Se detuvo frente a la puerta del departamento, pero no me soltó y se lo permití porque me dolió su voz, sus palabras, porque quería acariciarlo y decirle que todo estaría bien, pero sería una vil mentira. Simplemente, no éramos lo que el otro necesitaba. Chasqueó la lengua. ―¿Sabes?, enrojeció de furia cuando te fuiste, cuando Benavidez siguió hablando, incluso lo detuvo y le dijo que leyera mejor un libro, que no era el momento para preguntar. Corrió tras de ti, estoy seguro de que lo hizo, pero, por la expresión de asombro que has puesto, dudo mucho que te haya hallado, ¿verdad? Parpadeé y cerré los labios. ―Estaba hirviendo de furia, así como yo. En especial porque entendió que tu cita tocaría tu cuerpo, acariciaría tus curvas y… Tragó saliva con dificultad. Tras un segundo de sil

