silenci

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